Por Hugo Schira.- Científicos del Conicet, liderados por la neurocientífica María Juliana Leone, investigadora de las universidades de Quilmes y Torcuato Di Tella, comprobó que los adolescentes argentinos que concurren al turno mañana de la escuela secundaria sufren hasta cuatro horas de ‘jet lag’ social, lo que puede resultar nocivo para su proceso de aprendizaje.

El jet lag es una mezcla de mareo con horarios de sueño y apetito cambiados. Se produce cuando los horarios de sueño del fin de semana o feriados son muy diferentes a los horarios de los días laborales. Esa interrupción en los patrones naturales del sueño puede repercutir de diversas formas, como mal humor, menor rendimiento académico, enfermedades cardíacas u obesidad.

El jet lag incide negativamente en el cronotipo, horario biológico interno de cada persona regulado en el cerebro, que va cambiando con la edad. En la madurez las personas tienden a levantarse más temprano, pero en la adolescencia el cronotipo tiende a ser más nocturno, y los adolescentes naturalmente duermen hasta más tarde.

El estudio realizado con alumnos secundarios arrojó que quienes asisten al turno mañana duermen muy poco y tienen niveles altísimos de jet lag social, efecto exacerbado en los estudiantes de quinto año, “que son los más nocturnos y en Argentina son particularmente más nocturnos que en otros países”, señaló Leone.

Por otro lado, el rendimiento académico mejora cuando los horarios escolares están mejor alineados con los ritmos biológicos de cada adolescente. Además, sería mejor que matemática no estuviera en las primeras horas del cronograma escolar, ya que eso va en detrimento de los adolescentes más nocturnos.

“Se podría recomendar, en base a nuestro estudio, que la escuela empiece más tarde: eso es algo que beneficiaría a todos los adolescentes”, agregó la científica.

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