Crespo.- El Padre Selvaraj Simón está en Crespo en la parroquia San José. Llegó desde Jujuy donde estuvo seis años en Alto Comedero. En 2004, luego de ordenarse sacerdote en su India natal, vino a Argentina. Con un dominio fluido del idioma castellano, mantuvo una extensa entrevista con Paralelo 32. “En India debemos estudiar el idioma nacional, el hindi, el idioma local de cada provincia, en el caso de mi provincia es el tamil. Mi idioma natal es un idioma antiguo, tiene más de cinco mil años. También debemos estudiar un idioma extranjero, que generalmente es inglés”, comentó al inicio del diálogo.

El continente indio

–  India tiene más de 80% de hindúes y 15% de musulmanes. ¿Cómo se inserta la comunidad cristiana y católica en esa situación? ¿Con dificultades?

— Hoy en día, no hay dificultades en mi provincia. En el norte del país, en cambio hay fanáticos y se mezclan las cosas. Hay problemas. Pero los musulmanes verdaderos y los hindúes verdaderos, viven en paz. En grandes ciudades, en un mismo departamento viven musulmanes e hindúes sin problemas. Pero, a veces meten la pata los fundamentalistas y ahí está el problema.

–  Y hay fundamentalistas de las dos religiones

— Hinduistas fundamentalistas y musulmanes también. Pero en cantidad son los menos. Los cristianos somos 2,3% de la población, la cantidad es igual a la población de Argentina.

–  India tiene más de 1.200 millones de habitantes. ¿En la vida cotidiana se nota la gran cantidad de población?

— Se nota en grandes ciudades, como Mumbai o Chennai, en mi provincia. Son grandes ciudades donde todo el mundo quiere vivir y hay gente pobre. Como no llueve mucho, se mudan del campo a las grandes ciudades, así empiezan a crecer las villas. Toman un terreno cerca de las estaciones de tren. Es un problema también para el gobierno, que no los puede sacar porque son millones. Es una realidad, hay que asumirla, la gente quiere vivir en la ciudad por una necesidad. Viven en el campo, no llueve, se les acaban los recursos y tampoco rinde la tierra, muy explotada.

Cristianismo indio

–  ¿Cómo está diseminado el cristianismo?

— El cristianismo está más en el sur, Mumbai, Karnataka, Tamil Nadu. En el norte de India hay menos. Nosotros trabajamos mucho en misiones en el país y hay muchos convertidos en el sur, por su propia voluntad. En Kerala tienen otras creencias cristianas, porque es tradición que uno de los apóstoles, Santo Tomás, llegó hasta esta provincia y evangelizó. No son cristianos de rito latino; es otro rito que proviene del cristianismo primitivo con tradición en Santo Tomás. Los ritos más modernos llegan con San Francisco Javier, en el siglo XVI, sacerdote misionero jesuita. Él fue a Goa (estado de India que fue colonia portuguesa por cuatro siglos, N. de R.), donde el 90% son católicos latinos. Allí está el cuerpo de Francisco Javier, intacto. Allí el cristianismo tiene más de 500 años. En India hay mucha historia cristiana. Por un lado la tradición de Santo Tomás, por otro la misión de San Francisco Javier.

–  Cuando llegan los británicos en el siglo XVIII, ¿introducen el anglicanismo y otras corrientes protestantes?

— No, porque los ingleses cuando fueron a la India tenían otros intereses, más económicos. No evangelizaron. La evangelización fue en gran parte acción de los portugueses.

–  En Occidente la India tiene una imagen relacionada con los gurúes hinduistas. Hay mucho sincretismo orientalista entre ideas occidentales y prácticas hinduistas, como el yoga. ¿Tienen influencia en la India?

— Los gurúes tienen su vocación, sus prácticas. Hoy en día, el yoga es una técnica para obtener buena salud. Yo también sé yoga y lo practicaba cuando era seminarista. Cuando ellos hacen algunos movimientos pronuncian los nombres de sus dioses, para tener una concentración. En cambio, nosotros no pronunciamos y lo usamos como una técnica para concentrarse; otros dicen ‘si quiere, pronuncie el nombre de Jesús’. El yoga no fue aceptado sólo por los hindúes. Es una cosa buena y está aceptada en todo el mundo.

Hinduistas y musulmanes

–  ¿Le choca el politeísmo de los hindúes?

— La verdad es que el hinduismo cree en un Dios. Cuando hablan de millones de dioses, en realidad dicen que son reflejos de un solo dios. Creen que Dios es misterio, como nosotros creemos en Dios como un misterio que fue revelado en nombre de Jesucristo. Ellos también creen en Dios-misterio.

–  ¿Cómo lo llaman?

— Bueno, este dios fue revelado en millones de manifestaciones, son esos dioses hinduistas. Pero muchos hindúes dicen ‘tenemos un solo dios’. Algunos teólogos consideran que el hinduismo no es una religión, porque las religiones deben tener un creador o fundador. El cristianismo tiene un fundador, Jesús, entonces, ya es una religión. El budismo, Buda, también es religión. Musulmanes tienen un autor, Mahoma. Todas las religiones deben tener un fundador. Los hinduistas no lo tienen.

–  ¿Con los musulmanes, está todo bien?

— Entre nosotros, con los musulmanes está todo bien. Son los fanáticos los que hacen problemas.

–  ¿Los fundamentalistas son rechazados por la misma comunidad musulmana?

— Hasta cierto punto, sí.

–  ¿No aparecieron fundamentalistas cristianos que respondan con bombas a las bombas de los fanáticos musulmanes?

— Por ahora, no; que yo sepa, no. Son pacíficos.

 

Elegir Argentina

–  Cuándo se ordenó sacerdote, ¿por qué eligió América Latina y Argentina?

— En primer lugar, quería ir a África. Pero mis formadores me dijeron que por mi personalidad podía ir a Europa. Y al final, dije ‘ni África ni Europa, me voy a Latinoamérica’. Pedí por Argentina, Brasil o Chile. Los sacerdotes verbitas latinos que hablaban de esta cultura, cuando se referían al idioma castellano decían que es el idioma más dulce de todos los idiomas del mundo. Me dije ‘bueno, vamos a ver cómo es ese idioma dulce’.

–  Conoce varios idiomas. Inglés, tamil, castellano ¿Qué otros idiomas?

— El idioma de Karnataka y el de Kerala.

–  ¿Es un idioma dulce el castellano o es una expresión muy subjetiva?

— Es dulce como la gente que conocí porque he estado en cuatro o cinco provincias argentinas.

–  ¿Cuándo vino a Argentina?

— El 17 de abril de 2004. Llegué a Posadas, Misiones. Estuve tres meses aprendiendo el idioma. Un paisano que trabaja en el Colegio San Roque me organizó unas clases con una profesora particular. Eso me resultó muy bueno y pude aprender mi castellano en tres meses. Si hubiera tenido que ir a una facultad o un instituto me hubiera resultado más largo. Tenía una profesora jubilada y yo me decía (sonríe) ‘me está enseñando las mismas cosas’. Necesito un espacio para practicar. Escribí una carta a mi provincial y me fui volando a Mendoza, que fue mi primer amor. En Mendoza estuve dos años y medio, en Godoy Cruz. Estuve como vicario, luego cinco años en Capital Federal como vicario en Palermo. Después me mandaron a Jujuy a fundar una nueva parroquia. Allí estuve seis años, en Alto Comedero. Fui como párroco a la parroquia San Francisco Solano.

–  ¿Se cruzó con el Padre Blas?

— Él estaba en el mismo barrio, pero en otra parroquia. Ahora, estoy en Crespo, hace dos semanas, esta será mi cuarta misión.

 

Misión en Jujuy

–  ¿Dónde le resultó más difícil estar, por la situación social u otras circunstancias?

— Yo estaba preparado para ir a Jujuy, por el tema con Milagro Sala. Justo fui con todo el tema de usurpaciones de terrenos. Apenas llegué, a las dos o tres semanas tomaron un terreno que pertenecía a la Iglesia. Yo estaba preocupado, andaba gente con machetes. Dio un poco de susto, aunque no tenía miedo. Estaba bien preparado… era una parroquia para empezar de cero. Ni paredes habia. Con el tema de la usurpación se construyó de un día para el otro un pueblo de casi cien mil habitantes. En dos años, anduve detrás de ministros y el gobernador para conseguir un terreno. A esta altura cada cinco comunidades tenemos un terreno. Y después empezamos a construir el templo. En casi seis años terminé el 98% de la construcción, sólo faltaba la pintura. Otras comunidades tienen salón. Cuando llegué a ese punto, me planteé la necesidad de un cambio, que vaya otro y continúe la obra. Estuve en la última parroquia que el Verbo Divino construyó y me vine a la que fue la primera, acá en San José. (Sonríe) Me elevaron de la última a la primera.

–  ¿Eran muy tensas las relaciones con la organización de Milagro Sala, la Túpac Amaru?

— Con ella no tanto, no se metía con la Iglesia y nosotros tampoco nos oponíamos. El problema era con la política. Era un fuego cruzado entre ambos. La Iglesia Diocesana tampoco se metió con eso. No sé si está bien o no.

–  Pero la iglesia intentó mediar con el diálogo.

— Eso sí, pero no en la disputa. Ellos no tienen problemas con la Iglesia y nosotros tampoco con ellos, la Túpac Amaru. Nosotros, en el fondo defendíamos los derechos de las personas pero no de la manera como Milagro Sala lo hacía.

–  ¿Son barrios de gente humilde?

— Sí, pero más de la mitad de la población vivía al norte de la provincia. Por Purmamarca, Tilcara, y más arriba. Como ocurre en la India, cuando me preguntó por qué hay tanta población en las grandes ciudades como Bombay. En Jujuy también. Antes  la gente estaba conforme en sus lugares. Pero ahora quiere vivir de otra manera. Conocí familias en la Puna, en las salinas, que nunca vieron un billete, porque tienen su cordero o su cabrito, su huerta y de eso viven. Pero las nuevas generaciones, tienen escuela, tienen transporte, tienen educación y quieren otras cosas. Terminan la primaria, van a la secundaria y bajan a la capital desde el norte. Ya quieren quedarse ahí. Los jóvenes quieren quedarse en el sur y por eso explotó y creció la población. Mayormente están en Alto Comedero. Ya no hay espacios para ocupar con viviendas.

 

Contención social y espiritual

–  ¿Qué era misionar en ese ambiente?

— Queríamos dar una contención. El pueblo estaba golpeado, tanto de parte del gobierno como de parte de la organización de Milagro Sala, que explotaba personas, mayormente de nuestras parroquias. Yo tenía un 30% de la Tupac Amaru, y el 70% en la parroquia donde trabajaba el Padre Blas. Él tenía más líos que yo. Queríamos dar una contención espiritual, por la pobreza, por la dignidad y por el empleo. Pensamos dar una contención social. Abrí un comedor para los chicos, porque en esa zona casi un 80% de los chicos nace con peso bajo y se enferman. ¿Por qué? Los padres se levantan y van los dos a trabajar, no vuelven al mediodía. Estos chicos van a la escuela, no tanto para estudiar, sino para llenar la pancita. Les dan una copa de leche; al mediodía regresan a la casa y no tienen nada para comer. Tomé la iniciativa, un médico me dio una mano, para cubrir la comida de un día, para 400 personas. Recibí apoyo del gobierno y de benefactores de la parroquia de Belgrano, donde estuve antes.

–  ¿Cuántos chicos estaba atendiendo?

— En un comienzo tenía 400; después se fue reduciendo. Porque eran chicos desde un año hasta diez.  A los diez ya son grandes y pueden ‘volar’. Todo esto era actividad social y yo no podía evitar esa parte porque es una necesidad, una cosa básica. Después, nuestro interés era espiritual, que estén bien firmes en lo espiritual.

–  ¿Está metido el problema de la droga?

— Sí, hay mucho. Estaba metido, pero no he visto directamente. Vi situaciones de lejos, que estaban vendiendo, aunque no sé qué vendían.

–  ¿Pudo sacar chicos en riesgo?

— En los espacios de catequesis les damos información y contención para que no se metan. Pero los que estaban metidos era gente de Milagro Salas. Y no pude entrar. Muchos me decían ‘Padre, están vendiendo allí y allá’. Como no podía entrar, me dije ‘mejor prevenir que curar’. En el espacio de la catequesis metí varios encuentros, llamamos a psicólogos y médicos para charlas de orientación. Los que estaban involucrados, por ahí la policía los agarraba y los metía en la cárcel un día o dos y después los dejaban salir.

 

Asistencialismo

–  Con esa realidad en Jujuy, ¿no estamos muy lejos de las peores situaciones de la India?

— No, es otra cosa. No podemos comparar la pobreza de acá y de allá. En India hay gente que no tiene recursos pero tiene ganas de trabajar, es lo bueno. El gobierno también ofrece cien días de trabajo al año por un sueldo mínimo. La gente que vive en villas busca trabajo. Pero en Alto Comedero he visto un sector, que no son pobres, sino ‘pobres vivos’, en otras palabras. Porque no tienen ganas de trabajar en nada.

–  ¿En la India tienen ganas de trabajar y acá no?

— Sí. Acá existe mucha pereza. Por eso yo distingo entre un pobre que necesita una mano y le enseñamos a pescar. Pero hay otros, vagos y perezosos, que no quieren. Es un sector particular, no podemos generalizar. No porque sea de India lo digo, pero allá sí buscan trabajo. Acá, cuando estaba en Mendoza, los viñateros pedían gente para cosechar la uva y no conseguían. Quién iba a trabajar ocho horas. En Jujuy también pedían para cosechar tabaco, y nadie quería ir, porque la gente busca un trabajo fácil. Hay mucha vagancia. Muchos no tienen título, no son profesionales, pero quieren un trabajo en oficina. Con toda la ayuda que brinda el gobierno, que les da un lote por familia. Después, vos podés construir algo, tu propia casa, y la podés valorar. En casas regaladas, a veces entro y hay un desastre, porque parece que no han tomado el gusto de que ‘es mi casa’. Yo hice una misión nacional en 2005, cuando estaba en Capital Federal. Fui a visitar a Alto Comedero y vi lugares con pilas de ladrillos. Cuando me tocó ir allá como párroco en 2011, vi todavía las mismas pilas de ladrillos. En seis años no pasó nada.

–  No es toda la gente. ¿O sí?

— No, no. Son sectores muy reducidos. El gobierno también tiene que enseñar a pescar. En Jujuy existe mucho asistencialismo, les dan bolsones y bolsones. Está bien con una familia que no tiene para arrancar, porque está en la calle. Cuando asumió el radical (Gerardo Morales, N. de R.) pensé que iba a terminar, pero sigue igual.

–  ¿Eso de los bolsones no existe en India?

— No. Lo que hizo el gobierno hace unos seis años es un proyecto para trabajar cien días al año y reciben subsidios. Afecta un poco, porque es un trabajo más fácil. Ahí pasó que todo el mundo iba a trabajar los cien días y nadie quería ir al campo a levantar cosechas. Hay muchos campesinos que no trabajan más porque no consiguen empleados.

–  ¿Qué hacen en esos cien días?

— Se utilizan las personas para obras públicas y servicios. Es un dinero fácil. De parte del gobierno está bien la intención de brindar un dinero. Acá dan asignaciones sin trabajar; en India, por lo menos entregan a cambio de trabajar cien días. No hacen cien por ciento, pero es algo.

 

En Palermo y en Mendoza

–  ¿Qué hizo en Capital Federal, en Palermo?

— Capital Federal es un desafío pastoral. Materialmente no hay problemas, pero pastoralmente es difícil.

–  ¿Por qué?

— Porque todos viven en torres y se hace muy difícil mantener un contacto. Si quieres visitar una familia… En Jujuy era más fácil. Ibas, golpeabas las manos, te recibían e intercambiabas las cosas buenas que tenemos. En cambio, en Palermo, tienes que pedir permiso, esperar un tiempo. A veces, los encargados de edificios dicen ‘ahora no’. Al comienzo me costó un poco.

–  ¿La religiosidad o la fe del porteño son menores que en el interior?

— No podemos comparar, pero en Jujuy son muy religiosos. Existe mucha religiosidad popular.

–  ¿Y en Mendoza?

— Fue mi primer amor, me aceptaron muy bien como un hijo más. Estaba en Godoy Cruz, en el Gran Mendoza. Sólo al comienzo me costó adaptarme al clima. No soportaba el frío. Daba misa con guantes. Mi zona en India, es tropical; nunca hace frío. Me ponía los guantes y en misa, cuando tenía que hacer la señal de la cruz me sacaba el guante y luego volvía a ponérmelo. Ví por primera vez la nieve. En India tenemos en el norte la cordillera de los Himalayas, pero yo nunca estuve por allí. En cambio, en Jujuy hay cerros de muchos colores. Y la cultura está muy relacionada con la Pachamama y la lengua quechua.

 

Dos países

–  Se supone que India y Argentina son sociedades opuestas. ¿Ud. ve diferencias?

— Las diferencias están y son para celebrarlas si son buenas.

–  ¿Y las cosas malas?

— Las cosas son buenas, sólo la gente puede ser mala. La cosa mala no existe, si veo algo malo es sólo una proyección de mí mismo. Soy yo el malo. En lo personal, si veo una maldad soy malo.

–  ¿Y cuando está ante la pereza?

— Justamente, es nuestra misión cambiarla. Esas personas no son malas, existe mucha cristiandad en ellos, pero al mismo tiempo, tienen pereza. Hay que ir trabajando para sacar esa pereza. Es mi misión.

–  De los siete pecados capitales (gula, lujuria, pereza, ira, soberbia, avaricia y envidia), ¿con cuál debe lidiar más?

— La pereza, puede ser.

–  ¿Y la ira, con tanta gente que aparece enojada?

— Es algo pasajero. Pero la pereza es más permanente, hoy en día la gente está más cómoda, más metida en su comodidad, es más egoísta. Pero si todos trabajan para todos no habría problemas. Quizás debemos ir trabajando más contra la pereza. Los mismos argentinos dicen que podrían alimentar la mitad del mundo con su riqueza, pero no la están explotando, porque están muy cómodos.

Quién es

Selvaraj Simón  tiene 40 años, nació en el Estado de Tamil Nadu, en la localidad de Madurakkanmoi , pequeña localidad de 100 familias, cercano a la ciudad de Madurai, una importante urbe de un millón de habitantes. Su padre era trabajador textil, está jubilado. Tiene tres hermanos varones, uno fallecido en un accidente. Tiene 6 sobrinos, dos por cada hermano. Los dos hermanos que viven son militares.

El Padre Simón estudió en un Seminario de la Congregación del Verbo Divino en la ciudad de Mysore, Estado de Kartanaka. A los 14 años ingresó al seminario menor. Además de la carrera específica para el sacerdocio debió estudiar otra carrera, y eligió economía en una universidad. La Congregación de Verbo Divino de India exige a sus futuros sacerdotes un estudio ajeno a Filosofía y Teología. En Argentina no se hace.

Se ordenó el 8 de mayo de 2003, en su pueblo.

 

 

Nombre y apellido

Aunque todos en Crespo ya lo conocen como ‘el Padre Simón’ y creen que es su nombre, Simón es, en realidad, el nombre de su padre, que el sacerdote asume como apellido. En la cultura tamil, no hay apellidos específicos que se transmitan de generación en generación. El sacerdote indio se llama Selvaraj Simón, es decir: Selvaraj ‘el hijo de Simón’. Si hubiera optado por la vida laica y tuviera descendencia, sus hijos tendrían por apellido ‘Selvaraj’.

En Occidente, esa forma de apellidar quedó en el pasado. Terminaciones como –ez (Martínez, hijo de Martín), -az (Díaz, hijo de Diego); -son (Johnson, hijo de John, en inglés); -ini (Paolini, hijo de Paolo, en italiano) Mc- o Mac- (McDonald o MacDonald, hijo de Donald, en Irlanda y Escocia); Fitz (Fitzpatrick, hijo de Patrick, anglosajón); son algunos ejemplos de antiguos patronímicos que derivaron en apellidos fijados para las generaciones siguientes.

En Islandia se sigue una tradición similar a la del pueblo tamil. En esa isla escandinava se usan actualmente patronímicos con la terminación -son para los hijos; -dóttir para las hijas. Por ejemplo, los hijos de un islandés que se llame Olaf  Peterson, llevan por apellido Olafson, si son varones; Olafdóttir, si son mujeres. De Olaf, sabemos por su apellido que es hijo de Peter.

–  ¿Hoy se siente más indio o más argentino?

— Nadie puede olvidar el fondo, yo tengo raíces y mis raíces están en Tamil Nadu. Son las raíces que me alimentan y me ayudan a adoptar otras culturas. Esas raíces yo las amo para toda la vida. Pero, a esta altura, con 13 años en Argentina, he perdido un montón de contactos y amigos en mi país. Los amigos que tengo son argentinos: mendocinos, jujeños. Cuando regreso a India de vacaciones, me quedo encerrado en mi casa porque ya no conozco a nadie. Incluso perdí contacto con compañeros de curso. Todavía tengo a mis padres; una vez que ya no estén, no sé si tendré las mismas ganas de regresar. Tengo buenos hermanos que me quieren y pueden ser una razón para estar un tiempito con ellos.

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