Causa sustitución de Identidad: La esperanza de Sabrina en este juicio es hallar a su hermano

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Victoria.- El pasado martes 7 de agosto, Sabrina Gullino Valenzuela Negro, hija de los desaparecidos Raquel Negro y Tulio Valenzuela, declaró frente a los jueces del Tribunal Oral Federal (TOF) de Paraná en la causa por sustitución de identidad que se les sigue a los médicos del Instituto Privado de Pediatría (IPP). La jornada contó con la presencia de siete testigos importantes en esta causa que tiene a tres acusados por delitos de Lesa Humanidad.

Cabe recordar que Sabrina nació junto a su hermano mellizo el 3 de marzo de 1978 en el Hospital Militar de Paraná, pero luego fueron trasladados al Instituto Privado de Pediatría (IPP). Fue registrada en este último lugar como como Soledad NN, y su hermano, que ingresó días después que ella, como López NN.

Los cuatro propietarios del IPP habían sido Miguel Torrealday, David Vainstub, Jorge Rossi y Ángel Luis Schroeder, pero este último murió en 2014. De los tres imputados sólo estuvo presente en la sala Torrealday.

“Estamos viviendo el juicio oral con muchas expectativas, porque sabemos que un juicio oral es una instancia muy importante donde puede suceder que algún testigo o los mismos médicos rompan ese pacto de silencio para encontrar al Melli”, comenzó Sabrina en diálogo con Paralelo 32. Asimismo, añadió: “Es un momento de mucha intensidad, pero también una oportunidad para echar luz sobre lo que fue el entramado burocrático que hizo posible la apropiación de menores”.

El libro de egresos

Así las cosas, Sabrina dijo que los acusados tienen “un claro pacto de silencio porque saben que son partícipes necesarios de un delito de Lesa Humanidad”. Además, remarcó que una prueba muy importante es el libro de ingresos y egresos. “Cuando vos empezás a conocer cómo es la lógica dentro de una institución privada sabés que no entran niños nacidos en la clandestinidad, sin madre, sin padre, más de veinte días. Ellos nos quieren hacer creer que esto pasó sin que ninguno de los dueños del IPP lo supiera, un ingreso de esas características lo hace un jefe, no alguien que no tenga autoridad”, sostuvo.

“La clínica había inaugurado a fines del ’77, los dueños estaban llenos de deudas y habían hecho una inversión importantísima en poner un servicio de neonatología pionero en la región”, contextualizó. Luego, prosiguió: “Entonces, son poco creíbles y se van cayendo solos los argumentos de ellos. Además, todos sus testimonios han referido que el libro de ingresos y egresos lo ha escrito una sola persona que, oh casualidad, está muerta, y las pericias caligráficas determinaron que no lo escribió una sola persona, sino que tres personas intervinieron en la escritura”.

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Las historias clínicas

Otro argumento que Sabrina dice que se “cayó”, fue que las historias clínicas se perdieron a causa de una inundación. “Hubo argumentos que decían que las historias clínicas se habían mojado a causa de la rotura de un caño o una inundación. En un momento comentaron que los libros estaban guardados en la calle Libertad 71, que era una casa que estaba en frente y ellos habían adquirido. Justo una de las fiscales vivió ahí y dice que no había un sótano, como ellos aseguran, sino que se trataba de una habitación chica que estaba a un desnivel de dos escalones debajo. Todos los testigos que pasaron no recuerdan ninguna inundación”.

La responsabilidad

A lo largo de la conversación, Sabrina le narró ante Paralelo 32 que al principio ella se había reunido de “buena fe” con los médicos hoy acusados. “Siempre pensamos que ellos tenían la intención de reconstruir”, recordó. Sin embargo, por más que pidió entrevistas individuales, le llamó la atención el hecho de que un día la esperaron los cuatro médicos del IPP reunidos “de manera corporativa” y con visibles muestras de que ya habían hablado entre ellos. “En la reunión nadie se quería pisar en lo que nos estaban diciendo. El mismo Torrealday me mostró la incubadora a mí, en la que supuestamente estuve, pero siempre hablando desde un hipotético, como de una posibilidad de que nosotros hubiéramos pasado por ahí. Hoy tengo en claro que ellos no podían desconocer y que son partícipes necesarios de la sustitución de nuestra identidad. Además, ellos en la entrevista dijeron que era una institución de puertas abiertas y comentaron: «Acá venía cualquiera, entregaba un pacientito y ni nos enterábamos». Eso es mentira, ellos recién habían inaugurado la clínica, tenían un montón de deudas, hacían guardia los cuatro médicos, eso lo comentaron todas las enfermeras que trabajaron ahí. No se daba puntada sin hilo, es decir sin que ellos supieran”.

El juicio continuará y Sabrina todavía guarda esperanzas de que uno de los imputados rompa lo que ella considera como un pacto de silencio. De esta manera, podrá dar otro paso más en la búsqueda de su hermano mellizo, también víctima de lo que fue la dictadura cívico militar que hasta el día de hoy se muestra como una herida lacerante imposible de olvidar.

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