Uno de los primeros regalos que recibimos de chico cuando venimos de familia futbolera, es la camiseta del equipo con el cual se identifica nuestro padre o madre. O incluso antes, el body para los recién nacidos es buena opción para obsequiar junto con el babero, biberón y demás accesorios con el escudo.

Ya cuando uno va creciendo pide por su cuenta la nueva camiseta cada vez que su equipo la presenta, la de la Selección Argentina no puede faltar o la de alguna institución europea popular por la Playstation. Y hay casos en los que desde pequeños, el equipo del barrio o de la ciudad gana terreno rápidamente por sobre el club de Primera División.

Con los años quizás van apareciendo tatuajes, banderas colgadas en la habitación, múltiples cábalas o están aquellos que asisten religiosamente a la cancha. La pasión por el fútbol tiene diferentes niveles y diversas maneras.

Y todos los futboleros soñamos alguna que otra vez con tener una colección de camisetas o indumentaria. Ese anhelo de muchos, lo cumplió Cristian Olmos o simplemente ‘Moncho’ como se lo conoce. Hace 7 años pidió la primera camiseta y hoy ya son más de 700, superando cualquier tipo de expectativa. Operario de una máquina  de fabricación de tanques de plástico, amante del balompié, del pádel y de la pesca; además realiza tareas periodísticas siguiendo a los equipos de Viale en la Liga de Paraná Campaña. ‘Moncho’ le contó a Paralelo 32 la historia del museo que tiene en su propia casa con camisetas de equipos de la zona y con algunas de jugadores históricos del fútbol argentino.

¿Cuándo arrancaste a coleccionar?

– La colección empezó en el 2013, cuando yo empecé a formar parte del equipo de transmisiones deportivas de Radio Argentina. La primera camiseta la recibí ese año, justo en la final del Federal C que jugó Viale FBC contra Coronel Aguirre y la idea era conseguir una para regalarle a mi viejo que era fanático de Viale. Le comenté a un dirigente y me consiguió casualmente la última camiseta que usó el Juano Goodfried (goleador histórico de Paraná Campaña) y cuando supe eso traté de dejármela para mí. Entonces ese fue el puntapié inicial, me pregunté «¿por qué no? Vamos a empezar a juntar»; y enseguida conseguí la camiseta de Arsenal del año 1992. A medida que me metí más en el deporte se hizo más fácil, juntar cosas.

Nacieron las dos pasiones juntas… 

– Sí, porque yo no estaba en el deporte ni en la radio. Pero empecé con el cable local, hice campo de juego, locución, relaté, comenté; y al estar más cerca de los jugadores es más fácil encontrar camisetas. Y las redes sociales también me ayudan mucho.

¿Nunca creíste tener la cantidad de camisetas que tenes? 

– No, verdaderamente no. Hubo años que quizás no recibía ninguna y miraba el estante y había 20 camisetas; entonces decía «ya fue, ¿para qué voy a seguir juntando?». Pero cuando empecé a mostrar la colección por Facebook y a contar lo que quería hacer empecé a pedir y automáticamente los jugadores se iban prendiendo. La idea gustó desde el primer momento. Incluso ahora ya hay jugadores que me dicen «che Moncho, tengo una para vos», es decir que hay casos en que ni siquiera tengo que pedir. Nunca creí tener esta cantidad ni creí tampoco que fuera tan fácil que los jugadores se desprendan de camisetas importantes como de finales o semifinales. Algunos la tenían encuadrada y me la regalaron así, una locura.

«Primero fue una colección y después decidimos ponerle museo porque recibí camisetas que son del 59, 60, 70; de todas las décadas».

¿Solo recibís camisetas?

– No, tengo de todo. Guantes, pantalones, botines, gorras, pelotas, trofeos, chombas de los Directores Técnicos, tarjetas de árbitros, fotos, recortes de diarios que por ahí tienen los jugadores en sus casas y me dicen «tenelo vos porque acá se van a perder». Planillas de formaciones, todo se va guardando.

¿Dónde está el museo?

– En mi casa, en el lugar donde habituaba mi papá que era muy futbolero. Él fue jugador del primer plantel campeón de Viale FBC en 1959, y le encantaba el fútbol. Después que falleció decidí poner todo justo en su rincón, donde él estaba siempre. Muchos me preguntan porqué no lo llevo al museo de la ciudad, pero el encargado de las camisetas soy yo, es difícil y son cosas delicadas.

¿El lugar te está quedando chico? 

– Sí, va quedando cada vez más chico (entre risas). Ya agrandé el lugar, había un solo estante y ahora hay cuatro, más las camisetas que están encuadradas, los cuadros de fotos, de tarjetas de árbitros. Agregué un maniquí para que cuando vienen los jugadores a firmar, la firmen ahí y queden estampadas un tiempo.

¿Tiene nombre el museo?

– No, no. Siempre me preguntan y me incitan a ponerle nombre, pero si tuviese un lugar físico más grande donde la gente pueda ir a ver todas las cosas y disfrutar; quizás sí le pondría. Justamente estamos trabajando en armar ese pedazo más grande para trasladar el museo, y seguramente ahí sí elija un nombre que creo que va a ir para el lado de mi viejo.

¿Conlleva un trabajo de mantenimiento?

– Totalmente, no es recibir las cosas y amontonarlas ahí. Se le hace un trabajo de mantenimiento poniéndole productos para la humedad. Hay muchas camisetas que han sido usadas y firmadas sin haber sido lavadas, es decir que hay que mantenerlas para que no se arruinen.

¿Tu familia te acompaña?

– Desde el inicio. Mi mujer y mis dos hijos son los pilares, los que me acompañan cuando tengo que viajar a buscar las camisetas y los que me aguantan. Nunca estuvieron en contra ni me dijeron nada, incluso fueron los que me propusieron el lugar para coleccionar y los que me dicen que le ponga el nombre de mi viejo al museo. Afortunadamente tengo el apoyo incondicional de ellos.

¿A qué te dedicas? 

– Soy termoplástico, operario de una máquina de fabricación de tanques de plástico. Ese es mi laburo fijo, y los fines de semanas hago algo de periodismo siguiendo los equipos de la ciudad.

Es decir que después de laburar todo el día tenes que repartir tu tiempo entre la familia, el museo, el fútbol, el pádel…

– Sí (risas), nos repartimos para todo; no queda otra. Los fines de semanas largos o cuando no hay transmisiones, trato de buscar dos o tres lugares cercanos para buscar camisetas y aprovecho el viaje quizás para quedarnos a pasear con mi familia.

La importancia de las redes sociales

«Sirve mucho más de lo que creí. No solo para mostrar el museo, sino para que la comunicación con los jugadores sea más directa. Tanto Facebook, Instagram, WhatsApp; todo sirve para buscar contactos. Me he relacionado con mucha gente sin conocernos personalmente, eso es lo que te permiten las redes. Creo que hubiese sido más difícil sin eso».

¿Qué sentís cuando te conocen por tener la colección? 

– Bien, se siente muy bien. Que los jugadores te pregunten cuántas camisetas voy coleccionando o que ellos se arrimen y me ofrezcan algo, es lindo. O te ven y te dicen «Moncho, a fin de año te doy mi camiseta»; se siente bárbaro. Además no solo se trae la camiseta, sino que se las hago firmar y dejo plasmado qué significado tiene, de qué partido o de qué campeonato es. Hay algunas cosas que han sido de los padres, de los hermanos, y me las traen con todo gusto. Me llena de orgullo que los jugadores piensen en mi museo para guardar algo importante para ellos».

¿El museo es de fútbol solamente?

– Sí, por ahora sí. Hay atletas o jugadores de básquet que me dicen que tienen una camiseta para mí, pero siempre les respondo que me aguante un tiempito porque no tengo lugar para poner todo eso. Pero nunca les digo que no, siempre estoy abierto a recibir cosas de cualquier deporte.

¿Cuántas camisetas tenes?

– 700. Están contadas y detalladas para que todos sepan de dónde vino, quién me la dio, qué historia tiene. Está todo plasmado en la computadora y en el álbum de fotos que me saco en cada entrega.

¿Cómo es ese trabajo de detallar? 

– No solo las recibo y las hago firmar. Sino que me siento en la compu y cuento la historia. al principio no lo hacía, pero después fui viendo que cada uno me contaba lo que significaba esa camiseta, dónde la había usado, qué había pasado en ese campeonato; entonces se me prendió la lamparita y empecé a coleccionar las historias que hay detrás de cada casaca porque no todos la saben. Y a los que vienen a ver el museo, les cuento todo.

Primera División

Todas las camisetas tienen su importancia, pero hay algunas con trascendencia nacional e internacional.

«Hay varias de Primera. Tuve la posibilidad de contactarme con los chicos que trabajan en La Bombonera, me hice muy amigo a través de las redes sociales y pude conseguir algunas camisetas de Boca firmadas. Tengo del 2015, 2017, 2019 y la de la última temporada donde fueron campeones de la Superliga está acá también. Hay de River, tengo la de Newell´s de Nacho Scocco que vistió en 2013 cuando fueron campeones, que a esa me la consiguió una amiga de Rosario; hace poquito recibí la camiseta de Percudani con la que consiguió el título del mundo con Independiente. También el gran ‘Bocha’ Bochini me mandó su libro y una camiseta de él porque le hicieron saber que yo tenía un museo. Hay de la Primera Nacional (Segunda categoría del fútbol argentino), Federal B, Federal C, Liga Cordobesa; de todo un poco.

¿De Goltz o Casco?

– De Paolo (Goltz) tengo una del América de México. Me la trajo un chico que trabaja en el campo de él, vino por ese lado; no directamente del jugador. Y de Milton (Casco) no tengo, pero obviamente ya le pedí varias veces (entre risas).

¿Tenes varias que no te la han acercado los jugadores directamente?

– Sí, sí. Hay muchas así. A veces ni los jugadores saben que tengo su camiseta acá. De Paraná Campaña hay muchos que se la han regalado a un allegado, y yo cuando encuentro a alguien en la calle o en la cancha con una camiseta le pregunto de quién era o cómo la consiguió y se las pido para el museo. Y después cuando lo veo al jugador, le digo que la camiseta de tal año la tengo yo porque me la dio tal persona a la que él se la había regalado y lo traigo para que la firme. A muchísimas las conseguí por «terceros» por decirlo de alguna manera, porque los jugadores mayormente la regalan. Entonces yo las pido o las compro.

Ping Pong

¿La primera camiseta?

– La última que usó Juano Godfried en Viale FBC, año 2009.

¿La más importante?

– La de Seguí FBC de ‘Pochito’ Domínguez, de 1996. La tenía encuadrada en su casa y me la regaló.

¿La más linda?

– Uf, es difícil. Como soy fanático de Boca, elijo las cuatro que tengo de Boca.

¿La que no creías poder conseguir?

– La de Viale FBC cuando jugó contra San Lorenzo en Copa Argentina. Viale hizo hacer una camiseta con todos los nombres de los socios, y como en la copa no se la dejaron usar tuvieron que hacer otra. Un día lo llamé a Quiroz porque quería una camiseta de él y me dijo que tenía esa, agarré el auto y fui a buscarla enseguida. Quería tenerla sí o sí porque fue un partido importantísimo para el club, para la ciudad y para todo Paraná Campaña; ya que jugaron contra el campeón de América.

¿La última?

– La de Percudani, de Independiente 84, firmada por él.

¿La que soñas tenerla algún día? 

– Alguna del Diego (Maradona). Así sea de Gimnasia, algo firmado por él. Mirá que no te estoy diciendo Messi, ¿eh? Sería tremendo tener algo de Maradona en casa.

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