Farmacéutico Jaime Dubner

Crespo.- El farmacéutico Jaime Dubner se dedica, a través de su empresa Fitofarm, a producir productos fitoterápicos y promover las formas de medicina y farmacopea alternativas a la ciencia médica occidental. Durante una extensa entrevista con Paralelo 32 subrayó que “las personas deben entender que, sin dejar la medicina occidental, en su individualidad pueden usar también la homeopatía, las Flores de Bach, la fitoterapia u otras terapias”. Al referirse a los cambios en la farmacia y la medicina, que se va abriendo a los métodos alternativos, ajenos a la tradición cientificista occidental, Dubner señaló: “La revolución la hizo internet, porque abrió la información para todo. Al abrirse la información, todos empezaron a mirar qué pasaba, enterarse, a preguntar. Si uno se traslada 20 o 30 años atrás, había más conocimientos y no era tan raro escuchar ciertas cosas que eran muy comunes. Tanto en terapias como en descubrimientos, costumbres, creencias”.

Lo que se perdió

–  ¿Antes estaba más extendida la información alternativa?

—  Claro, pero vino la parte tecnocrática, más cientificista, que lo fue acotando. Por ejemplo, me consta que cuando era chico los médicos de familia, si uno estaba ‘empachado’, lo mandaban a una curandera. Un saber que no lo desconocían, no lo refutaban, no lo prohibían, lo reconocían y lo recomendaban. O te decían ‘tomate un tecito’ o la hidroterapia, ‘ponete un paño de agua fría’, ‘hacete un baño con salmuera’.

–  ¿Mucho de esto se ha perdido en la medicina actual?

—  Sí, la tecnocracia, la parte cientificista determinó que todo es cuestión de evidencias, pero se envició en sí misma.

–  ¿Qué pasó en la farmacia?

—  En farmacia pasó exactamente igual. Mi papá era farmacéutico, yo vengo de una familia de farmacéuticos. Recuerdo a mi papá haciendo obleas. Era muy amigo de Kaplan, que era bioquímico y farmacéutico, y en su propia farmacia hacía análisis de sangre. Mire cómo viene el desenlace, yo termino haciendo un producto que él en su momento produjo, el ‘Wunder Balsam’. El farmacéutico era una persona idónea con conocimientos de química y botánica que hacía los preparados. El médico le daba la receta o explicaba qué enfermedad tenía el paciente y escribía ‘hágase según arte’. Le daba al farmacéutico la posibilidad de hacer un medicamento. Cada farmacéutico tenía su técnica, respetando los parámetros fijados por la farmacopea argentina. Podía hacer tinturas, obleas, cápsulas, esencias, maceración, emulsión, suspensión, oleato, jarabe.

–  ¿Eso Ud. lo aprendió en la facultad?

—  Muy poco, te lo mostraban, pero manipular muy poco. Todo apuntaba a que si uno no tenía una industria de alta tecnología detrás, no llegaba nunca. Y llegan solamente los elegidos por mejor promedio.

–  El farmacéutico recibido quedaba como despachante de remedios.

—  Exactamente. Yo creo que fueron muy astutos los de la industria, logrando que los farmacéuticos no preparen medicamentos. Una cosa muy paradójica es que hoy, cuando a una farmacia se le habilita un laboratorio, el mismo ministerio le limita qué cosas no puede preparar. Recién ahora, el Colegio de Farmacéuticos está volviendo a las raíces de la profesión: exige que nos dejen preparar, que el título es suficiente para realizar preparados. Lo opuesto sería certificar dos veces lo mismo.

–  ¿Qué medicamentos no puede hacer un farmacéutico?

— Ciertos comprimidos. O inyectables, porque exigen un lugar estéril. No sólo pierde el farmacéutico, pierde la salud en general, pierde el médico y pierde el paciente. Porque si uno va al vademécum de medicamentos, cuatro o cinco drogas las hacen 20 laboratorios diferentes, con distintos nombres. Si uno saca el nombre comercial y el laboratorio, son casi todas las mismas fórmulas, en un 80% son lo mismo. Hay un 20% de variabilidad, que tiene que ver con alguna droga diferente que actúa sobre la misma afección. La industria impone, el médico no puede prescribir más, lo están acotando. Y ese acotamiento sólo lo puede abrir la industria farmacéutica.

–  ¿Las limitaciones rigen en la legislación sanitaria argentina?

—  Rige en la legislación y también hay presiones de los laboratorios, las mutuales. Y la parte médica, en cierta manera concedió, porque la potestad de prescribir es del médico.

Medicamento como mercadería

–  De las grandes redes comerciales de farmacias ¿quiénes están detrás?

— Están los intereses que venimos hablando, y hay mutuales, obras sociales, laboratorios. Lo más fuerte hoy es la industria farmacéutica que controla los principales medicamentos. Y a algunos los dejan hacer ciertos preparados, como especialidades marginales. A mí me está pasando en carne propia. Quiero inscribir el preparado ‘wunder balsam’; pero me persigue un laboratorio diciendo que tiene un producto parecido y pide que no me habiliten la marca. Mire lo chiquito que soy yo y me están objetando. ¿Qué hacen Roemmers o Roche? Manejan el mercado, lo digitan. Al médico lo va a hablar un visitador de los grandes laboratorios. ¿Quién les paga los viajes, los cursos?

–  ¿Eso lo hacen también con los farmacéuticos?

—  Sí. El medicamento es mera mercadería. Hacen promociones de paquetes cerrados. ‘Si me comprás 100 paquetes de un jarabe, te hago un 50% de descuento’. Después van al médico, le ofrecen el jarabe para prescribir, y van armando el circuito. No hay libertad para ejercer la profesión y está tan metido en la idiosincracia que si un médico no prescribe mucha gente dice ‘este médico no sabe; ¿por qué no me da un medicamento?’. Porque no necesariamente la enfermedad tiene la necesidad de un medicamento. Lo mismo con las vacunas, hay que tener cuidado con la casuística que se maneja. No es lo mismo un caso en un millón que uno en diez. Lo que más mata hoy es la droga, la delincuencia, el hambre, la falta de educación, que la falta de una vacuna del dengue, por ejemplo.

Vacunas

–  Se instaló la discusión sobre la cantidad de vacunas. Algunos dicen ‘a mi hijo ninguna vacuna’.

—  Las vacunas son toxoides, partes atenuadas de la célula que produce la enfermedad que se inyectan al cuerpo para estimularlo a crear sus propios anticuerpos. En definitiva es un proceso totalmente natural. Se lo planteo con la flora intestinal. Nosotros tenemos la flora intestinal totalmente destruida por antibióticos, agrotóxicos, mala alimentación, exceso de vacunas. La mayor diversidad de flora intestinal hoy se ha encontrado en grupos indígenas del Amazonas, que no habían tenido contacto con la civilización. Ellos sólo tuvieron contacto con la naturaleza; es lo que estamos perdiendo. La intoxicación que padecemos hoy es por la desconexión con la naturaleza. Los pesticidas, ¿cómo no se va a destruir el sistema inmunológico con eso? Hay un exceso en el uso de medicamentos, en los alimentos se ponen conservantes, colorantes, todo los aditivos que se le ocurra. Las dos industrias que hacen punta con esto son la farmacéutica y la alimentaria.

–  ¿Y se retroalimentan, una ‘envenenando’ y la otra ‘sanando’?

—  Totalmente. En el medio estamos todos los actores, somos el fiambre del medio. Volviendo a las vacunas, están dentro de esa gran discusión. Que no debería ser una discusión, sino un planteo a observar. Hay que tener recaudos. La modernidad plantea que cada persona sea un número, no una individualidad. Y lo que se está empezando a entender es que cada uno es diferente. Si comprás un ibuprofeno o un paracetamol, hay dos o tres especificaciones diferentes. Pero el peso de una persona a otra varía. Y todos toman lo mismo. ¿A quién cura más y a quién menos? Se está perdiendo la individualidad. Cada uno come, digiere, siente, duerme diferente al resto. Todas esas variables influyen en cómo actúa el medicamento. Fíjese cuántas cosas en el medio que no se hablan. Y la intoxicación medicamentosa es espantosa. Además, la influencia de los alimentos industrializados. Hay una relación con el cáncer. Antes se morían más del corazón y ahora cuántos desarrollan un cáncer.

–  Lo mismo pasa con los trastornos de conducta, tan recurrentes hoy en día.

—  Sí. Después la industria se retroalimenta; a ciertos comportamientos debe ponerles una etiqueta: ‘síndrome de algo’. Y ‘mágicamente’ aparece el remedio para ese síndrome.

Investigación científica

–  ¿Cuánto tiempo hay que investigar para determinar qué cura determinado producto?

—  Como mínimo, diez años. Hoy se están sacando productos en menos tiempo, y los estudios son manipulados porque nunca ponen todo. Sólo ponen lo que quieren que vos sepas, y lamentablemente el profesional médico tampoco cuenta con esa información. Aparte se encuentra atrapado, no tiene alternativa. Y ante la duda, prescribe. Hay una gran cantidad de medicamentos que entran y salen del mercado, porque no funcionaron o porque traen otros trastornos y efectos secundarios. Se estudia un tiempo, pero no se puede estudiar toda una vida. Hoy se sabe que la aspirina es un anticoagulante y sirve para evitar la sangre espesada. Pero eso se supo 150 años después que se la descubrió. Es inviable hacer un estudio de 150 años, entonces acortan los tiempos. El ejemplo negativo, ¿quién se hizo cargo cuando salió la talidomida (sedante para embarazadas, usado a comienzos de los años sesenta, N de R) que generó tantos nacimientos de chicos deformes? La dipirona, un antifebril muy fuerte, en Estados Unidos no se usa, y acá se sigue utilizando.

–  ¿Se controlan los productos nuevos cuando salen al mercado?

—  Se sigue haciendo fármaco-vigilancia. En Argentina a través de la ANMAT se hace fármaco vigilancia continua y periódicamente. Pero se reproducen estudios europeos, de acá poco y nada. Una vacuna muy discutida es la de HPV, el virus del papiloma humano, para niñas de 11 o 12 años. Es una cepa de una probabilidad que suceda, y ya la están vacunando. Le tiran con un misil a una hormiga, generan ansiedad.

–  ¿Se opone al uso de vacunas?

—  No, en general estoy con las vacunas del programa nacional. Pero, volvamos a la pregunta del millón: ¿por qué los aborígenes en el medio de la selva no se enferman? Y sin vacunarse. Si me apura, yo sí vacuno a mis hijos. Pero si vemos toda la historia, me entran dudas cuando empiezo a contextualizar todo.

El trabajo profesional

–  ¿Qué hace específicamente en su laboratorio?

—  Lo primero que aclaro: no vengo a trabajar ‘en contra de’. Vengo a tratar de usar todo lo que entiendo que puede funcionar, partiendo de un paradigma de ser humano libre. Imagínese que si cinco farmacias de Crespo pudieran hacer dos productos diferentes para la gripe cada una, habría diez preparados que cada persona podría utilizar y no caer todos en los mismos medicamentos. Yo tengo una tienda de medicina herbal, donde rescato el uso de las medicinas ancestrales, totalmente comprobadas. Innovo en aplicar la tecnología farmacéutica para darle la mejor calidad posible. Estandarizo la metodología de trabajo para que el producto cumpla con la farmacopea. No utilizo materiales químicos sintéticos, sólo vegetales. Sólo produzco con elementos químicos un antimicótico y una crema dérmica para una farmacia de Ramírez donde hago la dirección técnica. El resto es todo con vegetales. Además, incorporé ozonoterapia, Flores de Bach, homeopatía, y estoy conectado con quienes hacen biodecodificación, radiestesia, reiki y otras terapias. Muchas cosas las he probado en mí y estoy sorprendido por los resultados.

–  ¿Qué autoridad controla su laboratorio?

—  Me controla el ICAB (Instituto de Control de Alimentos y Bromatología de la Provincia, N. de R.). Lo que produzco lo trabajo como suplementos dietarios. Para entrar con medicamentos, debería completar estudios clínicos, tener algo medible. Lo medible para mí es la seriedad que le doy y la identificación de la planta que uso. Decir que la manzanilla que vendo es manzanilla y tiene determinadas propiedades, es mi certificado de certeza.

Alimento, suplemento, medicamento

–  ¿Para el estado la manzanilla no puede ser un remedio?

—  Forma parte de un listado de productos aptos para consumo humano. En esto hay una zona gris, legal y de práctica. Como farmacéutico sé qué contiene la manzanilla y qué efectos genera su consumo; como también sabe el nutricionista que le da en la dieta tomate y lechuga. El tomate y la lechuga ¿son alimentos, son suplementos o son medicamentos?

–  ¿Cuál es la diferencia entre los tres conceptos?

—  Un alimento es lo que uno ingiere para que el cuerpo esté funcionando. Un suplemento es algo que se consume para incorporar un elemento que no está incorporado a través de los alimentos. El medicamento equilibra una situación de desequilibrio pronunciado y visible. El medicamento actúa ahí y se termina, no se usa todos los días. El suplemento engancha una cosa con la otra, no es un medicamento y tampoco un alimento. Yo hago suplementos en base a hierbas. Están más cerca del alimento que del medicamento, pero tienen una función equilibrante.

Cúrcuma y jengibre

–  ¿Antes de aparecer la industria de los laboratorios, las curas se realizaban con suplementos, no eran medicamentos?

—  Exactamente. Yo estoy usando, por ejemplo, cúrcuma y jengibre, como excelentes antiinflamatorios, respiratorios, tomo té dos o tres veces al día. Son formas de ir incorporando cosas que se usan en el arte culinario. Incorporar cosas que hacen bien, que no tienen efectos adversos, son tolerables y se pueden usar como medicamentos. Dada las circunstancias, la afección particular de una persona y dependiendo de la cantidad y la forma como se ingiere, un alimento se transforma en medicamento. Como una aguja, que puede servir para hacer matambre, pero también para cerrar una herida. Por eso hay un dicho: ‘que tu alimento sea tu medicamento y tu medicamento sea tu alimento’. Yo entiendo una enfermedad como un desequilibrio, que un medicamento aumenta o disminuye. Pero hay un montón de variables para modificar ese desequilibrio, por ejemplo, las emociones. Hay personas grandes, muy pocas, que no toman medicamentos. Yo plantearía una encuesta: ¿por qué las personas mayores están condenadas a ser polimedicadas? Que me lo expliquen.

–  ¿Le mandan médicos con recetas para preparar?

—  Trabajo con algunos médicos que entienden las cosas de esta manera. Me llama mucho la atención que antes había más desacuerdo con lo alternativo. Hoy ya no dicen nada, no están en contra porque no lo pueden detener. Y está el médico que lo apoya. Hoy estoy trabajando con un médico de Ramírez que realiza un doctorado en la Universidad Nacional de Rosario. Lo hace con un gel, que estamos preparando con hierbas medicinales en Fitofarm, para los queloides (cicatriz causada por el crecimiento excesivo del tejido frente a lesiones de la piel, N. de R.)

–  ¿Cómo está la cuestión en otros lugares?

—  Alemania tiene una fitoterapia y farmacopea muy reconocida y muy fuerte. Francia también. La OMS está muy consciente de la situación, se reconoce las terapias alternativas, la medicina ancestral, la fitoterapia. En Neuquén hay un hospital mapuche, de medicina ancestral mapuche, reconocido y respetado en lo que hace. Hay once hierbas que se usan en amplia variedad de enfermedades y desequilibrios: alcachofa, diente de león, carqueja, marcela, lucera, canela, cúrcuma, jengibre, hinojo, lapacho y cedrón. Cada hierba va aportando su particularidad, todas son antiinflamatorias, algunas depurativas, desintoxicantes. Otro caso es el uso medicinal de la marihuana, que debieron legalizarla porque si no, la gente se les venía encima.

Quién es

Jaime Ramón Dubner es farmacéutico recibido en la Universidad Nacional de Rosario, especializado en Plantas Medicinales por la misma casa de estudios. Tiene 48 años, es oriundo de Ramírez, de padre farmacéutico, vive y trabaja en Crespo. Trabajó y se desarrolló profesionalmente en la Farmacia Moyano de Paraná. Es creador y director técnico del Laboratorio Fitofarm, dedicado a la producción de productos a base de hierbas y elementos naturales.

Cuatro filtros

–  En el cuerpo humano hay cuatro filtros, riñón, hígado, pulmón y piel. ¿Si están bien cuidados, uno está sano?

—  Sí, también se suma qué comés, cómo lo comés, el descanso, el movimiento. Nuestra generación puede visualizar una ancianidad de cien años, caminando activo, con características más parecidas a las personas de 50 o 60 años actuales, sólo un poco más lentos y arrugados. Pero con actividad social, sexual, profesional, deportiva. Se apunta a eso. Lamentablemente, la medicina actual no lo ve. Y no se habla en esa visualización de medicamentos, existen hábitos, metodologías, se está empezando a romper el esquema del anciano polimedicado.

Le van a decir que no se tire contra una industria que genera tanto empleo.

—  Se puede reestructurar. Además, esto no es elitista, se abre para todos. Esa industria, ya lo está haciendo, porque ve como viene la mano.

–  ¿Qué principios deben rescatarse al hablar de nueva medicina y nuevos medicamentos?

—  La individualidad, hacer la atención y el remedio para cada persona; otro principio es cambiar de hábitos, ir a hábitos saludables; otro, recuperar la medicina ancestral; también la reconexión con la naturaleza. Está comprobado lo positivo de la alimentación mediterránea: el pescado, el aceite de oliva, el vino tinto, el sol, la vida social con mucha risa y muchas fiestas, y moverse. A las 10 u 11 de la noche hay que acostarse a dormir, no forzar el metabolismo, no acelerarnos. Es tanta la aceleración que no medimos las consecuencias. ¿Quién dijo que todos los años debe salir un modelo nuevo de auto y que hay que tenerlo?

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