La noche del viernes es muy especial en nuestra city, siempre activa, más en el tiempo estival donde a las dos de la madrugada las calles aún muestran mucha vida.

Pasé a esa hora por una de las plazas que más intervenciones han tenido en esta última década y llegando a la esquina de Pte. Perón y Rocamora, frente al pequeño tapial que circunda la esquina norte de la plaza Merceditas, un muchacho de unos veinticinco años marcaba su territorio, orinando al mejor estilo canino sobre la vereda que da a la calle del ex presidente.

Como primer impulso pensé en cuestionar al muchacho, que estaba acompañado por otros, pero para evitar problemas, seguí camino, pues además cuando lo vi ya estaba en los últimos tramos de su evacuación.

Segundos después seguí preguntándome si no debí hacer algún comentario, o si no había cámaras que registren y en esa fracción de minuto envíen a una patrulla policial y hagan reflexionar al inadaptado, que contaminaba la vereda de uno de los pocos parques para chicos que tenemos en la ciudad y que el sol de la mañana haría padecer el olor a los transeúntes y vecinos.

En aquel instante también recordé la actitud de un niño en la Playa Alta. Aquel gurí no habrá tenido más de cinco años, pero tuvo la suficiente delicadeza de salir corriendo del agua, sin ningún preámbulo y cruzar los cincuenta metros de arena que separan los dos únicos baños químicos apostados a la orilla, esperar su turno, y en menor tiempo que aquel muchacho de la placita, hacer ‘sus necesidades’ para volver raudamente a jugar en el agua.

La playa estaba colmada de gente, el agua es la más limpia que se ha visto en años, y este pequeño aplicó lo aprendido en casa. No le preocupó ni la distancia, ni si la arena estaba caliente, o si perdía tiempo de juego. Al salir del agua para ir al baño mostró lo que cada uno deberíamos hacer por nuestra ciudad.

Más allá de las obligaciones de la Municipalidad, con sus virtudes y falencias, gran parte de la belleza de una localidad es responsabilidad de sus habitantes.

No deberíamos usar las calles como baños o contenedores de basura, por más que haya muchos barrenderos en la ciudad; la solución no está en sumar gente que limpie, está en que nos hagamos cargo de nuestra basura.

 

(Por Walterio)

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