(Por Luis Jacobi).- La humanidad está a solo 100 segundos del apocalipsis, lo más cerca que ha estado nunca, según publica el Boletín de Científicos Atómicos. Como cada año, el boletín ha dado a conocer su diagnóstico sobre el riesgo de exterminarse que afronta la humanidad. Para medirlo, este grupo de expertos de primer nivel con 13 premios Nobel en sus filas, creó un reloj simbólico, de 14 horas; el Reloj del Apocalipsis (Doomsday Clock), que muestra los minutos que nos quedan hasta la medianoche, es decir, el fin del mundo, o la autodestrucción de la humanidad.

Cuando fue creado, después de la Segunda Guerra Mundial, el único riesgo de destrucción estaba representado por armas atómicas. Con el tiempo se sumaron otros factores, como la emergencia climática, la inteligencia artificial, la biotecnología o las nuevas pandemias. A este conjunto se le llama riesgos existenciales. Son amenazas que junto con el peligro atómico original, aumentan la presión sobre el llamado Reloj del Apocalipsis.
Desde 2011 no ha dejado de aproximarse a la medianoche. Las 23.55 en 2014, las 23.57 en 2015, las 23.57 y 30 segundos en 2017.

Hasta 1947, cuando se creó este organismo, la humanidad no tenía forma de autodestruirse por completo.

Se ha dicho que aquello que define a una civilización es la escritura para el registro de su legislación, su religión y su poder político, así como la perpetuación de la memoria del pasado a partir de calendarios. Pues bien, el primer documento oficial escrito data del 1750 antes de Cristo y es el famoso Código de Hammurabi o Ley del Talión, con lo cual, podríamos decir que la civilización tiene tan solo 4.000 años. Es un punto de controversia, es cierto, pero lo que importa aquí es que la vertiginosa aceleración de los tiempos se produjo en los últimos 100 años. Y bastó solo la mitad de ese tiempo para instalar sobre el planeta cuatro veces la cantidad de armas atómicas necesarias para destruirlo, y las hay de todo tipo después de una asombrosa evolución de esta tecnología del mal. Y el cambio climático se ha propuesto competir en la carrera destructiva cuyo freno es demorado por los negacionistas.

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