Crespo.- Cruzando la ruta 12 en la zona norte del ejido de Crespo, en un espacio caracterizado por una densa forestación y con una historia acumulada de 50 años de una cabaña avícola de calidad, Granja “San Pedro”, la familia Schaffner reconvirtió sus actividades productivas y se dedica a otra producción de excelencia: la cría de caballos criollos. Ahora, con el nombre Cabaña “La Entrerriana”.

El arquitecto Turmo Schaffner, su esposa Teresa Pascual Spada, su hijo Matías, y su hermano, el ingeniero Mauricio Schaffner, el sábado 1º de julio fueron anfitriones de un grupo de jóvenes integrantes del Ateneo de la Sociedad Rural Argentina, en una jornada de demostración. También fueron invitados para dialogar con los visitantes la contadora Noelia Zapata, gerente de La Agrícola Regional, el director de Paralelo 32 Luis Jacobi, y el presidente de SRA, Luis Miguel Etchevehere.

La cabaña

En diálogo con Paralelo 32, el arquitecto Schaffner señaló: “Continuamos el trabajo de nuestro padre, Pedro Schaffner. Fue la antigua Granja San Pedro, un establecimiento avícola de punta, fundado hace más de 50 años. En el año 2000 dimos un giro y transformamos la granja de producción de huevos a una cabaña de producción de equinos. Hoy es una ‘horse farm’, en términos americanos, donde hacemos caballos de alta competencia de la raza criolla. Tenemos varios campeones y subcampeones nacionales, hemos exportado caballos a Brasil, Paraguay y Uruguay. Tenemos un mercado muy firme para nuestros productos. Son caballos de alto valor porque es una genética muy seleccionada. Yo siempre digo que esto no es un supermercado, es una boutique”.

“Tengo un amigo, Etchart, que hace vinos. Y la abuela dice una cosa muy simpática: ‘hacer vinos es fácil, el problema son los primeros cien años’. En esta cabaña, competimos con gente que tiene muchas generaciones de criadores. En quince años, que es media generación, logramos imponer nuestra marca a nivel nacional e internacional”, agregó con orgullo el criador. Comentó que la cabaña logró nivelar ingresos y egresos a los 10 años de iniciada la explotación y ahora están en plena expansión empresaria, fijándose metas especialmente en los mercados internacionales.

Crianza

Schaffner describió en números la empresa familiar. En la actualidad, tienen un stock de 125 animales, producen aproximadamente 30 potrillos por año, de los cuales se venden unos 24 y el resto va a reposición de madres. En total, trabajan 8 personas. Según el criador, a nivel nacional puede haber una veintena de cabañas de este tipo. La Asociación Argentina de Criadores de Caballos Criollos, que regula y certifica la actividad, tiene 900 socios, se producen 7 mil potrillos anuales sobre un stock ganadero de 60 mil caballos criollos de pedigrí.

“Nuestros caballos están orientados a los deportes que organizan la Asociación y la Federación Internacional de Criadores de Caballos Criollos. Son deportes ecuestres basados en las tareas de campo. Somos campeones y subcampeones, varias veces, de una prueba que se llama ‘Freno de Oro’, que es una prueba integral de tres días, con nueve movimientos, de los cuales uno es un puntaje fenotípico, es una evaluación zootécnica del animal. Después hay ocho movimientos funcionales, algunos de rienda y otros con vacas”, señaló el entrevistado.

La raza criolla

Schaffner destacó que la raza de caballos criollos tiene una “increíble capacidad para sobrevivir en condiciones adversas, esto hace que sea una raza económica. Con un poquito de pasto sobrevive muy bien”. Es una raza caballar de uso mixto, para trabajo o para deportes específicos, como destrezas ecuestres. A nivel internacional compite con los ‘quarter horses’, la raza ‘cuarto de milla’ desarrollada por los norteamericanos.

Europa y Estados Unidos no tienen mercado en el caballo criollo, que es una raza fundamentalmente latinoamericana. “Para los estadounidenses y europeos, recién ahora está empezando a existir un mercado de la raza criolla”, aclaró Schaffner. Comentó que hay un circuito enorme de exposiciones y competencias todas las semanas en distintos puntos de Argentina. “La raza criolla es la raza más popular del país”, agregó.

Historia

La Asociación Argentina de Criadores de Caballos Criollos tiene 90 años, se fundó para rescatar esta raza legendaria “de muchísima rusticidad, descendientes de los caballos que habían traído los españoles y se escaparon a las pampas”, señaló Schaffner. Esos primeros caballos se habían reproducido solos, después fueron usados por los indios, que generaron caballadas muy importantes. A fines del siglo XIX los ganaderos empezaron a mestizar con razas europeas. “Cuando empezaron a mestizar se dieron cuenta que empezaban a perder rusticidad, longevidad, guapeza y fertilidad de los caballos criollos. Se hizo un trabajo de muchas generaciones para depurar del mestizaje; para ser caballo criollo, hoy debe ser de madre y padre criollos inscriptos. Primero hubo un registro preparatorio, luego un segundo registro y finalmente un registro cerrado”, dijo el entrevistado.

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