Crespo.- Para el 18 de julio está prevista la partida desde Crespo del grupo de siete estudiantes extranjeros que estuvieron de intercambio estudiantil y cultural en nuestra localidad durante un año. Se trata de la danesa Kristine Pedersen, los alemanes Johannes Tischkewitz, Maike Wolff y Julika Sohr; y los italianos Nicoló Dentale, Martina Lo Bianco y Geri Ciccarella. Antes de la partida, Paralelo 32 los convocó para realizar una entrevista en la que contaron sus experiencias durante este año a más de 10 mil kilómetros de sus familias, su país, su idioma y su cultura. Estuvieron acompañados por la coordinadora de AFS, Irene Stürtz, quien destacó durante la amena charla que “estos chicos están acá gracias a las familias que les abrieron las puertas de su hogar, porque lo quieren. Lo único que AFS solicita a las familias es un lugarcito más en la mesa, un plato de comida, una cama y mucho cariño”.

Lo que rescatan

– ¿Qué rescatan de su estadía en la Argentina?

— Geri Ciccarella: Es difícil y largo de explicar, fue un año. Me encantó la gente que está acá, me gustó estar con las personas, mi familia, amigos, el curso. Me gustó Crespo, que es muy tranquila. Me tocó ir a otras ciudades más inseguras. Me tocó hacer cosas de noche y no me gustó, mientras acá lo hago con tranquilidad.

— Kristine Pedersen: Para mí, hubo ‘buena onda’. Mi experiencia con algunos momentos cuando me sentí mal, pero también buenos momentos, fue mi experiencia como estudiante de intercambio. Cuando tuve que cambiar de familia estuve muy mal, fueron mis malos momentos. Pero lo pude superar y ahora estoy bien con las dos familias. Mi primera familia fue una ‘familia de bienvenida’, estuve tres meses en su casa y luego tuve que cambiar

— Irene Sturtz: Ocurre que en AFS hay distintas familias. Cuando se buscan familias, hay distintas probabilidades. AFS tiene programas trimestrales, semestrales y anuales. Hay una familia que se puede ofrecer como ‘familia de bienvenida’ para el estudiante de intercambio. Es sólo por tres meses. Si la familia quiere extender la experiencia, lo puede hacer. En el caso de Kristine, la familia se comprometió solo como ‘familia de bienvenida’; no hubo problemas.

—  Martina Lo Bianco: lo que pasa es que cada uno de nosotros venía de una realidad diferente. Por ejemplo, yo vivo en una ciudad mucho más grande que Crespo. En principio, eso me asustó porque dije ‘estoy acostumbrada a vivir en una ciudad mucho más grande, y ahora acá estoy en una ciudad muy chiquitita’. Al principio me asustó. Pero cada día que pasaba me estaba dando cuenta que me iba enamorando de esta ciudad. No sólo porque ya conocía más las calles y me fui acostumbrando, sino también por la forma de ser de las personas. Allá, nos ayudamos y cada uno ayuda. Pero una diferencia es que si yo necesito una remera blanca, si pregunto por eso, allá, en Italia, me dicen ‘puedes encontrarlo en tal calle, hay una tienda’. Acá te dicen ‘yo te la presto si querés’. Eso me pasó con mi curso, que considero una de las cosas más preciosas que tengo acá. Yo amo ir a la escuela. Es una de las cosas más preciosas que tengo. Ellos me enseñaron de verdad el valor de la amistad y el compañerismo, cuando estuve en dificultades. No por el idioma, pero tuve momentos feos, porque es normal en el intercambio vivir momentos feos. Ellos me ayudaron de verdad, me agarraron y me ayudaron

—  Maike Wolf: Eso es verdad, porque hay malos momentos personales.

–  ¿Qué malos momentos?

—  Maike: Porque extrañás tu familia en Alemania.

—  Martina: Mi problema principal fue sentirme inútil, que allá pasa algo, un problema, y vos estás a 11 mil kilómetros de distancia y no sabés cómo ayudar. Extrañar, no; porque sabía que iba a volver. Me preocupo  más por la gente que no podré volver a ver acá, que por mi gente en Italia, porque sé que nos vamos a ver de vuelta.

—  Irene Sturtz: AFS estudia las experiencias de los estudiantes, y les llamamos ‘choque cultural’. Depende de cada país al que vayan, se sabe más o menos qué conflictos pueden llegar a tener, y se capacita a los concejeros para que puedan dar apoyo.

—  Kristine: Claro que es diferente la cultural, pero no creo que yo tuve un ‘choque cultural’; más como que cada momento encontrás algo nuevo que es totalmente diferente. Pero no todo un momento como choque.

— Maike: La mayoría de nosotros no sabía el idioma y eso es tan importante, la comunicación. La comunicación para encontrar amigos, para hablar con tu familia de intercambio. El idioma es lo más importante, fue muy difícil, al comienzo.

–  Ustedes no venían sabiendo español.

— Martina: Yo estudio en un instituto lingüístico en Italia, donde se estudian cuatro idiomas. Estudio español allá, pero nada que ver con lo que escuché en Argentina, porque estudié el español de España.

— Julika Sohr: Yo por ejemplo, no sabía nada más que ‘hola’, ‘cómo estás’, ‘bien’. Y mi nombre.

— Kristine: Yo estudié español, pero no podía usar nada cuando llegué.

Argentina y el caos

– ¿Es muy caótica la Argentina con respecto a sus países de origen?

— Maike: ¡Cómo manejan! Yo al principio casi me morí con los autos.

— Julika: Eso es caótico, y también la escuela.

–  (sonrisas) Aparte de que somos caóticos, ¿qué más les impactó?

—  Julika: Me parece que la gente es muy abierta, muy amables.

—  Geri: Les gusta pasar mucho tiempo charlando

—  Maike: También hay más fiestas.

— Geri: Les gusta más la ‘joda’

—  Maike: Y el mate.

—  Martina: El día que llegué me quedé sin palabras, porque los chicos le pasaban el mate a la profesora y la misma bombilla. Yo me decía ‘¿cómo puede ser esto?’ Y ahora pienso ‘¿cómo me puede parecer raro?’ Es una costumbre, ahora, mía. Antes pensaba que nunca podría compartir un mate y ahora es una costumbre mía. Yo creo que Argentina me agarró, yo le entregué el corazón a Argentina, porque amo este país.

–  (sonrisas) ¿Y algún argentino?

—  Martina (sonríe): Eso es más complicado, es difícil establecer relaciones porque nos vamos a ir todos. Pero me enamoré de Argentina.

–  ¿Y alguien más que se enamoró de Argentina? ¿O de algún argentino o argentina? (sonrisas)

— Nicoló Dentale: Argentina es un lindo país. Más o menos, veo todo igual como en Italia. Una cosa que sufrí mucho, sin contar Internet que acá es pésimo el servicio, si querés conseguir algo es muy difícil. Porque muchas cosas salen re caras. Para comprarme un teléfono me fui a Paraguay.

— Julika: Y comen más carne.

— Martina: No nos podemos quejar del asado, chicos.

Nuestras comidas

–  ¿Ven si acá se come bien o más saludable, que en Europa?

— Maike: Para la salud, no. En Alemania la comida es más variada.

— Nicoló: Es muy buena la comida de la Argentina, no se puede decir nada en contra. Pero tiene poca variedad. Si vas a Italia, encontrás la comida italiana, pero también encontrás comida de todo el mundo. Acá eso no hay.

— Maike: Un día fideos, otro día milanesa de pollo, otro día otros fideos con otra salsa.

— Johannes Tischkewitz: Yo quiero a mi mamá, pero cada cena o como o milanesa o como pizza.

–  Tengan presente que Crespo no es una ciudad turística, en las ciudades turísticas se pueden encontrar otras cocinas.

— Maike: Pero no tanto como en Europa, no es lo mismo.

— Julika: En Alemania, si querés comer algo chino, podés ir al restaurante de la esquina y hay.

— Martina: No hay variedad en la comida argentina.

–  Esta experiencia personal les ha cambiado algo en su vida.

— Kristine: Cuando vuelva a Dinamarca, ya he cambiado, y creo que voy a manejar de otra manera mis situaciones. Mis maneras de pensar, si estoy en una situación. Yo no voy a pensar lo mismo que antes, porque ya tengo mi experiencia de acá.

— Julika: Ser un poco más independientes. Al hablar, si necesitas a alguien preguntar, tenés más confianza…

— Martina: En un intercambio no existe que no aprendas algo. Por ejemplo, yo aprendí de todas las personas, no solo de mi papá y mi mamá. También de mi hermanito chiquito. Creo que desarrollé mucho mi forma de ser, mi personalidad cambió. Creo que crecí mentalmente, me siento más madura y ahora me siento más segura cuando tengo un problema, porque aprendí a superar mis problemas también sola. Porque nosotros llegamos a un país y estamos solos. Tenemos una familia que nos hospeda pero cuando bajamos del colectivo no conocemos a nadie. Y somos nosotros quienes tenemos que crearnos relaciones y tener un grupo de amigos. Yo ahora tengo dos amigas que me ayudan en cualquier problema que tenga. Pero al principio estamos solos y aprendemos lo que es tener un problema y solucionarlo.

La soledad

–  ¿Se siente mucho la soledad, sobre todo en un comienzo por la barrera idiomática?

—  Todos: Sí.

–  ¿En ese primer momento, están con ganas de volverse corriendo a sus casas?

— Julika: Al principio, todos me querían hablar, aunque no supieran inglés para comunicarnos. Fue como gracioso. Al principio ‘guau, está la alemana de intercambio’. Después ya no sos la nueva y como que vos tenés que empezar a hablar, y si no sabés el idioma es difícil. Es un paso muy grande ir a encontrar la gente, tener amigos.

— Johannes: Aprendés que es importante que tenés que hacer cosas. Por ejemplo, yo no hice nada para aprender castellano. El primer medio año no podía hablar nada y por eso tenía muchos problemas. Después, no sé, probé estar más con dos o tres personas; todavía tengo muchos problemas, pero es más fácil.

Geri: Yo creo que aprendí a vivir sola, sin depender de nadie. Tengo amigos, pero al principio no era muy sociable. Pero al llegar empecé a hablar con cualquiera, porque tenía miedo de quedar sola, no gustarle a las personas. Aprendí a adaptarme. Pero ahora, siento como que sí tengo amigos, pero también tengo amigos del otro lado del mundo, y a la vez me siento sola igual.

—  Kristine: Yo siempre tuve a mis padres al lado, por cualquier situación. Pero hoy, es como que tengo amigos y hay situaciones que, estando en otro país, yo tenía que resolverlas sola. Tengo toda mi familia en Dinamarca, pero me siento más mayor, con más confianza. Un año sin mis padres, sin nadie de mi familia, sentí que era como mucho, pero ahora siento que puedo seguir, que me va a ser más fácil.

–  Se supone que hay una diferencia entre las personas de la Europa mediterránea y la Europa nórdica, que a los del sur les resulta más fácil estar en Argentina.

— Kristine: A mí sí.

— Johannes: Para mí fue difícil ver a chicas decir que están con chicos, dos semanas con uno y luego con otro. Yo decía no es normal, pero ahora veo que es normal.

— Julika: Acá es como que una chica está con más chicos en una semana, que allá no es así. No sé si es una diferencia con Italia, pero es una diferencia entre Alemania y Argentina.

— Maike: En Alemania, si das un beso a alguien ya son como novios. En Alemania abrazarse es normal en una plaza, por ejemplo. Pero acá te cuentan ‘me besé con ese chico y con ese otro chico’. Allá no es así. Si allá te das un beso ya son novios.

—  Mariela: En Italia somos medio parecidos en el sentido de que podemos demostrar mucho cariño. Si yo quiero a una persona, necesito abrazarla y darle a entender que la quiero. Eso, afortunadamente no me faltó acá. Soy una persona muy cariñosa,  muchísimas personas me dieron cariño y eso me ayudó mucho también. Somos medio parecidos como cultura desde ese punto de vista, argentinos e italianos. En otras cosas no, pero en eso sí.

–  ¿Cómo se saludan allá? ¿Con abrazos, con besos?

— Julika: Sin besos, pero nos abrazamos como amigos, con los compañeros. Si no conocemos alguien, es simplemente ‘hola’.

Las visitas

–  Otro tema que parece diferente son las citas. Acá, generalmente se pueden citar las personas en cualquier momento. En Europa, pareciera que primero hay que llamarse y ponerse en ‘agenda’ para tal día.

— Maike: Es que en Alemania, por ejemplo, tenemos casi todos los días escuela, y mucha gente hace aeróbicos o deportes, y cosas así. Entonces, cuando vas a la casa de alguien, nadie está. Por eso hay que coordinar primero.

— Kristine: Yo no puedo entrar como dueña del lugar. Yo sé que mis amigas tienen otras actividades, tengo que llamarlas primero para vernos. Tienen que estudiar o hacer otras cosas.

– ¿Por qué razones no vendrían a vivir a la Argentina?

— Julika: Extraño mucho la comida alemana. Un año está bien sin mi familia y mis amigos. Pero mi familia alemana es también importante. Creo que no podría vivir para siempre en Argentina.

— Maike: Yo podría vivir acá. Cuando vuelva a Alemania no sé cuánto tiempo va a pasar para volver a visitar mi familia de acá. Yo no pensaba que iba a ver mi familia de acá como a mis padres, pero es así.

— Geri: Si, yo no pensaba que con mi familia argentina me iba a relacionar de esta manera. Pensaba que iba a estar en una casa un año. Pensé que iba a ir a comer y dormir allí. Pero me di cuenta que es imposible, para mí son una familia. Y me gusta así.

— Martina: Es medio complicada la pregunta, porque yo sí me vendría a vivir a Argentina. Te puedo decir algunas cosas que me llamaron mucho la atención. Por ejemplo, acá no respetan mucho a los policías, en cambio allá se le da mucha importancia a este tipo de trabajo. Me duele acá la violencia de las canchas de fútbol. Allá me encanta ir cada semana a la cancha. Y me duele de verdad que por un deporte lleguen a morir personas. Eso me duele. Pero me quedan unos días para irme y creo que no voy a tener las fuerzas para subirme al colectivo y partir.

Estudiar

– ¿Tienen decidido qué van a estudiar cuando terminen la secundaria?

— Martina: Yo quiero seguir estudiando idiomas. Llegar a un país y saber comunicarme con la gente. Estudié cuatro idiomas y quiero seguir estudiando y perfeccionando estos idiomas: español, inglés, francés e italiano.

— Kristine: Yo quiero estudiar fisiatría.

— Maike: Yo espero todavía para decidir qué hacer.

— Johannes: Antes de empezar la universidad quiero irme de viaje y trabajar en otro país, no sé cuál. La idea es esa.

— Geri: Este año aprendí que me gusta conocer a la gente de otros países. Me gustaría ser guía turística, o traductora, o azafata.

– Alguna reflexión final sobre su experiencia. ¿Qué nos pedirían a los argentinos para ser mejores?

— Johannes: Que sean más puntuales.

– Acordate que debés poner media hora antes para que un argentino llegue media hora después (sonrisas)

— Maike: No, media hora más tarde te van a escribir ‘voy una hora más tarde’ (risas)

— Julika: Y que aprendan a manejar.

— Nicoló: Nosotros somos bastante impuntuales. Pero no tanto como los argentinos.

— Martina: No todos los argentinos. Porque yo con mi familia aprendí a ser puntual. Yo no pediría algo, porque sería un estereotipo. Pero al venir de intercambio, cuando me conocían me decían ‘ah, venís de intercambio, entonces tenés plata’. Pero, en realidad, en Italia estamos pasando una situación bastante complicada. Yo tuve que estudiar mucho, me gané una beca y no tuve que pagar mucho para venir de intercambio. Pero, yo me gané la beca y había solo tres lugares para esta beca. Cuando me dicen tenés plata, yo no. Quise de verdad venir a Argentina, la puse como primera elección, gané la beca. Cuando me dicen ‘tenés plata’ es como que ‘me cagaste’ todo el esfuerzo que hice.

– Hay prejuicios.

— Martina: Pero no de todos, algunas personas que no están dispuestas a aceptar, piensan eso y listo. Lo mismo el estereotipo de la mafia italiana. ‘Si sos italiana sos una mafiosa’.

Las expectativas

– ¿Venían con menos expectativas?

— Kristine: Yo no tenía tantas expectativas. Porque pensaba ‘voy y veo que hay’.

— Julika: Cuando nos juntábamos los fines de semana en orientaciones para los chicos de intercambio, cuándo me preguntaban ‘cuáles son tus expectativas’, yo dije ‘no tengo’. Pero sí, tenía.

— Maike: Me llamó la atención que hubiera tantos alemanes en Argentina. Me sorprendió.

— Julika: Yo tampoco creía que hubiera tantos alemanes acá. En mi familia argentina, la abuela y la mamá hablan en alemán. Algunas palabras solo se usan en alemán del Volga y yo ni sabía cómo traducirlas en español.

— Martina: Yo quiero decir una cosa linda de Argentina. Una de las primeras cosas que vi fue la fuerza que tienen, sobre todo por el caso de la dictadura. No todos irían a una plaza, sobre todo mujeres con un pañuelo blanco a protestar y pretender justicia. Otra que cosa que quiero expresar es que AFS es una organización muy linda, compuesta por personas que te ayudan mucho, sobre todo en momentos de dificultades. Por ejemplo, un domingo, una persona quiere pasarlo con su familia. Pero si yo tengo un problema, le mando un mensaje a mi consejera. En mi caso, Mariana, mi consejera, fue una persona que me ayudó mucho. Los consejeros, de verdad, te ayudan a solucionar los problemas. Otras personas que me dieron fuerza son mi familia y mi curso.

Quiénes son

Kristine Pedersen, es oriunda de la ciudad de Stubbekobing, Dinamarca, está con la familia Schell-Rodríguez y asiste al Instituto Comercial Crespo. Johannes Tischkewitz, de Düsseldorf, Alemania, está en la casa de Hetze – Plem y asiste al Colegio Sagrado Corazón. Martina Lo Bianco, de Catania, Italia, en la casa de la familia Gallinger – Schaab, y va a la escuela San José. Geri Ciccarella es de Avellino, Italia. Vive con la famlia Grünewald – Castillo y asiste al ICC. Maike Wolff es de la ciudad alemana de Schwerin. Vive en casa de la familia Machado – Ramos y estudia en la Escuela Técnica Nº35. Julika Sohr, es de la alemana Mainz, está en la casa de Gallardo – Berg y estudia en la escuela Nº60. Nicoló Dentale es de Ladíspoli, Italia, está con la familia Bezzoni – Heit y estudia en la Escuela Técnica Nº35. En la entrevista estuvieron acompañados por la coordinadora de AFS, Irene Stürtz.

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