** Ya que se ha mal democratizado todo, en nombre de cualquier libertad o de algún derecho que ya veremos, armemos ‘colectivos’ entre los que en el reparto en la mesa siempre ligamos la carcaza o el culo del pollo y nos piden que eructemos blanco de pavita. Hay que unirse los que estamos roten, fed up. Nada hay más traumático que estar harto en soledad y nada más aliviador que comprobar que no somos los únicos boludos. Para esto hay que conocer otras realidades personales surgidas en confesiones privadas.

** Pregúnteles si no a los que integran grupos de autoayuda. Estar mal entre muchos puede ser curativo. Cuando nos sentimos defraudados, moralmente estafados, cansados, es realmente restaurador descubrir que no fuimos los únicos giles, e incluso podemos reírnos de los que se clavaron más fiero que nosotros. ¿Se entiende? Y la risa restaura.

** Es como cuando te sentís pésimo o pésima al mirarte al espejo cada vez que te toca agacharte para calzarte los zapatos, y en eso te invitan al almuerzo de los 40 años de egresados del secundario. Si se te presenta, andá, no te repliegues con escudos tipo “prefiero que me recuerden como fui”. Andá, participá, en esos encuentros encontrás parámetros para sentirte mejor. Por la ley de probabilidades, siempre tenés chance de estar mejor que la tercera parte de los que están en el grupo. Te replegás sobre ese grupo y te sentís un/a ganador/a entre los perdedores.

** Quizás ya no te recuerdan por tu nombre, Triny, y seas para ellos un par de ojos conocidos, ahora bajo unos párpados algo mustios y sobre unas bolsitas, pero por algo se empieza, tus ojos guardan el color y el brillo de entonces, lo cual ya configura una reserva de estímulo. Además, lo bueno de estos encuentros es que siempre habrá alguien en peores condiciones para sentirnos bien a su lado.

Organicémonos y vayan     

** Los tipos y las tipas (les tipes, bah) estamos más comunicados que nunca pero no formalizamos. Vamos descubriendo que todos estamos hartos y a medida que pasa el tiempo nos hartamos de estarlo, pero encendamos la luz y organicémonos porque en esta partusa el reparto de placeres es muy desigual.

** Hay que formar grandes bandas (llamale colectivos si querés estar al tono) para condolernos juntos por nuestras desazones, e ir a fiestas en modo terapia, preferentemente a los aniversarios de egresados, aunque nos cueste mantenernos sonrientes todo el tiempo y hablar como engolados para no soltar el abdomen.

** Chicas y chicos (así nos llaman a esta altura ¿podés creer?) recordemos esta regla: siempre se puede reforzar la autoestima en desmedro de otros. Hay que saber buscar en la sala. “¡Uhhh!, pero Fagúndez está hecho peloooota; parece de 80; la Tita se dará cuenta ahora de su mala elección al quedarse con él”. Este pensamiento que te torturaba, se libera como una mariposa en primavera y ya no tendrás que esforzarte para sonreír.

** Pero nada más saludable que formar peñas de amigas y amigos desdichados, gente cabrera por la situación económica, política, social, moral, ética… Formemos cofradías, fraternidades, logias, sociedades secretas o simbólicas, un rejunte… que se yo… clubes también, por ejemplo el Club del “A mí me pasa lo mismo que a usted”, con música de Palito Ortega. No somos pocos los que nos sentimos ya no solo y hartos de un país que nunca llega a ser lo que podría ser, también discriminados por variadas situaciones.

Plan de desestructuración               

** Es cierto que somos mayoría los que no tenemos tatuajes en el cuerpo (solo para citar una causa posible), pero en un mundo donde reinan las minorías, desde las minorías dominantes y ensoberbecidas se nos mira con desprecio, casi con asco. Sin tatuajes ni piercings sos viejo, y viejo es sinónimo de descarte, de inutilidad.

** ¿Qué esperan entonces los que padecen este síndrome, para formar la Simbólica Cofradía de los Intatuados, lanzándose a las calles a proclamar el orgullo PTL (Piel Tortugosa pero Limpita? Es un buen punto para plantear conflictos, tan indispensables para quebrar la abulia, romper bancos de plazas, descuartizar palomas con las manos, tocar timbres y rajar, repudiar a Cande Tinelli -ícono de lEs tatuadEs-… en fin.. ¡hacer lío! ahora que es un mandato santo.

** Ahora les llaman “colectivo”; el colectivo HTL, el colectivo pro aborto, el colectivo pro derechos y anti esfuerzos u obligaciones, el colectivo contra esto, a favor de aquello o recontra lo otro. Pero vayamos a lo clásico, con un lugar donde llorar nos basta, sin muchas pretensiones. En vez de ir a llorar al campito hagámoslo calefaccionados y con algunos drinks de por medio. Solo se trata de sentir que no somos los únicos salames que no hemos comprado dólares a tiempo ni a destiempo. No los únicos que votamos bien pero vamos mal, o que votamos a los que no llegaron pero sentimos culpa.

** Es horrible estar re podrido de todo y creerse el único en esa situación. Hay que colectivizarse, después de todo a esos colectivos no les va mal, les aprueban todas las leyes y va a llegar el momento que nos van a declarar personas no gratas a los que no tenemos otra pretensión que ser como nos criaron y que nos dejen ser en paz.

Y el invierno va pa’ largo                  

** No hay límites edad para esto. La única condición es coincidir en el principio filosófico de que el mundo se está yendo al carajo y a la Argentina la mandaron a preparar la recepción. Y para los más experimentados en pasarla mal cada 7 años, nada mejor que recrear la “Secreta Sociedad de los Hartos de estar Hartos” (HdeH), fundada en 1997 por El Mangrullo para representar el clamor de gran parte de la ciudadanía en aquel entonces.

** En el nivel de Hartos estamos desde hace tiempo, de lo que hablamos hoy es de una especie de federación para los que están en estadios de hartazgo más avanzados, es decir los que ya se hartaron de estar hartos y no saben cómo recular para buscar un atajo.

Dos décadas atrás, con más de 20% de desocupación, sin un mango en la calle y con una corrupción que se nos presentaba como un collar de emoticones matándose de risa de nosotros, una razón común de los HdeH era “en este país nadie va en cana”.

** Ese ‘nadie’ englobaba a Menem y toda su caterva de delincuentes. Le habían puesto el mote de Alí Babá y sus 40 ladrones. Salvo la rehén María Julia Alzogaray, ninguno de aquellos fue en cana y el jefe sigue envejeciendo en libertad. Eso cambió, en la actualidad hay unos 40 intocables tras las rejas; funcionarios, empresarios, dirigentes sindicales y narcotraficantes. Faltan algunos más pero Alicia Babá sigue zafando.

** Pero concentrémonos en lo que hoy por hoy nos irrita más la ingle. Nuestras irritaciones presentes son otras. El humor se nos empieza a agriar como vino mal tapado. Aquellos están en cana, otros lo estarán cuando pierdan la manija, pero la cosa no mejora y el invierno va pa’ largo.

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