La inflación que no se ve: Reducción del tamaño de envases y contenidos

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En estos últimos días de la semana el debate del funcionariado nacional se enfocó en la inflación luego de que Federico Braun, dueño de la cadena patagónica de supermercados La Anónima, señalara en su presentación del martes en la reunión de Asociación Empresaria Argentina, que su reacción ante la inflación es «remarcar precios todos los días».

Primeramente reaccionó a las palabras del empresario la vicepresidenta, Cristina Fernández, través de su cuenta de Twitter. 

Con posterioridad, y luego de haber expuesto ante el grupo de 42 empresarios que integran la AEA, el ministro de Economía, Martín Guzmán, cuestionó las palabras de Braun y aseguró que “la responsabilidad es colectiva, toda la dirigencia tiene responsabilidad. Estamos hablando de los importantes dirigentes empresariales que también tienen que asumir la responsabilidad que les toca. No es cuestión de, ante cierto contexto y cierta pregunta decir “yo remarco precios todos los días”, y todos nos reímos. Esto no debería dar risa en un contexto donde hay tanta gente sufriendo, debería dar vergüenza”.

A pesar de las desafortunadas palabras y la previsible respuesta desde el ámbito gubernamental; lo cierto es que en la diaria los usuarios notamos el deterioro del ingreso y cómo semana a semana hay leves remarcaciones en productos, faltas de stock, e incluso como los descuentos que algunos supermercados hacían en la compra de productos de su marca propia, van desapareciendo. La inflación se hace notar en el bolsillo, en cómo se decide la compra a realizar, qué se llevará y qué se dejará, qué producto se cambiará por una ya tercera o cuarta marca descendiendo en la escala de calidad.

Pero no solo ante el incremento de los precios los consumidores estamos desprotegidos, sino que además, los fabricantes están calladamente reduciendo el tamaño de sus empaques como una forma solapada de aumentar los precios. Y no es que vea mal: es que en esta época inflacionaria, todo se empequeñece. Desde el papel higiénico hasta el yogur, el café, la harina, los chocolates, el jabón de tocador e infinidad de artículos más.

Las cajas de pañuelitos traen menos cantidad; los rollos de papel higiénico vienen con menos metros en hoja simple o doble a precios exorbitantes; los envases de yogures se empequeñecen; al igual que tantos otros productos.  

En nuestro país el fenómeno se ha venido intensificando en los últimos cinco años. El concepto de “shrinkflation” (expresión inglesa que combina las palabras “encoger” e “inflación”) resulta atractivo a las empresas porque el cliente nota un aumento de los precios pero difícilmente lleve la cuenta de cuántos metros de papel hay en el rollo de papel higiénico, o se repare en gramos más o menos de café hay en un envase.

Las empresas también pueden apelar a trucos para disimular la disminución del tamaño o la cantidad de un producto, como el uso de etiquetas más coloridas que desvían la atención del comprador. En definitiva, no solo nos perjudica el aumento de precios a causa de la inflación, sino que cuando se reduce el tamaño de un envase, difícilmente vuelva a su antiguo tamaño; y esto también significa que nos veremos perjudicados en el tiempo, pagando cada vez más caro el gramo o el mililitro que vamos a consumir.

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