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Crespo.- A comienzos de agosto se desarrolló el taller de Comportamiento Emprendedor organizado por la Fundación Empretec con la Municipalidad de Crespo, dentro del Programa Comunidades con Valor, que cuenta con el auspicio de la UNCTAD  (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y Desarrollo), Banco Nación y la citada fundación. Participaron 30 personas que aspiran a desarrollar o mejorar sus emprendimientos productivos. El taller estuvo coordinado por los instructores Virginia Gabardini  y Alejandro Esmerado, de Fundación Empretec. En una extensa charla con Paralelo 32, ambos se refirieron al emprendedorismo y su actualidad en nuestro país.

Gabardini destacó que el principal objetivo del taller es “desarrollar la conducta emprendedora en los participantes”.

–  ¿Qué es ‘desarrollar una conducta emprendedora’?

—  Virginia Gabardini (VG): El objetivo del taller consiste en una serie de actividades en las cuales los participantes ponen en práctica aquellas conductas características del emprendedor, y de esa manera van haciendo una autoevaluación de su perfil. Cuáles son las conductas o características que ya tienen desarrolladas o fortalecidas, y cuáles no. Nuestro objetivo es que salgan del taller con un mayor conocimiento de su perfil. Cuáles son sus habilidades y cuáles sus debilidades, para que puedan decidir qué hábitos deben fortalecer o incorporar para mejorar su desempeño, con la idea de que eso se va a traducir en una mejora del desempeño de la empresa.

–  ¿Cuáles son las conductas emprendedoras?

—  VG: Nosotros trabajamos diez características de la conducta de un emprendedor que son: fijarse metas, buscar oportunidades y tener iniciativa, buscar información, planificar sistemáticamente y hacer el seguimiento, ser persistente, ser cumplidor, preocuparse por la eficiencia y la calidad, correr riesgos calculados…

— Alejandro Esmerado (AE): … ser persuasivos, conformar redes, saber negociar…

— VG: Y tener autoconfianza.

Flojos en planificación

–  ¿Qué es lo que ven en las capacitaciones en general en este taller?

—  AE: En general, lo que se ve en los talleres, la mayoría de los talleres da que la gente está muy floja en materia de planificación. Acá, en Crespo también. Hay casos, con promedios que hicimos de acuerdo a entrevistas, nos dio al  analizar los diez hábitos de los emprendedores, la falta de planificación es el problema más importante. Es casi una constante en casi todos los talleres, al menos en los que he dado. Hay muchos problemas para planificar.

–  ¿A qué se debe? ¿Es una cuestión cultural de los argentinos?

—  AE: Me parece que es una mezcla de varias cosas. En parte, puede una cuestión cultural que tiene que ver con la historia del país.

–  ¿No podemos planificar a largo plazo?

—  AE: No diría que no podemos planificar…

–  Lo digo por las coyunturas económicas y políticas que hemos vivido.

—  AE: Las coyunturas nos llevan a tener que estar reprogramando constantemente lo que se había, aunque sea, programado mentalmente. Eso conspira contra el hábito de ponerse a escribir qué es lo que uno va a hacer. El plan debe salir de una meta, algo que uno se propone, objetivos a largo, mediano y corto plazo. A partir de ahí, ponerse a planificar. Las coyunturas macroeconómicas llevan a que la persona tenga que improvisar. Pero, ¡ojo!, también es una característica de los latinoamericanos. Los estudios que se hicieron, indican que somos así, que nos gusta improvisar.

La contracara

–  ¿Improvisar no es ser medio ‘chanta’?

—  AE: No, no sé si es ser medio ‘chanta. Me parece que es parte de una cultura que tiene mucho que ver con la inmigración, también. Si uno se pone a pensar en la inmigración en Argentina y en muchos otros países donde tuvieron que hacerse de abajo, con cero apoyo del Estado, me parece llevó a que los inmigrantes tuvieran que buscar distintos caminos para lograr sus objetivos. Y eso, de alguna manera, también conspira contra la posibilidad de poder pensar y armar un plan. Nosotros siempre les decimos que ‘los planes se escriben con lápiz’. Porque sabemos que habrá cambios. Hoy el cambio está presente, lo digo en el sentido que hay un contexto a nivel mundial. Pero, una cosa es el cambio tecnológico, por ejemplo, y otra cuando además se suman las variables macroeconómicas inestables.

— VG: Yo me quedé con la palabra ‘chanta’ que hace más referencia al que no cumple lo que promete. Buscarle la salida a un problema cambiando planes, tiene más que ver con lograr objetivos, con la persistencia de la persona que no se deja amilanar por los obstáculos. Es una característica del emprendedor.

—  AE: Y es una fortaleza también. Hace un ratito conversábamos con mujeres de la Cámara de Emprendedoras (CREERME) que los argentinos son muy buscados en este momento España porque dicen ‘Uds. aporten el genio y la creatividad que tienen para salir de situaciones como la que estamos nosotros’. Me parece que eso es una característica no sólo de los argentinos…

–  Es la contracara positiva de la falta de planificación

—  AE: Yo creo que sí. Esa cuestión de tomar iniciativas, ser muy creativos, pensar en cómo le encontramos la vuelta para que las cosas se hagan y salgan.

Eficiencia

–  Pasando a otro de los valores, ¿somos eficientes?

—  VG: Es otra de las debilidades.  No hay gran preocupación por la calidad y la eficiencia, por hacer las cosas bien, bien el trabajo. También es como un acuerdo tácito del ‘yo no te exijo para que vos no me exijas’.

–  Una variante que se ha dado es el ‘vos hacés como que trabajás y yo hago como que te pago’.

—  AE: Sí, en parte es eso. Creo que en parte también por la formación. Quizás sea una deformación profesional mía, porque soy economista también, pero me parece que también nos llevan los sacudones fuertes en la economía, a tratar de cumplir como se pueda. Y a veces, uno no entrega la calidad que prometió. También conspira contra la eficiencia. Yo tuve empresas, y la verdad es que querer ser eficiente en un país donde, por lo menos cuando me tocó ser empresario, la primera empresa que tuve la inflación estaba entre el 20% y el 25% mensual, es muy difícil.

–  ¿Le tocó la hiperinflación de fines de los ochenta? Con 200% en el mes de julio de 1989.

—  AE: Exactamente. Entonces, esas cosas llevan a que uno diga, llegado a un punto, ‘debo apelar a diferentes recursos’. Tenía un comercio textil con un stock de telas para la temporada. Pero llegó un momento que, como no nos pagaban porque se había cortado la cadena de pagos, apelamos a hacer lo que sea para ‘hacer caja’. Ahí no podíamos buscar eficiencia.

–  Es supervivencia.

—  AE: Es supervivencia, tal cual.

Autoconfianza

–  ¿Puede ser alta la autoconfianza, a pesar de no ser buenos planificadores o eficientes?

—  Ambos: Sí.

—  AE: Creo que la autoconfianza se alimenta de tener traspiés, tener problemas que afrontar y resolver constantemente. Son cosas que a uno lo llevan a buscar soluciones. Y eso lleva a que uno tenga tantas experiencias en diversas cuestiones que va ganando autoconfianza, porque va saltando esas vallas…

–  No es la autoconfianza del necio, sino del que tiene experiencia.

—  VG: Sí, no es soberbia.

Cultura del trabajo

–  ¿Lo que ven en Crespo es un retrato similar a otras capacitaciones?

—  AE: Sí. Igual se ve que hay mayor espíritu de trabajo.

–  En Crespo se habla mucho de la ‘cultura del trabajo’. ¿En muchos lugares se plantea eso también?

—  VG: Por ahí, hay ciudades que son más administrativas. No hay tantas empresas, y eso se nota en el perfil de los participantes. Suelen tener menos iniciativas o menos visión empresarial. Acá se nota que es una comunidad pujante. Hay oportunidades para desarrollarse. Y tal vez, un poco la herencia de los abuelos, porque hubo mucha inmigración alemana.

—  AE: En los integrantes de este taller, hay dos o tres personas que han dejado el trabajo que tenían para iniciar su propio emprendimiento. Eso no es muy habitual. Son señales, nos están indicando algo. No muchas veces pasa. Están los que siguen, se cayeron, anduvieron a los tumbos, volvieron a levantarse. Otros que están en relación de dependencia, pero ya están pensando en poner su propia empresa, pero todavía deben dar algunos pasos. Salta que deben todavía aprender a autogestionarse.

–  es muy habitual empezar como empleado o peón, pensando en aprender y a los cinco o diez años, instalarse con su propia empresa. ¿Eso se ve a menudo en la Argentina?

— AE: Un poco es lo que decía Virginia, con ciudades administrativas donde el empleo público tiene mucho peso y es una cultura diferente. En otros lugares sí. Me parece que también tiene que ver el ejemplo a seguir. Por ejemplo, mi padre fue empresario. Los primeros años trabajó en empresas y luego decidió independizarse. Tuvo varias empresas, y fue producto de los tumbos que fue pegando la Argentina. También cometió errores, como me pasó a mí también. Yo podría decir que tenía el ejemplo de mi padre a seguir. En la primera empresa que trabajé, busqué rotar, mi idea era irme y montar mi propia empresa. Y así fue, me recibí y me fui, puse mi empresa en sociedad con mi padre. Está también la cosa del ‘modelo a seguir’.

Cultura emprendedora

–  De todo esto se puede desprender que no se insufla, de manera artificial, emprendedorismo si no hay un ámbito que lo facilite. Se necesitan generaciones de emprendedores para desarrollar esa cultura.

— VG: Si, el entorno te hace.

AE: No hay magia, pero el taller te puede permitir reconocer en qué tenés fortalezas, en qué debilidades y cómo trabajar para romper la inercia de no emprender.

–  Hoy sin un lápiz y escribir el plan no se puede salir adelante.

— AE: Así es. Por ejemplo, mi viejo no planificaba y en mi caso, yo era de planificar hasta el último momento.

—  VG: En mi caso he trabajado en empresas, y he tenido empresas. Mi papá es profesional y siempre tuvo su emprendimiento, su campo. Desde que yo tenía un año. Ahora tengo una empresa, mi familia tiene cada uno su empresa. También hay que tener en cuenta que, a menudo el emprendedor se forma en la cuna. Hay ciertas cosas que uno ve del papá, el anhelo de independencia, la responsabilidad, la iniciativa. Son cosas que se aprenden en la familia.

La crisis

–  Supongamos que uno hace el curso, tengo mi empresa, pero no puedo seguir. Se sabe por estadísticas que la mortandad de microempresas es muy alta. ¿No corre el riesgo la persona de caer en depresión porque ha comprado algo que no le sirve?

— AE: Sí le sirve. Mi primera empresa la cerré en tiempos de la hiperinflación, también por errores propios. Fue doloroso, porque tenía muchas expectativas puestas. Además, de esa empresas vivían mis padres, mi hermano, yo y todo el personal. Para mí fue un dolor tremendo y me costó superarlo. Pero enseguida volví a emprender y puse otra empresa con otra persona, ya no era familiar. Hice el curso de Empretec como emprendedor, y me permitió ver en qué cosas me había equivocado. Porque, a pesar de tener dos títulos, contador y un posgrado en Economía, todavía me costaba entender en qué había fallado. El taller me permitió entenderlo. Lo digo en serio, sin afán de ‘venderlo’ como un producto, pero el taller de Empretec fue un click en mi vida. Me permitió darme cuenta qué cosas tenía que trabajar para corregir. El taller no es una garantía de éxito ni una vacuna para quedar inmunizado contra cualquier crisis.

–  Pero le da una mayor claridad conceptual sobre dónde está parado.

— AE: Sí, y da herramientas para revisarse uno mismo, hacerse un diagnóstico sobre sus equivocaciones. Hubo problemas macroeconómicos, como puede ser un tarifazo muy fuerte, devaluaciones, okey. Pero, además, yo qué hice, en qué fallé.

–  Muchas veces la falta de capacidad de autoanálisis hace que uno se paralice ante la idea ‘me jodió el gobierno’.

— AE: Nosotros decimos que el auténtico emprendedor sabe identificar las causas externas, pero también sabe trabajar con las cuestiones internas.

–  ¿Es muy doloroso trabajar los errores propios?

— AE: Hay personas que les cuesta. También después de los talleres, hay gente que me ha dicho ‘yo hice cambios muy importantes en mi vida, que no tienen que ver con el emprendimiento, que tuvo que ver con otras cosas, que me costó y me dolió, pero lo tuve que hacer’.

–  O sea, se tuvo que divorciar de la mujer para seguir (sonrisas)

— AE: O ella del marido (sonríe). Hubo casos así. Me acuerdo de un psiquiatra que tenía una clínica y lo tuve en un curso del año 2000. Yo me decía ‘este tipo qué hace acá, si se las sabe todas’. Y cuando termina el taller, me da la mano, me saluda muy efusivo y me dice ‘gracias, porque me permitiste ver que estaba haciendo la peor inversión de mi vida; me voy de la clínica, no sigo más, debo buscarme otro socio, estoy haciendo las cosas mal’.

Facilitadores

–  ¿Es conveniente hacer el taller junto con socios o familiares?

— VG: No, porque el taller es una experiencia personal. Uno debe tener el espacio y la tranquilidad de mirarse a sí mismo, con todo lo que eso implica. Que haya un conocido o un socio puede ser un freno para la persona.

–  ‘Acá no puedo decir todo lo que estoy pensando, porque el otro me va a evaluar’, se piensa.

—  VG: Claro. Siempre digo que es difícil sentar a un emprendedor a que te cuente sus problemas en la empresa, como hace para llevar adelante su empresa. Eso se da mucho en el taller, que es muy participativo y la gente comparte mucho sus vivencias, opiniones, experiencias previas.

–  Entonces, Uds. son los psicoanalistas de los empresarios.

— AE: No, somos facilitadores. Es una facilitación de aprendizaje. Indudablemente, que el taller lleva a que la gente se movilice. El que se deja ‘atravesar’ por el taller, participa y se involucra en serio. Te mueve cosas, sin lugar a dudas, porque no es un taller tradicional. No llegamos, decimos cómo es un emprendedor, les decimos saquen una hoja, copien, y chau, terminamos el día. En realidad son actividades vivenciales, aparecen y se ponen en evidencia ciertas cosas de cada uno. Quedan como ‘yo hice mi propio diagnóstico y lo que me falta lo debo trabajar de aquí en adelante’.

— VG: Ser emprendedor tiene que ver con lo emocional, el emprendedor es un apasionado con lo que hace. Muchas cosas las hace desde el sentimiento y el taller es muy movilizador para el participante desde los sentimientos. Se busca que el participante tenga la libertad de revisar su conducta, explorar y tener el derecho a equivocarse. Eso genera un aprendizaje, no para generarle problemas con el socio o con el marido.

–  ¿No desemboca muchas veces en reforzar el individualismo? ¿No puede terminar el taller siendo ‘te vendo el método para llegar a ser el gran empresario corporativo que maneja el mundo’?

— AE: No. Porque, en primer lugar, siempre decimos que el emprendedor solo contra el mundo no puede. Muy lejos no va a llegar. Seguramente va a necesitar socios. Necesita de un muy buen equipo de trabajo. Tiene que trabajar mucho para que sea un buen equipo. Que no se trata solamente de liderar. Se trata de capacitarlo y darle una altísima participación, porque el equipo tiene muchos saberes que él no tiene. Si el emprendedor cree que puede resolver todo solo, corre el riesgo de chocar contra una locomotora. Que, de hecho, pasa muchas veces.

–  Lo que venden los medios es ‘Jobs, Gates, el tipo que se hizo desde el garage de la casa paterna’

— VG: Pero se rodeó de los mejores.

–  ¿Terminó siendo un coordinador de grandes cerebros?

— AE: En muchos casos sí. Otra cosa es después como ellos se venden.

— VG: Es verdad que el fundador de la empresa es quien tira del carro, quien lleva la estrategia, el que empuja y está detrás de todos los temas. Pero, solo no va a llegar muy lejos.

—  AE: Necesitás equipo, apoyo de otras instituciones y de otros empresarios. No se puede luchar contra el mundo solo, porque es como luchar contra los molinos de viento.

América Latina

–  Cuando se encuentran con latinoamericanos, ¿les cuentan cosas parecidas o Argentina es un mundo muy particular?

—  VG: La realidad es muy parecida. Los latinoamericanos tenemos cierto sesgo.

–  O sea, que los argentinos somos un trasplante de Europa es un mito que hace rato se cayó.

—  Ambos: Sí.

—  AE: Ahora tenemos otras características, más latinoamericanas.

—  VG: He tenido la posibilidad de visitar como instructora, Paraguay y Ecuador, y me he encontrado con gente muy trabajadora, muy seria, muy educada y con mucha iniciativa. Cosa que a veces uno extraña acá. No somos un trasplante de Europa. Al contrario, tenemos muchísimo que aprender de nuestros vecinos.

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