Crespo.- Ramón Leonarduzi es un experimentado martillero de hacienda de “La Ganadera” de Ramírez, cooperativa que llegó a conducir como gerente general desde 1999 hasta 2013, hasta que se jubiló. En una extensa entrevista con Paralelo 32 repasó su vida como martillero y su experiencia como cooperativista. “Cuando entré a La Ganadera en 1971 éramos siete empleados en la cooperativa, incluyendo a don Guillermo Bender, que la había fundado y don Guillermo Erbes, el gerente. En esa época había unos 800 asociados. Ahora, suman entre 1.200 y 1.300 socios. La tendencia es a aumentar la masa societaria porque se están incorporando muchos socios nuevos, a partir de abrir sucursales. Además, hay corralón de materiales, hormigón elaborado, seguros, insumos para el agro, comercialización de granos.

–  Ya no es tan sólo ‘la Ganadera’

—  No. Quedó el nombre porque acá siempre se la conoció como “La Ganadera”. En primer lugar, siempre está la actividad de remates-feria, luego sigue el acopio de cereales, que también es importante.

Trabajo mixto

–  ¿Cómo afectó al negocio de las ferias el avance de la frontera agrícola?

—  En ingresos por remates no nos afectó mucho, pero tuvimos que abarcar zonas más amplias para conseguir oferta. Al venderse las ‘fábricas de terneros’ que son las vacas, tuvimos que empezar a ir más hacia el norte, a María Grande, La Paz, Hasenkamp. Cada uno o dos meses, estamos con remates en Esquina, Corrientes, y hacemos remates televisados también. Antes de estar en la gerencia, era jefe de hacienda. Siempre lamenté cuando veía productores que desechaban animales para dedicarse a la agricultura. Yo trataba de convencerlos que no lo hicieran. En nuestra zona, el trabajo de nuestros padres y abuelos siempre fue mixto, con agricultura y ganadería, para la recuperación de los suelos, porque si uno les da agricultura permanentemente, se degradan los suelos. Ellos fueron muy sabios; siempre digo que los viejos no tenían ingenieros agrónomos, pero se sentaban a meditar debajo de los árboles tomando mate, y planificaban qué hacer en el campo.

–  Con una visión ecológica, sin denominarla de esa manera.

— Sí, sabían cómo trabajar, sin decirlo así. Después vino la tecnología, la provisión de nutrientes que hasta el día de hoy se sigue utilizando.

–  ¿No hay peligro en usar demasiados nutrientes?

—  En algunos casos, se han usado excesivamente nutrientes y no se tuvo en cuenta la rotación de suelos. Los ingenieros han hecho un buen trabajo y lograron recuperar la rotación de cultivos, para que el suelo se vaya recuperando, porque cada cultivo consume determinado nutriente. ¿Cuál es la razón de rotar cultivos con ganadería? Que uno deja descansar una pradera y durante cuatro o cinco años ese suelo no se toca, recupera nutrientes naturales y cuando se vuelve a trabajar esa tierra, se encuentra con un suelo prácticamente nuevo. Hay muchos productores que lo están trabajando. Al principio se desplazó la ganadería, pero en base a charlas y trabajo, logramos convencer a muchos para volver a un laboreo mixto. Hoy se trabaja con bastante hacienda, si bien no todo se trabaja a campo, porque la mayoría lo está haciendo con feed lot. Pero, cultivan praderas, alfalfa, que es un cultivo espectacular para los nutrientes. Se están recuperando suelos. Pero no es fácil volver a la ganadería para quien la dejó. El proceso agrícola tiene seis meses, hasta la primera cosecha. Con la hacienda, tarda años. Primero tiene que lograr preñar la vaca, ocho o nueve meses hasta que pare. Luego, se desteta el ternero a los seis meses. Después el ternero necesita un año y medio para sacar un novillo de 400 kilogramos; desde el inicio lleva dos o tres años. El proceso de hacienda es más largo que el de cereal. Si se cuenta con pasturas y reservas suficientes, es un negocio más seguro, salvo que entre alguna enfermedad. Pero la agricultura depende mucho del clima.

Los remates

–  ¿Cómo es el remate televisado?

—  Se concentran en un salón los interesados, se les muestra en una pantalla los distintos lotes que se filmaron y hacen la puja. Puede ser por canal abierto, hay remates que pasa Canal Rural. El sistema evita el doble traslado. La cooperativa filma los lotes y lleva la filmación al remate. Después, se busca el lote en el campo y se lo lleva al lugar que indique el comprador. El vendedor se ahorra el flete y andar llevando el animal de un lado a otro. Se avisa que día el comprador busca el animal, se emite la guía y se busca la hacienda comprada. Se organiza un remate televisado cada mes o mes y medio. En los remates generales se concentra la mayor cantidad de hacienda, con 1.400 a 1.600 animales.

–  ¿Cuándo entró en 1971 a la cooperativa cuánto se remataba?

— Era mucho menos. Yo no entré como rematador, estuve nueve años en la administración. Me recibí de martillero en 1978, empecé a trabajar y al poco tiempo, don Guillermo Bender dejó. Después tomé el trabajo de campo y hacienda, hasta 1999, que pasé a la gerencia cuando falleció, muy joven lamentablemente, Carlos Mayer.

El oficio del martillero

–  Ser martillero debe ser algo más que usar el martillito y hablar desde la tarima.

—  Sí. Cuando era jefe de hacienda, buscaba animales, manejaba el encierre cuando la hacienda venía a remates. Se hacía a la mañana, desde muy temprano hasta pasado el mediodía. Después nos volvíamos a casa, nos bañábamos y regresábamos al remate hasta terminar. Tengo como anécdota un remate realizado un 2 de mayo. Lo empezamos temprano, con 2 mil y pico de cabezas. Estuve hasta las 2 y cuarto encerrando animales; me fui, me bañé, volví y empecé a las tres menos cuarto el remate. Sólo estaba yo de martillero. Lo terminamos a las 3 menos cuarto de la mañana, doce horas rematando. Al otro día no podía ni hablar.

–  Pero terminó el remate de todos los lotes.

—  Sí. Siempre tuve en la profesión el cuidado por los momentos previos al remate. El día anterior me acostaba temprano, nada de asado o vino. Descansar bien para estar lúcido al día siguiente. Para un martillero subirse a la tarima y rematar es como para un actor dar una obra de teatro solo. Tiene que estar bien y atento para mantener su público que lo atienda. Si va a atender con mala cara o mal humor, va a ser un fracaso el remate. Al subirse a la tarima a los compradores no les interesa si a uno le duele el pie o tiene problemas en su familia. Ahí hay que estar lúcido y activo, con el mayor dinamismo posible. Lo fundamental es la actitud, tener buena actitud siempre. Con el tiempo, se va conociendo a cada comprador, el tipo de hacienda que suele comprar. Cuando entra un lote a la pista, el rematador ya sabe quién lo puede comprar, o quién lo puede ‘correr’. Pero hay que estar atento.

–  ¿Cómo conoce el rematador que un comprador con una simple seña le está haciendo determinada oferta?

—  Es la experiencia. El martillero maneja en cada remate si las ofertas aumentan de cinco en cinco o de diez en diez pesos, por ejemplo. Si el mercado está muy acelerado, se puede llevar de a veinte pesos. La seña está determinada por el pedido de precio que hace el rematador. El martillero debe tener conocimiento de los lotes, saber qué pedir como precio base para iniciar la puja.

–  ¿Cada operación termina cuando se baja el martillo?

—  Exacto, es lo legal. Una vez que se bajó el martillo ‘no hay tata ni mama’. Lo que se respeta siempre es la pretensión del vendedor. Si me dicen ‘mi novillito por menos de 36 pesos, lo retiro’. Si no se llega a ese precio, se retira el animal. Si alguien después hace una oferta fuera de remate, por algo menos, se consulta con el vendedor y se pasa el animal de vuelta. En la cooperativa somos respetuosos de las pretensiones del cliente. A veces, vendimos un animal y al cliente no le gustó el precio conseguido, también tenemos de esos reclamos. Siempre pedimos que nos avisen cuando tienen pretensión de cierto precio. Además, los mercados pueden tener altibajos. Frigoríficos que salen a comprar a buen precio para su faena, una vez que consiguieron la cantidad que necesitan, pueden seguir comprando a menor precio y hacen caer las ofertas. Eso no siempre lo comprende el productor, pero hay que explicarle por qué un precio cayó cuando tenía otras expectativas de venta.

–  Además, puede haber diferencias entre regiones. El precio en Liniers, o en Rosario, no será el de Ramírez.

—  Normalmente sucede eso. Los mercados son muy cambiantes. Hoy el 80% de la faena de vacunos va a consumo interno. Está aumentando mucho el pollo y el cerdo, por eso ha caído el consumo per cápita. Otro factor es el clima, que a veces hace flaquear las pasturas. En feed lot, cuestan mucho los granos. Y a veces se ‘termina en la raya’ en la compra y en la venta.

Estudiar para martillero

–  ¿Dónde estudió martillero público?

—  Estudié en 1976 con la ley 20.266, Ley de Martilleros Públicos. En esa época, la carrera no era universitaria, era de tipo terciario. Se rendía en el poder judicial. El examen me lo tomó en Paraná el juez Eduardo Graff Hetze, conocido abogado de Ramírez. Se rendía en base a una cartilla que incluía conceptos, condiciones para un martillero, y la ley básica. Aprobando eso, lo habilitaban para rematar en la provincia. En esa época había que inscribirse en la Cámara de Consignatarios de Ganado de Buenos Aires. Hoy es distinto. Estando de gerente en la cooperativa, se me abrieron las posibilidades de tener el título de Martillero Universitario, rindiendo 11 materias en la Universidad Nacional del Litoral. Asumí el desafío, ser gerente y estudiar once materias no fue fácil. Me tragué un año, que no me moví de mi casa. Del trabajo a los libros, de los libros al trabajo, me costó muchísimo. Las aprobé y obtuve el título universitario. Era un curso bastante completo y muy acelerado. Nos tomaban los exámenes en el Colegio de Martilleros Públicos de Paraná y el último examen lo hice en Santa Fe.

–  ¿Hoy se necesita una formación mayor que cuando Ud. comenzó?

—  Sí. Yo siempre digo que el examen final el martillero lo da cuando se sube a la tarima a hacer su primera subasta. En 1974, en la Cámara de Consignatarios en Buenos Aires hice un curso de martillero. Allí estuve con dos martilleros públicos, un cordobés y un bonaerense, que nos dieron una gran cátedra. Los conceptos que los tipos escribieron para los momentos previos. Si uno estando ahí arriba se siente incómodo o ve que la tribuna lo sobrepasa, debe dejar, porque no es el oficio para uno. Se debe sentir seguro y con convicción, mantener todo activo y el público entretenido.

–  ¿Le ha tocado un día malo que tuvo que bajarse de la tarima?

—  No. Nosotros consideramos remates difíciles cuando no hay interés de la demanda, cuando cuesta arrancar con los lotes. A veces, los precios no están dentro de lo que esperábamos, consultamos con el dueño del animal y si no quiere seguir la subasta vuelve al campo. Son los momentos ‘feos’ del oficio y me han tocado pila de veces. Por otro lado, hay remates que, por ahí, se hacen solos.

Más sobre el oficio

–  ¿Los remates se hacen animal por animal?

—  No, es lote por lote. Pero cada lote puede tener un animal, cinco, diez o veinte, depende lo que se haya mandado a la feria. Generalmente, son lotes chicos en el caso de la cooperativa. De cada consignación tenemos en promedio diez cabezas. En 1.500 cabezas por remate, podemos tener 140 o 150 consignaciones que nos han mandado. Son productores chicos, que mandan diez animales y mezclan un toro, vacas conserva, invernada. Es lo que tenemos que clasificar a la mañana cuando llegan los animales, mandando cada tipo de animal al corral que corresponde. Los lotes se hacen por categorías. No se ponen en un mismo lote animales de distintas consignaciones.

–  Si aparece un comprador nuevo en la tribuna cómo sabe si es solvente.

—  Es una norma que todo nuevo comprador se presenta antes con sus credenciales. Si se presenta en el mismo día, da referencia de una firma que lo conoce. Nosotros llamamos a esa firma y nos dicen de quién se trata, qué confianza podemos tenerle. O si no, lo otro que aparece es un tipo que viene con cheques. Vamos viendo si tienen valor, si los conocemos no hay problemas. Se ha afinado mucho el tema de controles.

–  ¿Hasta qué punto es referente el mercado de Liniers?

—  Es importante, porque es un hacedor de precios. En base a lo que sale por Liniers son los precios que trabajamos en el interior. Liniers tiene muy buena calidad de hacienda, los novillos de Buenos Aires son bien terminados y de buena genética. El rendimiento (la carne limpia que queda sacando cuero, cabeza, etc.) es de 58% o 60%. Nosotros andamos en el 54% a 56%. Acá hemos tenido precios incluso mayores a Buenos Aires, cuando hubo poco hacienda liviana buena, los lotes que entraban se los sacaban de las manos. Un ternero hacía 30 pesos acá y en Buenos Aires, 28. Era más referente el mercado de La Ganadera que Liniers.

Ser cooperativista

–  ¿Cuándo se retiró?

—  Me jubilé a los 65 años. Cumplía esa edad un sábado, el lunes previo fui a la reunión habitual de Consejo y al finalizar el encuentro les dije a los consejeros que el lunes siguiente debían tener un nuevo gerente porque yo renunciaba el sábado. Lo único que les pedí fueron tres meses más trabajando con el sueldo, hasta completar los trámites de jubilación. Estuve hasta el 31 de enero de 2014 como empleado y después seguí contratado como martillero.

–  ¿Qué debe hacer un gerente de cooperativa?

—  Un gerente de cooperativa debe saber que el sillón le pertenece como gerente, pero que debe tomar las decisiones importantes mínimamente consensuadas con el Consejo de Administración. Las decisiones diarias se pueden tomar sin grandes consultas. Pero las cosas importantes las debe trabajar con el Consejo. Como gerente siempre decía al personal que deben entender al productor cuando solicita algo, porque ese hombre ayuda a que uno cobre su sueldo todos los meses, entonces hay que saber atenderlo.

–  ¿Por qué se puede echar a perder una cooperativa?

—  Porque se toman decisiones inadecuadas, porque no se consensua las decisiones importantes. Por ejemplo, abrir un nuevo rubro sin estudiarlo. Hay que incorporar una actividad que brinde servicios a los asociados, y no se puede incorporar algo que dure un tiempito, porque va a costar inversiones. Me ha tocado analizar muchos proyectos, y cuando los he llevado al Consejo planteé que eran ‘muy lindos a futuro, pero hoy no es una solución ni un beneficio para el productor, por lo tanto no sé si conviene aplicarlo o no’. Porque en las asambleas después hay que escuchar a los socios cuando hablan. Si uno invierte en algo que no va a dar resultado, no sirve. Me acuerdo del estudio para poner chanchería. Visitamos varios establecimientos en Santa Fe. Vimos que el negocio del cerdo es lindo, pero cada tanto aparece Brasil, tira el precio para abajo y el negocio se plancha. Cuando expliqué al Consejo dije que debíamos invertir mucho y no creía que íbamos a beneficiar a los socios. Se decidió no implementarlo. El secreto para el desarrollo de las cooperativas es abrir el abanico de actividades. Si se empecina con un solo rubro y ese rubro comienza a decaer, la cooperativa entra en dificultades. En La Ganadera diversificamos de ganadería a acopio de cereales; hoy con acopio de cereales solo las cooperativas tienen fuertes dificultades financieras. Por eso se incorporaron seguros, laboratorios, servicios de ingenieros agrónomos. Lo único que no tenemos es supermercado, por respeto a la cooperativa colega CAUR que lo tiene en Ramírez.

–  ¿Ser cooperativa da ventajas frente a la empresa privada, al no tener que elegir por apellido la nueva generación de conductores, sino sólo por capacidad?

—  En la Ganadera no se busca por grado de parentesco. Es una fortaleza de cualquier cooperativa. Acá tuvimos cooperativas que trajeron gerentes de afuera y no sirvió. El Consejo de Administración debe ser muy ‘pulido’ para trabajar como cooperativa, porque si no se cae.

–  En cooperativas grandes se necesitan gerentes fuertes, porque muchas veces en el Consejo de Administración predomina una visión conservadora, ‘chacarera’, que no está a tono con los tiempos.

—  En La Ganadera me tocó luchar mucho. Siempre que se hizo un proyecto, lo analizábamos los jefes de secciones, lo pulíamos bien y presentábamos con mucho fundamento para hacerlo. Los consejeros finalmente decidían, pero con propuestas muy claras de nuestra parte. Me costó mucho convencer al Consejo para comprar el campo de Echagüe, donde desarrollamos un semillero propio porque teníamos costos muy altos arrendando campos y cultivos para semillar. Además, les mostré cómo un campo de 700 hectáreas está cubriendo las espaldas de la cooperativa con lo que representa como patrimonio. Por suerte, lo entendieron así y hoy están más que satisfechos por tener ese campo.

Quién es

Ramón Andrés Leonarduzi tiene 69 años, nació el 31 de agosto de 1948, en Ramírez. Su niñez vivió en el campo, en Don Cristóbal. Hizo hasta segundo grado en la escuela Nº34 “Granaderos de San Martín” de Don Cristóbal, y terminó la primaria en Aranguren. Hacía diez kilómetros a caballo o en bicicleta, lo habitual en esa época. Terminó la secundaria en un bachillerato acelerado en el “Antonio Sagarna” de Nogoyá. Luego rindió para martillero.

Fue gerente de La Ganadera desde 1999 hasta 2013, etapa en la que se compraron campos por 700 hectáreas en Echagüe (Departamento Tala) y la planta de silos y embarque en Pueblo Brugo, sobre la costa del Río Paraná.

Leonarduzi está casado desde hace 39 años con Liliana Mabel Agüera, oriunda de Tabossi. Tienen tres hijos: dos varones que son contadores y licenciados en administración de empresas y una mujer, psicopedagoga, y dos nietos de la hija.

Los Dalton

En su juventud, Leonarduzi integró junto a Julio Videla, Humberto Gadea y Teófilo Simoine, el conjunto musical Los Dalton, que hacía música latina de la época, tocando en fiestas y bailes temas de “Los Iracundos”, “Los Ángeles Negros” y otras bandas famosas de los sesenta y los setenta. Antes, había comenzado en el ambiente musical de la zona con “La Voz de Mayo” del músico Alberto Gross.

Leonarduzi/Leonarduzzi

“Yo firmo con una zeta, pero los Leonarduzzi de Italia firman con doble zeta.  El apellido Leonarduzzi, con doble zeta, es originario de la Austria italiana, Tirol. Según mi padre, vinimos de Austria, de italianos expulsados de esa zona”, comentó el entrevistado.

Martillero de alma

”El tema del martillero se me despertó cuando vi un remate de hacienda, con Carlitos Müller de la Ganadera. Tenía 8 o 9 nueve años y me quedé entusiasmado con el trabajo de Müller, eso me marcó. Más me marcó cuando fui a Buenos Aires y dos instructores de Buenos Aires y Córdoba me dieron la formación. Empecé a rematar el 31 de agosto de 1978, día que cumplí los 30 años. Don Guillermo Bender me dijo ese día que debía debutar rematando vacas conserva. Ya tenía experiencia manejando 8 años la tribuna, conocía los compradores haciendo boletas. Ese día ‘volaba’ con el martillo. Después Bender me dijo ‘en seis meses me voy, siga Ud’. El 31 de agosto voy a cumplir 40 años como rematador. Tengo un acuerdo de palabra con La Ganadera para seguir desde que me jubilé, cuando quiera me retiro. Si quieren que me vaya antes para darle lugar a los jóvenes, simplemente me dicen y yo al otro día dejo”.

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