Crespo– El taller de costura municipal, una iniciativa diferente a lo que propone la Academia de Corte y Confección, está dando sus frutos. Cada martes y jueves durante dos horas a la mañana toman clases de costura práctica en el Espacio para Adultos Mayores de calle Roque Sáenz Peña 1152, donde se encuentran las máquinas industriales aportadas hace algunos años por el Ministerio de Desarrollo de la Provincia.

Este grupo de diez mujeres de distintas edades realiza el aprendizaje con la orientación de la capacitadora en costura, Marisa Sack. Algunas tienen sus emprendimientos y otras hacen cosen para su familia prendas simples de uso cotidiano. También son las personas que colaboran solidariamente confeccionando frazadas para atender desde la Dirección de Desarrollo Social la demanda de las familias de escasos recursos.

Paralelo 32 recogió el testimonio de la capacitadora y cuatro de las alumnas: Estrella, Diana, Andrea y Salomé, quienes describen una experiencia interesante de aprendizaje gratuito y trabajo.

“En principio –explica Marisa- el curso está pensado como un inicio en la costura. Menos Estrella que está del año pasado el resto de las chicas se incorporó este año y muchas ni siquiera sabían enhebrar una aguja. Ahora ya hacen sus moldes, confeccionan sus propias prendas y está todo encaminado para que en algún momento tengan sus emprendimientos”.

Trazó la diferencia con la Academia de Corte y Confección donde la enseñanza está enfocada a la alta costura. “En cambio acá – señala- trabajamos cosas muy simples, muy básicas, que si bien se usan máquinas industriales, hacemos costura más rápida.  Se confeccionan pijamas, buzos, joggings, ajuares para bebés, pantuflas, toallas, repasadores, sábanas y a partir de septiembre las chicas empezarán a producir bikinis, mallas, lencería”.

“La verdad – comenta  Estrella- es un taller de salida laboral. Es la primera vez que participo de talleres así y estoy sorprendida de la profesora que me ha tocado por suerte, por la capacidad, el conocimiento, la paciencia y la parte humana. Lo digo porque a veces destacamos lo malo y nos privamos de hacer brillar a las personas y esta mujer brilla, lo bueno de ella es que no se guarda nada”- elogia a la capacitadora, lo cual también asienten sus compañeras.

Ella es una mujer de casi 60 años y ahora suma conceptos favorables al taller. “No tiene límites –opina- a veces uno va creyendo hacer un par de costuras, pero es increíble la creatividad que tiene la profesora. Nunca pude pagar una modista y tengo un ojo muy delicado para ir a comprar cualquier prenda. Me gustaban las prendas pero no me daba el bolsillo, hoy puedo hacer magia como todas las chicas con un pedacito de tela. Esto que tengo puesto me lo confeccioné yo misma”- detalla mientras exhibe una remera estampada manga larga y un prolijo conjunto deportivo que decidió ponerse para la entrevista. La satisfacción que  siente con lo que produce es muy grande. “Salir a vender y  la experiencia que se vive de poder decir lo hice yo, es única. En una mañana vendí todos los repasadores, las toallas de mi producción”- cuenta mientras expone sus cualidades de vendedora y habla del sueño de lograr a futuro un emprendimiento para confeccionar ropa de bebés.

“Tenía una máquina de coser nueva, no sabía enhebrarla – relata Diana- mi marido me ayudaba y con otra amiga del otro lado tiraba la tela. No es una dote mía la costura, pero era una materia pendiente y la paciencia de Marisa hizo posible mi aprendizaje”.

Diana se sumó al taller este año “porque quería defenderme, producir en casa algo. Hoy en día ya tengo amigas, clientitas. Hago joggings para los chicos con babuchas, con todos los detalles. Tengo dos nenes y este año no compré ropa, compré tela y confeccioné todo yo. Es impagable por el lado de la economía, pero también el orgullo que da cuando ellos se lo ponen con alegría”.

“¡Y lo que se aprecia la tela! –exclama- porque antes era un retazo  sin importancia y ahora lo miro y digo me puedo hacer una carterita, una billetera. Creo que vencí mi propio límite-acota- porque veía algunas prendas y pensaba que nunca lograría hacerlas y las hice. Destaco la paciencia de la instructora, si no hubiera sido por eso, abandono”.

Andrea es otra de las alumnas que asomó tímidamente al taller. “Fui un día a preguntarle a Marisa, porque no tenía idea y no sé mucho pero me defiendo con la costura. Quería ocupar mi tiempo libre, hacer algo por mí, mis hijos están grandes y le dije muchas veces a Marisa, si te saco la paciencia, decime que no vengo más y fue ella quien me insistía.  Empecé costura y al otro día compré una máquina, en mi vida había visto una”.

Salomé se muestra sorprendida de tantas técnicas y cosas nuevas que puede aprender en el taller, lo que le permitió mejorar y evolucionar en su trabajo. Ella tiene un emprendimiento en marcha y recientemente recibió a través de la capacitación del programa Crecer una máquina con más funciones que la que tenía, la prensa para hacer ojales y colocar broches, tijeras, un cúter circular. “Hace tiempo –relata- venía cosiendo, colocando cierres, haciendo arreglos, achicando prendas. Cuando recibí las herramientas me puse a producir bandanas para los motociclistas”.

“Ahora aprendí a usar la máquina industrial del taller, que da miedo al principio y coso de todo, de la cabeza a los pies”- dice sonriente. Su debilidad es personalizar la ropa de sus clientes con algún toque distintivo. Forman parte de su producción los disfraces y trajes de baile para nenas.

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