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El verdadero periodismo, nacido al calor de la Revolución Francesa, ha cumplido un rol fundamental en el desarrollo y ordenamiento de la humanidad, que no podría actuar como civilización si careciera de la información que nos permite interactuar a los ciudadanos, políticos, científicos, militares, clérigos, el capital, el trabajo, el arte, cultura, producción, pensamiento... que hubiesen visto muy limitados sus esfuerzos sin una fuerza que los propagara por el mundo para unirlos entre sí, capitalizar experiencias ajenas y transmitir las propias. El periodismo permitió a lo largo de la historia que personas a veces distantes y otras muy cercanas entre sí, descubran que tienen ideas afines. Cada medio, de alcance mundial, nacional o comarcano, en el círculo geográfico y socio-cultural en el que se desempeña, ha cumplido y cumple ese rol fundamental. Aunque Paralelo 32 enlaza en la actualidad todas las fuerzas de una importante micro región, 38 años atrás nació con la modesta pretensión de que los crespenses se conocieran mejor. En 1972 se experimentaba una nueva apertura democrática y la ciudadanía debía saber quiénes pretendían ser los representantes del pueblo en el gobierno y cuál era su pensamiento. En esta ciudad actuaban instituciones de bien público (hoy conocidas como ONG) cuya acción y objetivos solo podían ser conocidos mediante la distorsionante comunicación boca a boca; la actividad social y cultural tenía medios muy limitados para sus expresiones, como también el deporte y todo aquello que interesa o sensibiliza a los crespenses, que además hallaron en nuestras páginas una forma más eficaz de promover la oferta comercial.
Fundar y sostener un medio periodístico en una sociedad que no tenía tradición en ese rubro y menos aún tradición democrática, hizo todo más difícil pero a su vez más apasionante. Podríamos llenar páginas recordando los reparos que ponían los crespenses cuando se los entrevistaba para una publicación, casi siempre con pretensiones de lectura previa, es decir, de leer anticipadamente lo que se publicaría y someterlo a censura o corrección. Comprendimos con los años que las personas actuaban de este modo por un temor subyacente que ni siquiera se atrevían a declarar, como en la época monárquica pre Revolución Francesa, como sucede bajo las tiranías de hoy y de todos los tiempos, donde emitir libremente una opinión significa asumir un riesgo. Pero también lo hacían por inexperiencia o falta de confianza en cómo traduciría al papel sus pensamientos un joven e inexperto periodista. No era tan sencillo en esos años lograr una entrevista, y tampoco sostener un periódico en un ámbito social adaptado a regímenes dictatoriales, no acostumbrado a la libre expresión. En la década del 70 –aún en el interregno democrático- en cualquier encuesta sumaban amplia mayoría los ‘no sabe–no contesta’, lo cual, visto a la distancia representa un claro síntoma de la época del ‘no te metas’. Los cuestionamientos a lo que se publicaba eran moneda corriente, y entonces enarbolamos una norma que nos orientaría siempre: ‘No te desanimes frente a los que se molestan por lo que no has callado; si éstos no pueden desmentirte’.
A casi cuatro décadas de entonces recordamos la intolerancia de los políticos que en sus cortos periodos de participación en la vida de la ciudad actuaban con tanta inexperiencia y se delataban tan inseguros en su nuevo rol como nosotros mismos en nuestro oficio, y los periodos de peligrosa intolerancia de los gobiernos militares, con experiencia en esto de no permitir otro pensamiento que el de la verticalidad cuartelaria. Valió la pena haber perseverado para vivir esta etapa gloriosa de una tecnología que todo lo facilita (buscar un dato para reforzar una nota requiere unos minutos, contrastando con las horas que demandaba buscarlo en una biblioteca jamás tan vasta y completa como Internet). Disfrutamos de esta enorme expansión de Paralelo 32; hoy convertido en dos periódicos provinciales altamente populares, influyentes y respetados (y una página web abierta al mundo); como de la sorprendente transformación tecnológica y del viaje de casi cuatro décadas hacia las libertades plenas (que por estos días se ven nuevamente acechadas, pero ya no será igual). Vivimos y desempeñamos nuestra profesión en un mundo nuevo, desorientado e impredecible, cada vez peor y cada vez mejor, donde el futuro entusiasma y el pasado sabe a mesas de examen del secundario.
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