Un mensaje a su corazón: Remanente

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La Biblia nos narra la historia del joven Daniel. (Leer Daniel 1:1-7)

Daniel era un joven que vivía en Judá; alrededor del año 605 a.C, fue llevado cautivo a Babilonia, lejos de su familia, de su tierra, y de su pueblo.

Estando Daniel en Babilonia, estaba en otra cultura, con otras costumbres, con otros principios y valores; otro idioma; otra literatura; otras creencias, idolatría (dioses falsos); otra alimentación; e incluso allí le cambiaron el nombre a Beltsasar.

¿Qué hubiese hecho usted en el lugar de Daniel? ¿Habrá Daniel perdido su identidad? ¿Habrá cambiado sus valores y principios? ¿Se habrá dejado influenciar por las costumbres, idolatría de Babilonia?

Daniel decidió en su corazón no contaminarse (Daniel 1:8-21). Dios recompensaba la fidelidad de Daniel; pero también hay que destacar que por ser fiel a Dios se enfrentó a persecuciones, acusaciones, sufrió presiones, sociales, culturales, religiosas. Su identidad estaba en el Señor, su Dios. En el Único Dios Verdadero. Además, Daniel, tenía 3 amigos (Daniel 1:15), que también eran fieles a Dios, en esto vemos la importancia de la amistad, del compañerismo. Sus amigos fueron obligados a postrarse a adorar al rey y sus dioses. Más ellos se negaron (Daniel 3:13-30), por lo cual, fueron echados a un horno con fuego. Más Dios los libró.

Daniel era un fiel y buen administrador, una persona, trabajadora, justa, honesta, e íntegra (Daniel 6:1-5). Mantenía comunión con Dios a través de la oración todos los días (Daniel 6:6-11), a pesar de que estaba prohibido invocar a Dios. Eso le costó ser echado a una fosa con leones (Daniel 6:16-28), pero Dios lo libró, fue glorificado ante la fidelidad de Daniel.

En pocas palabras, Daniel se mantuvo fiel a Dios en todo momento, mantuvo firmes sus convicciones y valores. Sirvió en el palacio real. Fue consejero de dos reyes babilónicos y dos reyes medopersas. No negó su fe. No se avergonzó de su fe en el Señor. Al contrario. Vivió por fe. Dios recompensó tanto a Daniel como a sus amigos, por mantenerse fiel a Dios. ¡Dios recompensa nuestra fidelidad, pureza, integridad!Daniel y sus amigos eran parte del remanente fiel a Dios. ¿y tú? ¿eres parte del remanente fiel de Dios? ¡Dios te bendiga!

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