El titular de la Asociación Antidrogas de la República Argentina (AARA), Claudio Izaguirre, aseguró, en diálogo con Paralelo 32, que en el país hay aproximadamente 3 millones de adictos a diversas drogas. En este sentido, habló de las políticas de Estado y se refirió, ante nuestra consulta, a los jóvenes menores de 18 años que ingresan a los boliches donde se vende alcohol.

Consumo de alcohol

Actualmente el ingreso a los boliches de la ciudad de Victoria es a partir de los 16 años. Esta norma aprobada el año pasado en el Concejo Deliberante ha despertado (y lo sigue haciendo) distintas críticas. Principalmente se cuestiona el hecho de mezclar a menores de edad en un contexto donde se vende y se consume alcohol. Si bien es ilegal el expendio de bebidas alcohólicas a menores de 18 años, se teme que el control no sea efectivo y que ese entorno no favorezca a los chicos.

“Como miembro de la AARA he sido, en algún momento, designado en La Pampa como Subsecretario de prevención de adicciones y lucha contra el narcotráfico. En la Pampa los menores pueden entrar a los boliches bailables a partir de los 15 años”, comenzó Izaguirre. Y continuó: “Lo que hacíamos desde la Secretaría es el control de nocturnidad. Esto significa que las autoridades ingresábamos a los boliches y menor con alcohol que encontrábamos lo llevábamos a la boletería. Le preguntábamos quién le dio la bebida: si la compró en la barra, inmediatamente clausurábamos el local”.

Por otro lado, explicó que, si a la bebida se la había dado un mayor, se realizaba un acta junto con los inspectores y se le cobraba una importante multa al adulto en cuestión. “De esta manera los menores podían acudir a los boliches bailables, pero el dueño del lugar tenía el riesgo permanente de que haya un menor con alcohol. Por lo tanto, eran las mismas personas que llevaban adelante el local que se cuidaban bastante de este tema”, dijo.

Su opinión sobre la marihuana

Asimismo, habló del consumo de marihuana y la diferencia entre un supuesto uso medicinal y el recreativo. “El medicamento del que se habla, o sea el aceite de cannabis, no tiene tetrahydrocannabinol (THC). Son plantas genéticamente tratadas que dan cannabidiol, que es otro compuesto activo y se le saca el THC al aceite. La planta cultivada en el fondo de la casa tiene THC en un 32 por ciento, y un dos por ciento de cannabidiol. Por lo tanto, nunca van a poder crear el aceite que se importa de Estados Unidos”, diferenció.

A continuación, explicó que existe un incremento del uso de marihuana en el país. “Lo primero que hace la marihuana es destrozar la memoria reciente. Es decir, el alumno de la escuela no puede recordar lo que dijo la profesora de historia hace cinco minutos. Por lo tanto, ese chico fracasa y se auto expulsa del sistema escolar, luego del sistema familiar y, por último, del sistema social. En fin, la marihuana es creadora de paranoicos, psicóticos y esquizofrénicos”, señaló.

“La marihuana adormece la parte frontal del cerebro, al igual que el alcohol, pero por mucho más tiempo. El alcohol adormece la parte frontal del cerebro durante las siguientes 72 horas al último consumo. Con la marihuana eso va a suceder durante los siguientes 28 días al último consumo. Es realmente un elemento altamente dañino que se utiliza para manejar masas, cuanta más gente drogada haya, piensan menos y hacen lo que les dice el personaje de turno”, desarrolló.

Centros de rehabilitación

“Para hablar de centros de rehabilitación tenemos que andar buscando dónde hay uno más o menos cerca. Cuando hablamos de vendedores de droga, tenemos uno cada tres cuadras. Por lo tanto, hay un gran apoyo para la venta de drogas y un total desamparo para la rehabilitación de personas con problemas de adicciones”, puntualizó.

“Esto es parte de una historia que tiene que ver con la política y con el daño profundo hacia una sociedad que ya no puede revelarse. Imaginate una familia que tiene un adicto en casa: no vive. Imaginate una mamá que tiene un adicto en casa. La mamá está angustiada si el chico no está porque no sabe si está tirado en una zanja, si está preso, si está haciendo algún desmán. Pero cuando entra en la casa se le para el corazón porque no sabe cómo viene, si viene agresivo o golpeado. Cuando el chico está en la casa, la madre hasta camina en puntas de pies, porque su hijo está durmiendo y tiene miedo a despertarlo porque es un enajenado”, narró.

Finalmente opinó que la ley de salud mental, que, entre otras cosas, propicia el tratamiento ambulatorio de los pacientes en lugar de las internaciones, “lo que ha hecho es convertir al adicto en un delincuente”. “Al no ser tratado, la persona sigue adelante con sus desvaríos mentales. Estamos en una situación muy terrible porque la familia busca ayuda, pero la ley de salud mental impide la internación compulsiva de la persona con problemas psiquiátricos o psicológicos producidos por el consumo de drogas. En ese sentido, lo que se hace es desamparar a la familia”, observó.

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