Crespo.- En tiempo de vacaciones el regreso a su país fue propicio para que Karina Lillo, afincada hace dieciséis años en Suecia, visite Crespo donde reside su hermano el psicólogo Pablo Lillo y familia, y a los tantos amigos que cosechó en los años de estudios en Libertador San Martín, antes de partir al primer mundo. Tiene tres hijos, Cynthia la mayor de 17 años es argentina, nació en Libertador San Martín; Sofía de 13 años y Xander de 4, nacieron en Suecia. Los tres hablan español, sueco e inglés.

Entrevistada por Paralelo 32, Karina habló de la vida en Estocolmo, una de las ciudades más atractivas del mundo. “Le dicen la Venecia de Escandinavia porque está rodeada de agua. La vida allí es muy organizada, muy tranquila, la familia está en primer lugar, a los niños y los abuelitos se los tiene en cuenta. La gente es bastante reservada, pero se pueden lograr buenas amistades porque el sueco es una persona de palabra, también muy puntual. El sueco no cuenta lo que le pasa, su mentalidad es cuanto menos cuento, mejor”, señala Karina.

Esta argentina, nacida en Bahía Blanca, destaca la organización de la estructura y la economía del país que la recibió como inmigrante y le dio la posibilidad de estudiar gratuitamente su idioma. “Salí de Ezeiza el 17 de diciembre de 2001, el mismo día en que el presidente de La Rúa se estaba yendo en helicóptero de la Casa Rosada”, dice.

Karina forma parte de la gran legión de jóvenes que por entonces abandonó el país en busca de nuevos horizontes. Algunos fueron a España, otros a Estados Unidos, y ella optó por Suecia. “Fui en busca de nuevos horizontes ya que la Argentina estaba mal económicamente”, cuenta.

Ser inmigrante

– ¿Le costó mucho adaptarse a la vida en Suecia?

—  Sí, a la comida, a los horarios. Para visitar una amiga había que llamar por teléfono para ver si podíamos juntarnos, o no, esa semana, ese mes o al siguiente mes. Costó bastante el idioma. Todos los extranjeros que llegan y se radican tienen la obligación de asistir a una escuela donde enseñan el idioma sueco, para después poder insertarse en la sociedad. 

– ¿Que preponderancia tiene el idioma inglés?

— Es la segunda lengua de los suecos, ayuda mucho para ir a comprar, pasear; pero para trabajar y estudiar hay que manejar el sueco. Es la llave para poder seguir desarrollándote y encontrar tu lugar en la sociedad. En la escuela de idioma tuve que estar ocho horas diarias, de lunes a viernes por un año, y pude aprender. Si en la casa uno trata de escuchar música en sueco o tener amigos que lo hablen, mucho mejor.

La vida en el primer mundo

– ¿Cuál es el nivel de vida de Suecia?

—  Hoy llegar a la Argentina me cuesta lo mismo que estar vacacionando en Suecia. La ropa, la comida, salir a restaurantes, salen lo mismo. Creí que en la Argentina estaba más barato. Pero hay una diferencia importante. El nivel de vida en Suecia es alto pero también son altos los ingresos y las ayudas del gobierno. Los chicos tienen una cuota del gobierno de 120 dólares por mes para sus gastos, desde el primer mes hasta los 16 años y es para todos, ricos o pobres. Y hasta los 18 años tienen gratis la atención de salud y odontología. No hay lugares privados, todo es estatal. Todas las personas tenemos el mismos valor, tengamos o no un estudio, hombres y mujeres. Se está luchando mucho para que los salarios del hombre y la mujer sean iguales, es uno de los países que más lejos ha llegado en la lucha por la igualdad del hombre y la mujer”. Tan lejos ha llegado que Karina cuenta la anécdota de que al subir a los trenes las mujeres reciben los mismos empujones que los hombres, en eso también consiste la igualdad, sin ningún tipo de disculpas.

– Se habla mucho del sistema de salud en países como Suecia. ¿Cómo es?

— Si tengo un problema de salud, aunque tenga dinero o sea un personaje conocido de la televisión me tengo que comer la misma cola que todos para la emergencia. Y en la emergencia se atiende primero al que está más grave. Ven el cuadro y llaman, aunque haya otros esperando antes, porque primero está  la vida del paciente. Si tienes un hijito y cumple un año ya está el sistema preparado para dejarlo en la guardería y cada uno según los ingresos que tiene el papá y la mamá. Es un sistema muy justiciero. Ganas poco, pagas poco;  ganas mucho, pagas mucho. Lo mismo, el 30% que se paga de impuestos que van al Estado, lo devuelve con salud y educación. Los chicos tienen una cuota del gobierno de 120 dólares por mes para sus gastos, desde el 0 mes hasta los 16 años y es para todos, ricos o pobres.

– Ud. habla de los chicos. ¿Y a los adultos cómo los trata el sistema de salud?

— No hay obras sociales, pero hay un mínimo que pagan todos, es el mismo precio. Cuando se llega a un gasto de 1.200 coronas o sea 120 euros, a partir del último pago se tienen  gratis por un año todas las consultas médicas. Tenemos un número personal con  la fecha de nacimiento y cuatro más que nos identifican. Decís tu numero lo ingresan en la computadora y en el sistema sale toda tu vida. Toda tu identidad está en ese número. Un adulto si se enferma tiene un apoyo muy grande, pero también uno va pagando el seguro de su casa, de viaje, agregando por si se rompe la computadora, si el nene rompe el celular. Hay un riesgo que uno paga de 120 euros que es lo que piden.

–  ¿A cuánto asciende un sueldo promedio en Suecia?

—  Un sueldo medio en Suecia, 3.500 euros más o menos. Pero el alquiler de 50 metros cuadrados de un ambiente, puede salir 2.500 euros. La vivienda es cara. Se puede llegar a tener vivienda propia, pero el terreno es del Estado, no de uno. Igualmente es muy bajo el costo que percibe el estado por el lugar donde se construye el departamento y es una cifra que se paga todos los meses.

– ¿Cómo hacen efectivo el  30% de los impuestos que pagan?

— Uno gana en bruto. Todos los meses, recibís el detalle en tu casa por email donde está la especificación salarial, cantidad de horas trabajadas, detalle del sueldo y el descuento del 30% que nunca llega a nuestras manos porque es el Estado que se lo queda.

– ¿Hay pobreza?

– No se ve, pero hay alcoholismo y drogadicción, entonces utilizan mal el dinero. Hay una línea gratis para los chicos golpeados en la casa, hay otra para el bullying.

Padres, alumno y docentes

– ¿Cuál es la situación del sistema educativo?

—  En Suecia hay muchas posibilidades de estudio. Hay lugares como la casa de la cultura que dan cursos todo el tiempo por internet. Encontrás por todos lados, secundario, terciario. En ese país la escolaridad primaria es de 9 años y el secundario de 3. En los tres primeros grados de primaria no se califica al alumno con una nota porque no se cree conveniente traumar al niño que está empezando su alfabetización, viviendo una etapa muy distinta del juego en el jardín. Se deja que se vaya adaptando. Dos veces por año se hace una evaluación de crecimiento a la que se llama a los padres. Al chico se lo sienta para conversar con los padres y con la maestra. Es obligatorio que los padres estén, porque es un equipo, es un respaldo. Si no está el padre, irá la madre o un apoderado, sino una asistente social. La organización que se encarga de familia después se ocupa de ver qué pasa con el chico porque no están los padres, se toma el problema, desde un principio. Mi hija llega tarde o no fue a la escuela y recibo a mi celular la comunicación de lo sucedido. La escuela tiene el control de los chicos a los 4, 5, 6 años, todos los años, eso se cumple, como las mujeres que a partir de los 40 años tienen un control ginecológico a nivel nacional, que si no se asiste, queda documentado. Los últimos tres años del primario se hacen las pruebas nacionales para ingresar al secundario. En el secundario el alumno elige entre Humanidades; Ciencias Naturales o Técnica. Son tres años y entran a las ramas según lo que quieren seguir, se equivocan el primer año, se pueden cambiar a la otra modalidad.

–  ¿Es fácil el acceso a las escuelas?

—  La ciudad está muy bien distribuida, hay escuelas cerca de las estaciones, hay movilidad, los chicos salen con lluvia, con nieve, no faltan. No se puede faltar. Si hay chicos que no pueden comprar anteojos, el Estado les ayuda. Ahora hay una campaña y hasta los 16 años todos los consiguen gratis por una empresa.

Terapista ocupacional

– ¿En qué trabaja?

— Tengo un puesto de terapista ocupacional en un geriátrico donde viven 33 abuelitos diagnosticados con Alzheimer, procedentes de distintos puntos de Latinoamérica que viven en Suecia desde los años setenta. Los abuelos que atiendo aprendieron el idioma sueco, pero como consecuencia de su desgaste mental y con la aparición del Alzheimer perdieron ese conocimiento. Todos ellos tenían un diagnóstico no muy bueno viviendo en asilos donde no estaban activados, aunque tenían muy buena atención médica. Les faltaba un poco de vida social, de entretenimiento y no tenían una buena comunicación lo que les impedía transmitir lo que sentían. Para estas afecciones se les dan frenos, como se le llaman a los medicamentos que van apaciguando la enfermedad con el objetivo de darles una mejor vida, es lo único que hay. Faltaba atenderse la parte emocional –agrega la entrevistada-. Esta nueva compañía (N. de la R.: la empresa para la que trabaja) abrió centros para abuelos en distintos idiomas. Hay uno en finlandés, en sueco, en persa (idioma de Irán), en árabe y otro en español”.

–  ¿Cuál es la función de esos centros?

—  Darle la mejor calidad de vida en la última etapa de la vida, que es una etapa que hay que vivir también lo más digna y tranquilamente posible. A eso se está enfocando la empresa y quiere ser original. Los abuelos reciben comida del país de origen porque el abuelito va perdiendo los sabores, se van apagando con los años los sentidos como el oído, la vista, el gusto, o la percepción de lo que está a su alrededor. Donde yo estoy, comen comida latina, se hacen distintos menús para el que es nativo de Chile, de Argentina, por ejemplo.

– ¿Quién puede pagar ese servicio?

—  El gobierno, con el 30% que ha dado el abuelo durante toda la vida. El gobierno lo devuelve. Los abuelitos que tienen baja pensión tienen la posibilidad de vivir ahí. En algún lugar de Suecia tienen que estar. El sistema está preparado para que después de una jubilación y con una enfermedad vivan en un geriátrico, porque la familia no está preparada para atender a los abuelos. Suecia está configurado para que los dos en la casa trabajen y los hijos estudien.

– ¿De qué modo activa a sus abuelitos?

— Me dan la libertad de crear actividades, preguntarles que les gusta, qué hacían cuando eran jóvenes, y algo recuerdan. Mi responsabilidad es tener dos actividades generales. Una a la mañana, media hora nomás, porque más no es recomendable una actividad. En eso tenemos juegos de pelota de trapo, bien hechas, para que no les duelan las manos, ponemos una música movida y vamos tirando la pelota, les hablo, digo el nombre. Hay abuelitos que pueden tirar más, pero otros sólo la pueden agarrar y se sienten felices de hacerlo. Hay que adaptarse a ellos, estoy en función de ellos. Tenemos el bingo o la lotería. Algunos son excelentes para colocar las fichitas. Más o menos el personal tiene identificado para qué actividad va cada abuelito. Hay actividades como escuchar música: tangos, boleros, salsa. La idea es activarlos en la parte motriz; hacen yoga, sentados; ejercicios de relajación. A la tarde tenemos conciertos de grupos que van a tocar música, contactos con las embajadas, festejamos el día nacional de la Argentina, los cumpleaños y el centro es el abuelo”.

–  ¿Cómo es la vida del abuelo en un geriátrico?

— El abuelito tiene que llevar sus pertenencias a donde va a vivir. Tratar de armar su cuarto de la mejor manera, parecida al lugar donde estaba viviendo. Hay una habitación y baño por persona. El hecho que se va a vivir a un asilo de ancianos está cada uno en su cuarto, es su lugar, su pertenencia. El médico va una vez por semana, se reúne con los enfermeros, hacen la ronda, ven paciente tras paciente, qué necesidades hay, si están enfermeros o sanos. Hay enfermeros las 24 horas y 3 personas por cada 12 abuelitos por turno, y de noche un guardia en cada piso. Donde trabajo son dos pisos. Hay ascensores grandes preparados para ellos.

Quién es

Karina Lillo es terapista ocupacional. Karina, ocupa un puesto de terapista ocupacional en un geriátrico donde viven adultos mayores de origen latinoamericano, diagnosticados con Alzheimer, que llegaron a Suecia en los años setenta del siglo pasado. Está afincada hace dieciséis años en ese país escandinavo; se fue de Argentina con la crisis de 2001. Tiene tres hijos, Cynthia la mayor de 17 años es argentina, nació en Libertador San Martín; Sofía de 13 años y Xander de 4, nacidos en Suecia. Los tres hablan español, sueco e inglés.

Otros temas

  • Juventud: “Como acá todo el mundo anda con su celular y computadora. Los fines de semana boliche, pero cierran a la una, lastimosamente muchas bebidas alcohólicas y drogas”.
  • Seguridad: “Hay más inseguridad estos dos últimos años pero la policía tiene buen control. Hay gente asilada, rumanos que viven en la calle, gente que viene de otros lugares, mafias. Ahora se prohibieron los fuegos artificiales porque atacaban a la policía y tiraban a la gente”.
  • Mascotas: “Se las cuida. No hay perros en la calle. La población de perros es muy grande, pero cada uno tiene su veterinario, su seguro, los adoran y respetan. En la calle puede haber gatos que se escapan”.
  • Medios de comunicación: “Hay televisión, diarios, Twitter, Instagram. El diario lo tenés gratis cuando subís al tren: te enterás actividades culturales, películas del cine, donde podés ir con tu hijo el fin de semana”.
  • Economía: “Todo funciona con tarjeta de débito, no hay dinero en mano y el que no tiene dinero no compra, no existen las tarjetas de crédito. El sueco es muy organizado en las cuentas, por eso no hay inflación. Lo único que se compra a crédito es una casa o un auto. Para lograr un crédito hay que tener un cierto nivel de ingresos y no registrar deudas. Usan la ropa hasta que se gasta. Es otra mentalidad, no hay consumismo. Me compro zapatillas nuevas si tengo dinero, si no espero. Se piensa un poco más”.
Eterna agradecida

Karina sufrió el desarraigo y hoy está consustanciada con esta nueva cultura, un nuevo idioma y una nueva idiosincrasia “que te tarda años lograr y te forma de a poco – dice- entonces ya te vas alejando de tu país, ya no tengo tiempo de leer lo que pasa en la Argentina porque es algo que no me va a repercutir. No es que sea egoísta, pero no va a influir en mi vida diaria y en mis ingresos. Y uno adopta y tiene que adoptar las reglas y la forma de pensar del lugar donde se inserta”.

Es una eterna agradecida con el país que la recibió. “Suecia –destaca- me abrió las puertas y me dio muchas oportunidades para estudiar. El hecho de empezar a aprender el sueco, y estudiarlo sin tener que pagar de mi bolsillo es una gran oportunidad porque abre las puertas para trabajar, estudiar en la universidad. Estudié el profesorado de español, el sueco, o traducir del sueco al español. Tengo una amplia preparación. El español es súper importante porque en Estocolmo hay cerca de cien mil hispanohablantes. Sin título en Suecia no se puede trabajar, por eso es importante que los jóvenes estudien. Un oficio de mecánico, electricista, es muy bien pago, igual que los constructores”.

Su vida hoy está amoldada a la realidad de ese país del Norte de Europa que la cobijó y al que adoptó como su lugar en el mundo. De tanto en tanto la llama de la argentinidad se enciende y la trae a estas tierras, de las que extraña la música cuando sube al colectivo, o cuando la gente habla o se ríe; el mate, la caballerosidad de quien corre una silla para ofrecerle asiento, le abre o cierran la puerta y ese abrazo fuerte que enciende afecto y transmite calor.

Dejar respuesta