La neuroplasticidad es la capacidad que tiene el cerebro para formar nuevas redes o modificar las existentes a cada instante como resultado de la interacción de un individuo con el entorno. Es la base de la memoria y el aprendizaje e involucra una visión dinámica de los mecanismos cerebrales.

Por ejemplo, si un amigo te muestra fotografías del Castillo de Neuschwanstein (Baviera, Alemania) tu cerebro procesará la información sobre su imponente belleza a través de los sentidos de la vista y el oído, creando una nueva red neuronal (dado que tú nunca le habías prestado atención a los castillos).

Si descubres que es un tema fascinante y decides continuar informándote, los estímulos que recibas a través de la lectura, videos documentales, libros, películas, etc., harán que se mantenga abierto el circuito que has creado. A medida que pase el tiempo y vuelvas una y otra vez sobre el tema, estos circuitos pueden generar cambios físicos estables en la estructura de tu cerebro.

A este fenómeno se debe que el cerebro de cada ser humano sea único y completamente diferente de los demás.

Por ejemplo, el cerebro de Einstein (que se extrajo luego de su muerte en la Universidad de Princeton, en 1955) tenía un gran desarrollo en regiones relacionadas con la inteligencia visuoespacial y el pensamiento matemático, y poseía mayor cantidad de células gliales por neurona que un varón promedio en algunas zonas de la corteza.

También se corroboró que los lóbulos parietales del extraordinario científico eran un 15% más grandes que los normales para un hombre de su edad.

Ahora te pregunto ¿Qué hubiera pasado si Einstein hubiera elegido otra área para desempeñarse, por ejemplo, si hubiese decidido ser músico o sociólogo? ¿Qué hubiera pasado si, en vez de científico, hubiera llevado una existencia rutinaria y sin inquietudes intelectuales? ¿Hubiera tenido la misma morfología su cerebro? Te dejo a ti la elaboración de la respuesta.

La neurogénesis, en tanto, es el proceso mediante el cual se forman las células que componen el sistema nervioso central (neuronas y célula gliales). Durante la gestación, la velocidad de multiplicación de las células es sorprendente, por ejemplo, se calcula que entre el segundo y tercer trimestre el cerebro crea aproximadamente 250.000 neuronas por minuto.

Durante la vida adulta, la formación de neuronas nuevas continúa, sólo que en un grado mucho menor. Esta expansión ha sido observada en el hipocampo (una estructura crucial para el aprendizaje y la memoria) y en el bulbo olfatorio. Algunos especialistas, como Elizabeth Gould (de la Universidad de Princeton) creen que puede producirse en otras zonas del cerebro, como la neocorteza, el estriado, la amígdala y la sustancia negra.

Cabe destacar que estos descubrimientos han puesto en jaque algunos postulados de las neurociencias. Por ejemplo, durante mucho tiempo se creyó que los seres humanos nacemos con una determinada cantidad de neuronas y que este número va disminuyendo a medida que el cerebro se deshace de las redes que no utiliza.

Las últimas investigaciones han comprobado que el sistema nervioso sigue generando nuevas neuronas y células gliales a lo largo de la vida, incluso en edades avanzadas (neurogénesis adulta), y que estos procesos (si bien se han observado en algunas zonas del cerebro, no en todas) pueden ser incentivados de manera muy simple, por ejemplo, mediante actividades aeróbicas, una nutrición adecuada y un correcto equilibrio entre las horas de sueño y vigilia (la privación del sueño inhibe la neurogénesis), entre otros factores.

Los fenómenos de neuroplasticidad y neurogénesis ponen de manifiesto que en el desarrollo cerebral no existe el determinismo. Todos los seres humanos pueden salir de lo que algunos autores denominan “la trampa genética”, siempre que decidan ser protagonistas, artífices, “patrones” de sus circuitos neuronales.

A la inversa, quienes se conforman con el simple transcurrir, no profundizan y no hacen nada interesante en su vida probablemente tengan un cerebro más lento y menos denso, menos rico en conexiones neuronales.

 

(Por Néstor Braidot, Doctor en Ciencias, Máster en Neurobiología del Comportamiento y en Neurociencias Cognitivas)

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