La difusión de noticias falsas a través de las redes en las últimas elecciones presidenciales de Estados Unidos primero, y luego en las de México y Brasil, reavivó una preocupación global: el riesgo de las democracias occidentales ante las fake news y la posverdad. De hecho, la UNESCO advirtió que la población no posee elementos para decidir ante la desinformación y apunta al trabajo en las escuelas.

Un estudio internacional sobre las habilidades de los estudiantes indica que sólo el 2% de los jóvenes puede identificar si una información es correcta. Pero, ¿Cómo se combaten las fake news? y ¿Qué pasa en las escuelas? Te lo contamos en esta nota.

Desde que el diccionario Oxford nombrara a “posverdad” y “fake news” como las palabras del año en 2016 y 2017 respectivamente, la discusión sobre información y redes sociales ha copado todos los análisis políticos y se alerta sobre los peligros de la desinformación para la democracia. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ha tomado nota y apuntó su mirada hacia las escuelas.

Estudios internacionales muestran que los adolescentes -llamados nativos digitales- no logran identificar una noticia real de una falsa, ni distinguir información de publicidad. Según el Estudio Internacional sobre Alfabetización Computacional e Informacional (ICILS, en inglés) de la Asociación Internacional para la Evaluación del Logro Educativo (IEA, en inglés) sólo el 2% de los jóvenes entrevistados mostró habilidades necesarias para la selección o identificación de información online, pese a que el 89% dijo que se sentía hábil en la tarea.

El estudio fue realizado entre 60.000 chicos de primer año de secundario de 3.300 escuelas en 21 países o distritos intervinientes en 2013 y participaron 100 escuelas de la Ciudad de Buenos Aires (50 públicas y 50 privadas), cuyos resultados fueron de los más bajos. El estudio se repitió en el 2018 y los resultados estarán este 2019, pero la Ciudad de Buenos Aires no participó.

Fuentes de la cartera educativa porteña admitieron que no quisieron hacerlo. Adujeron que preferían focalizar en estudios que evaluaran el trabajo en el aula, con las computadoras entregadas en las escuelas primarias a través del Plan Sarmiento. Sin embargo, esos estudios no se enfocan en los problemas de la desinformación.

El de IEA es el único estudio internacional específico sobre ese tema. De hecho, la doctora en Comunicación Roxana Morduchowicz trabajó en su último libro, Ruidos en la web, con esos datos más los provistos por el Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM).

El estudio reveló que el 80% de los chicos solo ingresa al primer link que aparece en una búsqueda en Internet, el 70% admite que confía en un contenido a partir de quién es el que lo replica y el 50% confunde información y publicidad. “En ese contexto -sostiente Morduchowicz- no se puede decir que los chicos sean nativos digitales”.

¿Dónde estamos parados?

Según el Ministerio de Modernización Nacional, el 70% de los argentinos tiene conexión a Internet, y los datos de Global Web Index dicen que pasamos casi 12 horas diarias conectados en promedio.

En este panorama, la Directora del Centro de Estudios sobre Medios y Sociedad en Argentina (MESO), Eugenia Mitchelstein, explica que “lo que está cambiando es la forma en que accedemos a las noticias. Sobre todo, para les jóvenes que están más expuestos a las redes sociales y consumen información todo el tiempo, de manera tanto deliberada como incidental. Y como en las redes las noticias se mezclan con información no periodística, están descontextualizadas o recontextualizadas”. Y señala que siempre hubo noticias falsas, pero que las redes posibilitaron la velocidad en su difusión.

El docente José Kerko, que trabaja hace 10 años en talleres de periodismo en escuelas porteñas públicas y privadas, coincide con el diagnóstico. Para él, el foco está en trabajar sobre las fuentes de información. Este año, con sus alumnos logró descubrir que muchas fotos que recibían -de manifestaciones, por ejemplo- resultaron ser de otra época y lugar. Estaban fuera de contexto.

Al compartir la información sin chequear en forma inconsciente -explica Morduchowicz-, se enturbia la opinión de las personas y “se pone en peligro la democracia”. Por eso pone el foco en los jóvenes y la alfabetización informacional. “La escuela es el único lugar donde están todos los chicos, los de mayores y los de menores recursos. Para chicos de sectores populares la escuela es el único espacio donde pueden formarse en las competencias que precisan para el siglo XXI. Antes la escuela distribuía información, ahora debe enseñar a pensar, procesar, chequear y evaluar”, remarca.

¿Qué pasa en el mundo?

La desinformación es un problema global que preocupa a la UNESCO. En los últimos años, la alfabetización informacional y mediática es una de las prioridades del organismo, que sugiere hablar de desinformación en lugar de ‘fake news’, ya que ese concepto engloba demasiadas cosas. Han publicado materiales para su abordaje en escuelas y universidades. Establecen tres categorías: desinformar, sub informar y mal informar, dependiendo de si el contenido es falso o verdadero y de la intención.

El concepto de educación mediática no es nuevo, Canadá es el pionero y Australia es muy fuerte. Sin embargo, la desinformación afecta igual: en el ICILS, los canadienses y australianos estaban encima de la media, pero mostraron problemas con la información online. UNESCO insiste con trabajar en la escuela.

¿Qué hay de nuevo?

En la Argentina no hay planes oficiales. “Hasta hace poco los esfuerzos estaban puestos en el acceso de sectores populares a tecnología -explica Morduchowicz-. Ahora hay acceso y hay que pensar en los usos y las prácticas. Se debe promover la alfabetización informacional en la formación inicial docente”.

“La formación docente es clave porque ellos también caen fácilmente en la trampa de la desinformación”, coincide Néstor Cortés, docente y coordinador del Programa REC (perteneciente al área de Inclusión educativa del Ministerio de Educación porteño), que organiza talleres de radio y medios en distintas escuelas desde hace 12 años. Ha visto crecer el problema y pone el eje “cómo validar información de amigos o de redes sociales chequeando el origen, porque el anonimato hace más difícil identificar el emisor”, explica.

 

(Fuente: RED/ACCIÓN)

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