El precio de un privilegio

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Es cierto que ciudades como Crespo, Ramírez, Seguí, Viale y tantas otras, son verdaderas privilegiadas por el arbolado de sus calles y avenidas, muy tupido en algunas de ellas. Crespo en particular, tiene muchas de sus anchas calles cubiertas por el follaje que se extiende sobre ellas desde ambos lados. Lástima que igualmente complacidas parecen estar decenas de miles de aves (tordos, palomas y otros de los que se mueven en bandadas) que sobre todo en la temporada estival disfrutan de esa abundancia verde.

Y en invierno se quedan las palomas para dormir y defecar desde las ramas peladas.
El duro precio a pagar por tanto beneficio para la salud ambiental y el paisaje de tupidos verdes, en ciertas épocas florido de lapachos y jacarandáes, son esos chaparrones de estiércol que no tienen contemplación con los automóviles, que parecen ser sus objetivos preferidos, ni con ciclistas, motociclistas o peatones.

Veredas, calles y kilómetros de vía aeróbica, se cubren de caca aviar. Pueden ser lavadas y eso se hace con cierta frecuencia, pero en muchos casos automóviles estacionados durante más de 15 minutos quedan cubiertos de lunares chorreantes. Mujeres y hombres que terminan con esas manchas indecorosas sobre sus vestiduras, o en el pelo.

Son desgracias que no dañan, es cierto, por eso hasta producen hilaridad cuando le suceden a otros, pero disgusto cuando nos toca. No hay manera de cuidarse de las bandadas, sobre todo en la zona centro, donde están a toda hora.

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