** ¿Para qué sirve el número 823? Si a esta pregunta la respondiera una persona experta en matemáticas podría dar cátedra durante horas frente a un pizarrón, con este número o cualquier otro. Para los lúdicos podría ser apenas un número atractivo para apostarle en la quiniela, pero su mayor fama proviene del correo basura, vertedero de cadenas varias y otros productos del albañal cibernético.

** Desde que nuestras vidas y fortuna dependen de cuidarnos de no cortar una cadena de las circulantes por las redes sociales, nos encontramos de vez en cuando con alguna que reaparece. Este año recuperó vigencia la del mes con 5 viernes, 5 sábados y 5 domingos. Se afirma que esto ocurre solo cada 823 años y se lo conoce como ‘Money bag’ o año de la fortuna, atribuyéndoselo al Feng shui chino, compendio de antiguas supersticiones. Y por supuesto, se la reenvías a quince contactos y salís de la miseria, o te atreves a cortarla y todo lo que laburaste en tu vida se va por los caños.

** Veamos; nuestro calendario gregoriano entró en vigor en1582, es decir que lleva 436 años de vigencia, dato que pone en evidencia la falsedad de aquella afirmación de que esa coincidencia se da cada 823 años. En realidad, en todos los meses con 31 días –7 al año– se produce esa combinación donde tres días de la semana se repiten 5 veces. Puede tener cinco martes, miércoles y jueves, o correrse a viernes, sábado y domingo. Esta última coincidencia se da en diciembre del presente 2018. En 2016 se dio en julio, en 2014 en agosto, en 2011 en enero…

Nuestros casos testigo

** “De todos modos, no descuidemos las cadenas porque nuestras vidas podrían convertirse en un pandemonio”, me decía un amigo tan inseguro como todos los supersticiosos. Si no reenvías aquella imagen de Jesús que no para de circular, quedás desheredado de su gracia para siempre; si cortás la cadena de la buena salud no irás muy lejos porque una diarrea viral te cobrará ese desatino; y ni hablar de chantajes emocionales tipo: ‘No cortes esta cadena, Boudou lo hizo y mirá como le fue, en cambio Calcaterra la reenvió prolijamente a veinticinco contactos’.

** Si uno bien lo piensa, ¿qué te cuesta reenviarla para joderles la vida a veinte inseguros más? ¡Reenviamos tantas boludeces!!!
Además, nunca se sabe. Ahí lo tenés a Rafael Resnnik Brenner, que fue tan solo jefe de asesores de la Afip, no lo reenvió y fíjate en los diarios como le fue el martes (en cana); en cambio su jefe, el ex mandamás de la Afip Ricardo Etchegaray, se tomó el tiempo de reenviarlo a diez contactos y está paseando por Miami, ni siquiera lo llamaron a declarar.

Los riesgos de la abstención 

** Muchos de nosotros hemos sentido por años esos cadenazos sobre la conciencia. Te mandan el rostro de una nena de piel negra con una advertencia: “El 80% no reenvía esto porque detesta a los negros y probablemente vos sos uno de esos HDP”…
No es fácil resistir todo el tiempo a los aprietes demenciales del ciber cadenaje. Un conocido mío, Inseguro Gómez, llegó devastado al consultorio de una psicóloga, comiéndose las uñas, con los ojos enrojecidos por la imposibilidad de conciliar el sueño, se autoflagelaba por considerarse una mugre, una escoria….

** –“¡Soy de lo peor, doctora, mi alma es un témpano, no me importa el cáncer, el hambre, el racismo, las guerras, el sida…!”
_¿Qué le hace pensar eso de usted mismo?
_La evidencia está en mi Whatsapp, doctora, en mi Facebook, en mi cuenta de Instagram… no he reenviado una sola de esas cadenas que eran para conseguir un remedio que necesitaba para hoy mismo; o pedirle a San Cayetano que hable con Macri… ¡Nada me importó, nada, y ahora mire como está el país por mi culpa!… el morrón rojo a 150 mangos el kilo, con ¿qué haremos la salsa roja?…

La solución está aquí 

** Si nos basamos en la lógica de las cadenas, la Argentina anda mal por culpa de nuestra desidia. Entonces resolvámoslo de una vez. Si todos los argentinos nos pusiéramos de acuerdo en no dejar jamás de reenviar a veinte amigos las cadenas que recibimos, todo estaría en un armonioso orden, todos los milagros se cumplirían y seríamos libres de velar cada uno por sus necesidades personales y colectivas.

** Es sencillo lanzar una cadena, por ejemplo, con la figura de San Mauricio apóstata, con propuestas tipo: “Si besas esta imagen, la reenvías a 20 amigos y hacés la dieta del arroz hervido de lunes a lunes, la guita te alcanzará hasta el último día de cada mes. No cortes esta cadena; una mujer de Amaicha del Valle no la reenvió, porque ni señal de antena tiene, y la plata de la jubilación no le duró ni una semana”. O cadenas puteándonos unos a otros como un método para calentarnos en invierno cuando a las estufas ya ni las tocamos.

** Pero no nos hagamos ilusiones. Como dijo Fierro, nunca falta un buey corneta. Siempre habrá uno que corte la cadena y se cae todo. Imagínese a Luis D’Elía o la tierna abuelita Hebe besando la imagen de San Mauricio Apóstata y compartiéndola con sus amigos. Si ni amigos tienen. ¿Ves? La culpa de todo es nuestra desunión, no podemos ponernos de acuerdo ni siquiera en esto.

Exitosos a la sombra 

** “Arrésteme sargento y póngame cadenas, ¡si soy un delincuente, que me perdone Dios!”, rezaba un tango de Gardel. Digo rezaba, en pasado, porque era tan criminalmente machista que hoy ya no se difunde. Es de una época en que se engrillaba a los presos con una cadena que unía un contrapeso a sus pies.

** La cadena estuvo asociada siempre a las cárceles, incluso adoptada por la justicia en términos como ‘cadena perpetua’, que mete miedo. Quizás a esta memoria histórica debamos atribuir la pérdida de popularidad que han sufrido las cadenas en estos últimos dos o tres años, de creciente sensibilidad a raíz de que por primera vez en la historia tanta gente notable está en cana. Y no conviene mentar la cadena en casa del encadenado.

** Hoy esa palabreja puede lastimar a un montón de chorros exitosos procesados, llámense empresarios dadores de coimas o políticos tomadores de coimas, ex funcionarios, nuevos ricos, un ex presidente, cómplices arrepentidos, traidores a la Patria, sindicalistas, estafadores de La Salada, a quienes la sola mención de una cadena les da escalofríos, y si sale con guarnición de perpetua, ¡ni hablar!

** Igual, las cadenas por redes sociales podrían ser la solución para los que piden que no se hable de los que hoy están en cana sino de los que según ellos deberían estar. Bueno, lo ideal sería que armen una cadena agradeciendo a San Justo porque al fin en este país van presos los delincuentes de guante blanco y los que ni guantes usaron por sentirse impunes, y pidiendo la capacha para los que todavía están afuera.

** Un aplauso para el asador.

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