Por: Mariano Jacobi (*)

A comienzos de la década del 80 la tecnología con la que contábamos en casa de mis padres era muy puntual; el pequeño televisor Philco traído de Uruguayana; una radio AM, y un centro musical (asombrosa evolución del tocadiscos Winco) que me permitía reproducir los longplay que me tocaban en suerte. Pareciera el relato de un tiempo precolombino, pero no son tantos años, teniendo en cuenta que los sueños de algunos jóvenes comenzaban, a partir de 1985, a configurar el futuro en garajes de casas en Silicón Valley, Estados Unidos.

En aquel entonces las notas de Paralelo 32 se tipeaban trabajosamente en máquinas mecánicas, donde la X era el corrector que aplastaba los errores ante la imposibilidad de borrarlos. Leídos y corregidos los textos con birome, para enviarlos a la imprenta, la única magia posible era el colectivo, y con otra intermediación más corta llegaban a manos de un linotipista, que transcribía esos artículos poniéndolos en un relieve con plomo, con destino a tinta y papel de diario.

Mientras que en Silicón Valley la revolución tecnológica de finales del siglo XX se encontraba en marcha; entrados en la década del 90 la revista Generación X compartía un artículo sobre la Nasa y la puesta en órbita del telescopio espacial Hubble. Al final de la nota había una dirección de correo para escribirles. Tomé papel y birome, redacté una carta solicitándoles me enviaran material para conocer más sobre los planetas. Meses después recibí un sobre conteniendo unas cien fotos del sistema solar y sus astros, tomadas por Hubble, que confirmaban el futuro soñado por mis padres.

Las empresas de desarrollo informático comenzaban a encausar sus productos al uso cotidiano de las personas, por lo que comencé a tomar clases de informática, ya que según los futurólogos, mi pequeña humanidad formaba parte de la generación que debería tener el conocimiento para el manejo de las nuevas herramientas, las computadoras, y si no me sumaba sería uno de los analfabetos digitales del futuro.

Aparecen las primeras máquinas en la oficina de Paralelo 32, la Macintosh I de Apple, 516 Mb, toda una revolución con su diseño y su pantalla monocromo, aunque solo sirviera para escribir y diagramar las páginas del Semanario, que de ahí en más pasaría a imprimirse en sistema offset.

Cerrando la década del 90 las empresas de telefonía fija comenzaron a brindar servicio de internet, con limitaciones; avisábamos a la redacción que no utilizaran el teléfono, ya que conectaríamos el modem telefónico para bajar los mail, que no eran tantos y eran lentos.

El ingreso a un nuevo siglo nos presentó nuevos desafíos, la tecnología fue poco a poco innovando formatos, nuevas prestaciones y servicios, desarrollo de aparatos con mayor capacidad de almacenamiento y nuevos programas, lo que nos permitió llevar a Paralelo 32 a la web en el año 2000, donde compartíamos cada sábado algunos de los artículos de la edición papel.

De ahí en más la evolución fue geométrica, en las tecnologías, los programas, las funciones. Pero también fue el comienzo de los debates al momento en que cada formato era suplantado por algo más novedoso, como el disco por el cd, el cd por el mp3, y finalmente todo por el streaming. O cuando se hablaba del fin del correo tradicional porque aparecía el mail; o el desuso del mail por los mensajes en redes sociales. Y como no podía ser de otra manera también fue discutida la hipotética desaparición del papel, debates impulsados por grandes grupos económicos que invertían en desarrollo tecnológico y necesitaban una caída en la lectura del formato papel de diarios, periódicos y hasta libros, para adquirir a bajos precios editoriales y medios gráficos con el fin de, no solo de monopolizar la opinión, también apropiarse de la credibilidad de esos medios tradicionales, algo que no lograban obtener construyendo en lo virtual.

Aún hoy seguimos escuchando el discurso de los grandes gurúes tecnológicos, profetizando que las personas no disponemos de tiempo para sentarnos tranquilos a leer, a escuchar música, a charlar con amigos, a pasar más tiempo en familia. Todo debe ser rápido y al pie.

Hay una clara contradicción en esto cuando advertimos que las redes sociales nos insumen horas y horas de permanecer absortos sobre un cuarzo. Y porque la realidad de los pueblos y ciudades del interior de nuestro país, y en este caso nuestra provincia, no son las mismas que en las grandes urbes de Europa y Estados Unidos, donde las necesidades tecnológicas o cambios, son muy diferentes.

Las innovaciones tecnológicas nos han permitido cambiar nuestra forma de comunicarnos, de relacionarnos, de trabajar, de viajar; sorprendiéndonos con nuevas aplicaciones, creaciones, y desarrollos, pero también conviviendo con otros formatos.

Hoy consumimos música, videos, libros y noticias digitalmente. La información en la web es dinámica, nos acerca lo que sucede en el transcurso del día, la internet nos permite navegar sabiendo en tiempo real qué está sucediendo en cualquier lugar del mundo, nos globaliza, nos hace sentir parte de algo más que nuestra realidad cotidiana. Pero los formatos tradicionales continúan vigentes, continuamos recurriendo a la radio, a un libro, a un semanario que refleje lo que somos como sociedad, que registre en papel la historia de quienes somos y hacia dónde vamos como comunidad, como región.

El paso del tiempo ira mostrándonos nuevas innovaciones, ira transformando diversos aspectos de nuestra vida, e irá conviviendo en cada formato, brindándonos diferentes experiencias, permitiéndonos encontrarnos con un mundo dinámico en la web, y con un análisis más exhaustivo en el papel.

 

(*) Director-administrador del sitio web y emisoras de FM. Miembro de la Pyme familiar Paralelo 32.

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