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Crespo- El formato vinilo como opción para disfrutar de una experiencia alternativa a la música digital es una pasión que crece y son cada vez más quienes  vuelcan su entusiasmo por los discos en un espacio para el encuentro de varias generaciones que quieren redescubrir el sonido de la música.

Uno de ellos es Danilo Yunk, organizador por tercer año consecutivo de la Feria de Discos de Vinilo en nuestra ciudad. A contramano de la tendencia que impuso el disco compacto y luego el MP3, siguió coleccionando piezas de vinilo que cobran un nuevo valor gracias a la reivindicación de un sonido más auténtico.

Dispuesto a desandar el camino se suma a la legión de los que decidieron rescatar la usanza de los vinilos: el arte de las tapas, la magia que flota en el aire cuando el disco comienza a girar, el lucimiento de cada instrumento y de las voces, pero  fundamentalmente la posibilidad de tocarlo con las manos en estos tiempos en que se baja un intangible MP3.

“En mi adolescencia –cuenta Danilo a Paralelo 32– con un grupo de amigos nos juntábamos a pasar música en los cumples de 15 de compañeras. Todos comprábamos discos y los compartíamos”. Recuerda que el primer disco que compró fue de Depeche Mode “Violator”, en 1990. “La plata que juntábamos iba a un fondo común y comprábamos más discos –detalla-. Con ese grupo de amigos también tuvimos durante algún tiempo un programa musical, los sábados a la siesta por FM Arroyo: ‘El ritmo de la Siesta’, donde pasábamos música con nuestros vinilos. Algunos de esos discos también los escuchaba en el tocadiscos de mi casa, que después fue quedando olvidado junto con los discos, porque fueron apareciendo otras tecnologías”.

Hoy, 25 años después de aquel tiempo, gracias al viejo y olvidado tocadiscos, revive su pasión por este formato, que sigue siendo según melómanos y audiófilos, el de más alta fidelidad.

– Se lee y escucha que va creciendo la fiebre del vinilo…

– Va creciendo y hay vinilos nuevos que vienen saliendo, se reeditan muchas ediciones de rock nacional y también mucho importado. Vemos que la gente de a poco se va empezando a meter en el vinilo.

– ¿Es muy costoso, actualmente?

–  Todo se maneja en base al dólar, un disco nuevo de rock nacional, está entre $500 y $700. Lo que hay que reconocer es que  la calidad que tiene el disco no la tiene otro soporte, ni el CD o el casete, nada tiene la misma fidelidad que un disco, con más razón el mp3. Pero en las ferias se consiguen discos usados desde los $ 50.

– ¿Se acerca gente joven a las ferias o son más bien los nostálgicos?

– Hay gente joven y de todas las edades. Gente nueva que se viene acercando y quiere conocer. Conseguí algunos tocadiscos y los mandé a arreglar a Santa Fe, después los vendí a gente nueva. Trato de contagiar a las personas,  de invitarlas a empezar con esto que está bueno y me compran y se enganchan. Después terminan comprando discos. Es como una cadena que se hace. Es muy lindo.

Danilo tiene una colección de 800 discos y su reencuentro con el vinilo fue a partir del mueble que su padre había comprado en 1970 y estaba inerme en su dormitorio. “Siempre decía lo voy a arreglar, hasta que llegó el día, lo llevé a casa, lo desarmé y restauré con un amigo, le conseguí nueva la parte de arriba, le puse púa nueva y empezó a funcionar. Tenía discos, asi que empecé a escucharlos y ese año, más o menos 2015, fui a participar a una feria que se hizo en Paraná. Llevé algunos para vender, me fue bien y también compré algunos que me gustaban”- indicó.

Recuerda que aquella feria “se volvió a hacer, ahí trabajaba el hermano de Maxi López, que también tiene discos, musicalizamos entre todos, pero al  año siguiente ese lugar cerró y se dejó de hacer. Entonces decidí hacerlo en Crespo. Probamos, nos fue bien; el año pasado en septiembre lo hicimos en un lugar un poco más grande y este año le tiré la propuesta al dueño del comedor Darcy, amigo mío y surgió la fecha del feriado del 9 de julio”.

“Todo vuelve, lo retro vuelve –sostiene-  y siempre hay alguien que se interesa en arreglarlo. A los discos que compro, los limpio, lavo, después los escucho; cada uno lleva su bolsa nueva y ahí cambian porque la mayoría de las veces tienen su uso y requieren de cuidados para que sigan sonando como tienen que sonar”.

Danilo comparte su pasión por los vinilos con grupos de melómanos de Buenos Aires, Córdoba y en nuestra provincia integra “Melómanos y audófilos de Entre Ríos y Santa Fe”, de cuyo Facebook es administrador. “Compartimos información, nos sacamos las dudas, ponemos a la venta discos, nos preguntamos cosas que queremos saber sobre la limpieza de los discos, púas, dónde se consiguen. Entre todos nos contestamos y ayudamos a los nuevos” – afirma.

“La feria- alega- es  forma de hacer escuchar la música de antes, de reencontrarte con la gente que la escucha y de poder hablar y compartir, intercambiar los discos que en estos lugares están más baratos y más accesibles y uno puede elegir el que quiere. La feria es la ventana más amplia que tienen los melómanos para compartir lo mejor de los géneros musicales; para favorecer la búsqueda de alguna joya o simplemente como punto de encuentro para disfrutar de la música y las historias que guardan los vinilos”.

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