Por: Luis Jacobi (*)

Cuando uno lo piensa en función de la experiencia histórica, fue lindo empezar con nada más que las ganas y llegar con Paralelo 32 hasta esta altura de los tiempos y los logros.

Ningún intento por acabar con este periódico ha logrado su propósito en Crespo; tampoco en Victoria donde tenemos el segundo emprendimiento con esta marca. Que los hubo y siguen vigentes es algo que está a la vista de quien desea verlo. No abundaremos en este tema que nunca antes hemos abordado, porque esas acciones, cuando tienen ética son una saludable y siempre enriquecedora competencia entre colegas; sin ética se quedan en el círculo de las ambiciones humanas, del mercado, de las luchas por el poder, o como se lo prefiera definir. Siempre nos hemos enfocado en nuestro trabajo y al resto que lo juzgue Dios, quien también ha de juzgar nuestras acciones e intenciones.

En 1972, en la casa de Mario Rubo en calle 3 de febrero, donde empezamos con nada más que las ganas, le pusimos un piso a nuestra responsabilidad al elegir una máxima: “Sostener con dignidad nuestra opinión”. Sabíamos que para poder sostenerla debía estar bien fundada, ser honesta, no tener intenciones subalternas ni publicar opiniones, títulos, enfoques informativos, forzados por compromisos económicos, políticos, o con propósitos de presionar buscando resultados puntuales.

La noticia, la opinión, el análisis, no busca resultados egoístas, no busca provocar o modificar situaciones a su favor sino en bien de la comunidad, aunque sus efectos suelen ser inevitables, por la influencia natural que ejerce el periodismo sobre algunos sectores de la población. Quienes lo entienden de esta manera pueden comprometerse a sostener con dignidad su opinión. Y en nuestra redacción estamos todos consustanciados con este pensamiento.

 

(*) Director fundador de P32

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