Por Juan Martin Garay (*).- Continúa existiendo una clara crisis de representatividad política y lo económico con lo político se encuentran en una constante contradicción. Hay que revalorizar moralmente la práctica política con un claro mensaje de rechazo a la corrupción y a la presión económica. El mayor desafío por delante que tiene Alberto Fernández es convivir con el “empate hegemónico” en el que nos encontramos los argentinos y, de ser posible, superarlo.

Juan Carlos Portantiero define este momento del país en que ninguna de las fuerzas predominantes tiene la capacidad total de imponer su cosmovisión. Esas fuerzas están claramente representadas en los resultados electorales presidenciales de 2015 y 2019. Con el resultado del último 27 de octubre lo que ocurrirá será el repliegue político de una de las fuerzas, la que estará expectante a la espera de volver nuevamente al lugar en que una mayoría con su voto hoy decidió no acompañarla como lo hizo si en el 2015 y 2017.

Esta realidad no es ajena a América Latina según opina José Natanson en una nota para Le Monde Diplomatique: “América Latina se encuentra paralizada en un “empate hegemónico”, según la definición clásica de Juan Carlos Portantiero: una situación en la que dos fuerzas en disputa tienen suficiente energía como para vetar los proyectos elaborados por la otra, pero ninguna logra reunir los recursos necesarios para asumir por sí sola el liderazgo. En suma, ningún grupo asume la dirección política del país en el sentido gramsciano de la expresión; ninguno puede presentar sus intereses como los intereses de toda la sociedad y formar un bloque histórico que modele un sentido común que la oriente en una dirección determinada”.

Las expresiones vertidas en la reciente reunión de “El Grupo de Puebla” -foro político y académico integrado por representantes políticos del mundo- y las realidades conocidas por todos en base a los acontecimientos que se están desencadenando en la “Patria Grande” no hacen otra cosa que confirmar este “empate hegemónico”, donde más que una definición resulta ser una realidad.

Porque el hilo se corta siempre por lo más delgado y quien siempre paga las consecuencias de esta pugna es el pueblo, las recientes declaraciones del experimentado Jorge Busti son más que acertadas cuando habla de la Verdad Peronista número 11: El peronismo anhela la unidad nacional y no la lucha. Desea héroes, pero no mártires. Busti expresa la necesidad de la unidad de todos los argentinos -acompañando a Alberto Fernández- “para que podamos sacar adelante al país en una etapa que no será fácil, donde habrá que enfrentar con mucha responsabilidad e inteligencia el grueso de la crisis, es fundamental estar a la altura de las circunstancias, mantener y consolidar el Frente de Todos y la unidad en la defensa de los intereses populares, para que podamos salir adelante como ya lo hicimos con Néstor Kirchner en 2003”.

El empate no es una representación porcentual electoral fruto de la circunstancia del humor social, donde por unos votos unos pierden y otros ganan (por poco o mucho) sino que es la realidad de los poderes en pugna en la representación de los intereses que defienden.

Viene un tiempo de mucho diálogo y encuentro, donde las personas vuelvan a ser la medida de todas las cosas, porque como afirma Perón la verdadera tarea nacional es la liberación.

 

(*) Concejal del Partido Justicialista / Presidente del Bloque de Concejales (PJ/FPV) de Concepción del Uruguay.

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