La acusación del colectivo de mujeres contra Juan Dartes parece haber diseminado la idea de que llegó la hora de los “linchamientos” por las redes sociales (hemos abundado en este tema en la edición papel de Paralelo 32 del sábado 15). En Crespo también sucedió y a la peor parte parece habérsela llevado una joven que creó un espacio que permitía la denuncia desde el anonimato de la denunciante pero con nombre y apellido de los supuestos acosadores y abusadores. Algunos de ellos ya ejercieron su derecho a defender su honor pidiendo retractación mediante carta documento. La joven (a quien en este sitio le daremos la posibilidad de reservar su apellido, derecho que no concedió aquellas personas a las que juzgó públicamente), con asesoramiento profesional publicó el siguiente texto en su cuenta de Twitter:

“Yo (Florencia), por medio del siguiente escrito quiero retractarme y pedir disculpas a todas aquellas personas, sus amigos y familiares que hayan podido verse agraviados o lastimados en su dignidad, buen nombre y honor, por las publicaciones que efectué en mi cuenta de esta red social (Twitter) el día miércoles 12 de diciembre de 2018.

“Debido al momento histórico y de exaltación social que estamos viviendo, publiqué un caso que me sucedió a mí y a partir de él comenzaron a llegarme testimonios de otras mujeres. Creé un espacio en Twitter con el fin de que las mujeres se sientan escuchadas, contenidas y acompañadas en aquello que les tocó vivir. En ese momento no dimensioné las consecuencias que podría traer, y sin saber si eran verdaderos o falsos dichos testimonios cometí el error de compartirlos con nombre y apellido. Nunca di nombres de quienes me pasaron los testimonios, por una cuestión de seguridad y para protegerlas a ellas.

“Al darme cuenta del daño que podía causarles a los acusados, decido borrar las publicaciones ese mismo día y hoy públicamente quiero pedirles disculpas a todo aquel que se haya sentido difamado o herido.

“Para cerrar, quiero decir que tal vez no fue el mejor modo para expresarnos, pero a pesar de todo tuvimos respuestas positivas.

“Debido a los relatos que se visibilizaron, las chicas nos dimos cuenta que estas cosas les pasan a la gran mayoría, en cualquier lado (casa, boliche, calle, etc.) y que no importa la edad que tengas. Gracias a esto algunas mujeres se acercaron a realizar las correspondientes denuncias”.

Hasta aquí la disculpa, que no evitará algunas querellas si es que los nombrados o ‘escrachados’ se lo proponen, como tampoco evita que sigan circulando capturas de pantalla de los textos agraviantes. Solo la intervención de la justicia permitirá saber, tardíamente, cuáles son verdaderos o falsos, pero mientras tanto los nombrados tendrán que asumir el implacable juicio social. Son bolsas de plumas que se echan al aire y si afectan a algún inocente, ya no podrá recogerlas a todas.

En Victoria

En la ciudad de Victoria, como en tantas otras, sucedió algo similar y después de numerosas acusaciones con nombre, apellido y en algunos casos fotografías de los acusados, alguien elaboró una lista que tituló: “Lista de Machos, violentos y abusadores”, encolumnando debajo 22 nombres de vecinos de la ciudad, algunos más conocidos que otros, incluidos profesionales. Veremos qué sucede con esto en la semana que comienza.

La ola nos llega desde España y recorre América latina. Un importante diario español denuncia que las feministas salen por las calles en busca de quienes les digan alguna grosería o galantería para armarles un escándalo y denunciarlos. No hemos llegado a tanto los argentinos, pero sería una pena que las mujeres abusadas echen a perder esta gran oportunidad de crear conciencia para terminar con la cultura machista. El primer camino es la justicia (que integra también un alto componente de mujeres con variadas experiencias de vida), y la denuncia pública es posterior para el caso de aquellas que quieran exponerse con testimonios que ayuden a otras a evitar situaciones traumáticas.

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