Mencho Gill y Margarita Gallegos

La familia de ambos aún espera novedades, cada aniversario de su desaparición los medios se hacen eco y recuerdan un hecho sucedido en enero de hace 15 años atrás, cuando seis personas desaparecieron de un campo de Crucesitas 7ma, donde trabajaban, sin dejar rastros.

Recordar esta desaparición es hacer hincapié en la ineficiencia de la investigación llevada a cabo, no fue una persona, es una familia completa de seis individuos que desaparecieron de la faz de la tierra y no se logró dar con ninguna novedad sobre lo sucedido. Solo faltó que se dijera que fue por abducción (lo que la ‘ufología’ denomina como acto en el cual seres extraterrestres toman a un ser vivo terrestre contra su voluntad y lo llevan en su nave).

Hace 15 años que fueron vistos por última vez Rubén José Gill, de 55 años, su esposa, Margarita Norma Gallegos, de 26, y sus hijos María Ofelia de 12, Osvaldo José de 9, Sofía Margarita de 6 y Carlos Daniel de 2.

Vivían en Crucecitas Séptima, en el campo de Alfonso Goette, quizás la única persona que podría saber que sucedió con su peón y familia pero murió en un accidente de tránsito el año pasado en la ruta 32, a pocos kilómetros antes de llegar a Seguí.

Justa o injustamente, el hombre siempre estuvo bajo sospecha, pero nunca hallaron una prueba para culparlo, la investigación en su campo, la búsqueda de rastros, todo resultó infructuoso, las personas que declararon haberlos visto viajando hacía Corrientes, nunca pudieron certificar esta información como cierta. Después de tantos años es difícil creer que se mantengan con vida, los hijos en alguna parte deberían ir a la escuela, deberían haber votado en las elecciones, tendrían que estar registrados como trabajadores en algún padrón o aparecer en las redes sociales. Creer que los absorbió una secta es una utopía, ni siquiera la gente que vive monte adentro deja de tener contacto con el resto de la humanidad.

¿Cómo hacer que un joven no desee un teléfono celular, como hacer que niños de corta edad, como hace 15 años tenían los hijos de Gill, no quisieran tener amigos? Todo se torna oscuro, el tiempo pasa, los años siguen su curso, seguramente la causa prescribirá y nadie hablará ya de la familia que desapareció un día en el medio de Entre Ríos. Como también desapareció con automóvil incluido, el arquitecto Zappegno, sin dejar rastros.

La investigación intenta ser reactivada por los fiscales de Nogoyá Federico Uriburu y Rodrigo Molina. Mientras, las familias de Margarita en Nogoyá y las de Mencho Gill en Paraná, siguen a la espera de novedades, que como el tiempo la esperanza de encontrarlo se va disluyendo.

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