Ramírez- Cuatro años atrás un grupo de mujeres de la Liga de Madres de la Parroquia “Sagrado Corazón”, en las clases de tejido a cargo de la docente jubilada Ana María Aimone, confeccionaban gorras de lana que luego distribuían a los alumnos de las distintas escuelas de la ciudad.

Actualmente y por razones de salud, la Prof. Aimone no puede concurrir al templo, pero siguió en su casa la tarea.

Comentó a Paralelo 32 que “La historia de las gorritas, comenzó hace cuatro años. El lugar donde la idea surgió fue la Liga de Madres de Familia, Filial Gral. Ramírez, en el Taller de tejido, para ser entregadas en el Día del Niño. En ese momento, ayudaban Norma Grasmick y Lidia Domínguez, quien falleció al año siguiente. Lo que fueron en principio diez, hoy superan las doscientas. El destino fueron las escuelas públicas Nº 13, 31 y 57 y la Escuela de Educación Integral Alborada, luego se tejió para “María Curie”, Hospital Oncológico de Buenos Aires, y Rosa Osoria fue la encargada de entregarlos. El año pasado se tejió para niños de catequesis de la Parroquia Sagrado Corazón, donde funciona la Liga”.

Sigue ayudando

Llegando al presente, Aimone comentó que “Este año Mayra Kramer pidió que se vuelva a ayudar a las escuelas públicas y Víctor Graf solicitó ayuda para Un Cielo Nuevo de Paraná, para ser entregadas a personas en situación de calle. A esa organización acerca otra colaboradora que es Brigi Zapata”.

“Las tejedoras que se fueron agregando fueron Graciela López y Alicia Schmunk. Norma Grasmick, sigue firme todos los años. El material milagrosamente llega todos los años, gente dadivosa siempre se presenta con ovillos nuevos y usados-recuperados-. Recuerdo a Ana Peltzer, Lidia Domínguez, Silvia Knopp, Rosana Schindler, Graciela López, Gabriela Quellet, Alicia Castro de Vergara, Margarita Mozzicaffredo de Azcárate, Elvira Zapata de Herbel, Graciela Franck, Liliana Rey, Estela Romero, Mirta Giménez y muchos anónimos que dejan la lana. Esta semana la Dra. Viviana Roldán García también nos envió”, agregó.

Aimone aclaró que “Se hacen gorras de todos los tamaños y modelos, para chicos y grandes. Los que necesitan pueden avisar a la parroquia, al igual que las personas que quieran colaborar con lana, también la pueden dejar allí. Venía en secreto la acción hasta que alguien nos delató”, reconoció, mostrando que ostentan humildad y que lo que hacen, lo hacen sin esperar nada a cambio, solo con la intención de ayudar a los demás. “Dios mediante, esta historia de arañitas continuará, porque a los ojos de la caridad no es nunca pequeño el bien que se hace ni el mal que se evita”, dijo.

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