Crespo.- Cristóbal Wallis es inglés, antropólogo, educador y misionero anglicano. Junto a su esposa, Helena Oliver, salteña y asistente social, viven desde hace décadas junto a las comunidades wichís del norte de Salta, cerca de la frontera con Bolivia y Paraguay. Estuvieron el fin de semana pasado en la Iglesia Cristiana Evangélica, dando su testimonio de vida dentro de las comunidades aborígenes. Durante la entrevista estuvieron acompañados por Tomás Florit y Graciela Rozas de Florit.

De Inglaterra al Pilcomayo

–  ¿Por qué dejó las comodidades del Primer Mundo para irse a vivir al ‘Cuarto Mundo’?

— Cristóbal Wallis (CW): Cuando trabajé como antropólogo con comunidades en Perú, no era creyente ni cristiano. Pero después de mi conversión sentí el llamado de nuevo para estar con los indígenas en alguna parte. Como se dice, la ‘mano invisible’ dispone ciertas cosas…

 ¿Que no es la mano invisible del mercado (sonrisas)

— CW (sonrisas):… y terminé así con los wichís. Estamos en la comunidad wichí de Santa María, cerca del límite con Paraguay y de la Triple Frontera con Bolivia. Ahí estamos viviendo permanentemente los dos desde 2001. Antes nos trasladábamos entre la comunidad y la ciudad de Salta, que son unos 500 kilómetros. Son dos realidades muy distintas, obviamente. Cuando empecé a trabajar allí después de nuestro casamiento, fue específicamente en la cuestión de derecho a la tierra, que había sido mi experiencia en Paraguay, donde apoyaba comunidades en lograr la titulación de sus tierras. Desde el noventa hasta el 2001 mi actividad principal era eso. Acompañaba la Organización “Lhaka Honhat” (‘Nuestra Tierra’, en wichí) que tiene un reclamo ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para que sus derechos territoriales sean reconocidos.

Ruta y puente

–  ¿Es una problemática común en Latinoamérica? Lo que pasó en Cushamen con la muerte de Maldonado y la represión que hubo, es algo habitual en muchas partes.

— CW: Sí, sí. El año 1996 se inició la construcción de un puente sobre el río Pilcomayo, uniendo el Chaco Paraguayo con el Chaco Salteño, con la intención de hacer una ruta, que iba de Tartagal, a 180 kilómetros del puente, que está en Misión La Paz. La ruta cruzaba el río y seguía hasta Concepción y Matto Grosso, para sacar la soja.

–  Una ‘ruta sojera’, más que de integración.

— CW: Sí, exactamente. Las comunidades con las que trabajábamos reconocieron que iba a ser un peligro en su reclamo de tierras, porque la ruta iba a cotizar más esas tierras. Ya habían presentado su reclamo previamente, pero esa ruta era una amenaza grave. Así que ocuparon el puente. Nosotros estuvimos 23 días con ellos, era invierno, hizo frío. Fueron más de mil personas, diariamente. No eran un grupillo. En esa oportunidad murieron dos niños.

–  ¿Hubo un enfrentamiento con gendarmes?

—  CW: No, simplemente por el frío y enfermedades. En realidad era milagroso que tuviéramos para comer esos días, pescando y con algunas donaciones.

Tensiones y desinformaciones

–  Que los wichís hayan estado en el frío movilizándose, muriéndoseles dos niños, indica que las tierras son vitales para ellos. Evitar ese tipo de proyectos que para los occidentales es ‘el progreso’, pero para ellos es desplazarlos de sus áreas de vida.

—  CW: Sí. Ahora, la ruta está construida y casi asfaltada. Veinte años después están haciendo el último tramo. Pero los derechos han sido reconocidos sobre 400 mil hectáreas para las 70 comunidades aborígenes que conviven en la zona. La población indígena son 8 o 9 mil y hay unos 3 mil criollos, que son pequeños ganaderos con sus animales a campo abierto, andan sueltos por el monte. Se tienen que separar y definir las tierras indígenas de las tierras de criollos. Para cada familia de criollos tiene que definirse su parcela. El proceso es dificultoso pero está bastante avanzado.

–  ¿Es un proceso pacífico?

— CW: Hay momentos de tensión. Por ejemplo, cuando un criollo comienza a alambrar tierras reconocidas como indígenas. Ahí puede producirse un enfrentamiento. A mí me golpeó un criollo físicamente, terminé con costillas rotas. Me identificaba como una persona al lado de los indígenas. Fue hace tres o cuatro años atrás, cuando ya no trabajaba en la cuestión de las tierras. En el año 2001, coordinaba un equipo de la obra social de la Iglesia Anglicana, que acompañaba a la Organización Lakha Honhat en ese reclamo. Tomamos la decisión de dejar la cuestión territorial, porque me identificaban como inglés y con relaciones complejas entre Gran Bretaña y Argentina. Hasta me acusaron de comandar una flota de submarinos en el río Pilcomayo. (Sonrisas.)

–  (Sonrisas) Pero a la gente de la zona se la puede manipular con esos ‘bolazos’?

—  CW: En Salta, los diarios (de la flia. Romero. N de R) lo escribieron. Había un senador que me acusó.

–  ¿Qué pasa hoy con Urtubey?

—  CW: Con el gobernador Urtubey hubo avances significativos. Hay tierras fiscales que suman 640 mil hectáreas. Él firmó el decreto retirándolas del Estado y entregándolas en condominio entre familias criollas y aborígenes. Es un paso importante, pero aún no está definido cuáles son las tierras de familias criollas y cuáles las de aborígenes.

Conflicto territorial y las drogas

–  ¿Los criollos son pequeños productores o grandes terratenientes?

—  CW: Son pequeños productores. Algunos tienen bastantes animales, pero la mayoría no.

–  Hay que evitar que el conflicto se transforme en una guerra de pobres contra pobres.

—  CW: Claro.

—  HOW: Quiero destacar que la toma del puente, hace 20 años atrás, fue pacífica, cuando estaba Romero de gobernador, para llamarle la atención, porque no intervenía.

–  ¿Cuál es el trasfondo del conflicto por las tierras?

—  CW: Hay un elemento que indiscutiblemente tiene algo que ver, que es la droga. Porque es una frontera donde muy fácilmente se cruza. Hace poco hubo un tiroteo entre gendarmes y tres indígenas, que son las ‘mulas’. Lo mataron a un indígena, la familia está reclamando. Nosotros hemos tenido la sensación de que hay una persona con poder que está involucrado y controla la zona. Hasta ahora no hay intereses de la agroindustria, parece que es más el narcotráfico. Entonces, les conviene mantener un estado de desorden, que sea frontera.

Identidad y lengua

–  ¿Qué otras actividades ha desarrollado?

— CW: En el 1996 cuando fue la ocupación del puente, nos acompañaron muchas entidades: la Iglesia Católica, la Iglesia Anglicana, la Universidad Nacional de Salta, el Equipo Nacional de Pastoral Aborigen. Fue una delegación de la Universidad, entrevistaron a unas personas, y un grupo de jóvenes pidió a la delegación que, así como apoyan en el tema de la tierra, apoyen en la preservación de la lengua wichí. De ahí se marcó claramente, hablando de la identidad del pueblo wichí, hay dos pilares fundamentales: uno es la tierra y el otro la lengua, que es muy cara a los wichí. No entienden cómo alguien puede llamarse wichí si no conoce la lengua, para ellos no conocerla es un auto rechazo.

–  ¿Dentro de la cultura wichí la organización es comunitaria, familiar?

—  CW: Es familiar. Muchas veces se han organizado proyectos con el preconcepto de que todo es comunitario. Primero hay que definir qué es la comunidad.

–  ¿Qué es la familia?

— CW: Sí, sería una familia extendida. Y lo que ha pasado con el proceso de ocupación de sus tierras y con el proceso de evangelización, han encontrado en las misiones un amparo, un resguardo, y se han juntado diferentes grupos familiares en un lugar. Para la ocupación de las tierras no ha sido bueno, porque se han liberado tierras para que otros entren. Pero lo han sentido necesario en su momento porque se sentían muy amenazados. En la economía hay ciertas cosas que se hacen más allá del grupo familiar, por ejemplo, hay una forma de pesca en grupo, que no es comunitaria. Hay un ‘puntero’ de la pesca, un hombre que entiende las corrientes y los pozos del río. Se zambullen con una red, bajan al fondo de los pozos, agua muy turbia, se sienten los peces, están dos o tres minutos abajo y luego salen hacia la superficie. En la pesca, cuando va una cantidad de gente, van fijando los lugares de pesca. Son expertos, son catedráticos. No es exactamente comunitario, el puntero llama a los demás y los que quieren, van a pescar. Cada uno pesca individualmente, pero van con su puntero. En un sentido, los pueblos chaqueños son muy individualistas.

— Helena Oliver de Wallis (HOW): Aunque van en grupo, el pescado es del que lo pescó.

— CW: Después llegan a la casa, el hombre entrega a la mujer o a la suegra la pesca y ella hace el reparto. Si alguien no tiene para comer ese día, va y espera que le den.

–  ¿Y les dan?

— Ambos: Siii.

— CW: No dar es una ofensa.

–  ¿Y no recibir también es ofensivo? Por ejemplo, un occidental al que le ofrecen un plato de algo que le resultaría intragable.

—  CW: Claro, no recibir también es una ofensa para el que ofrece. Eso es lo que distingue también al wichí. Pero, está cambiando, hay mucha más interrelación con los criollos, pero hay muchos criollos que no van a tomar el mate con un indígena y no van a comer su comida. Se dice que en las escuelas, por ejemplo en Santa María donde la mayoría son indígenas, 85% wichís y 15% criollos, nos cuentan los wichís que a los chicos criollos sus madres les ordenan que bajo ningún concepto acepten tomar el mate de la misma bombilla de un indio, ‘porque te va a dar enfermedad’.

–  ¿Comen lo mismo ambas comunidades?

— CW: Sí, más o menos lo mismo. Los wichís consumen mucho pescado, su alimento preferido. Pero va cambiando, hay arroz, fideos, sémola.

Occidentalización

–  El proceso de occidentalización se está dando. La ropa es occidental: pantalones, vestidos, shorts. Diferente de lo que vestían hace cien años.

—  CW: Y menos todavía. Cuando llegué a la comunidad por primera vez, todavía algunos wichís usaban un tipo de falda tradicional.

–  ¿Tienen celulares, miran televisión?

—  CW: La luz llegó a Santa María y la mayoría de las comunidades del Pilcomayo en los últimos diez años. Es un cambio fulminante. La primera cosa que quieren es el televisor.

— HOW: Y ahora hay plata, antes no. Entonces, no venden televisores en la zona. Los comercios están en Tartagal a 150 kilómetros.

–  ¿Y se van a comprarlos?

— HOW: Llegan comerciantes ofreciendo los artículos. Cualquier cosa te van a ofrecer, un elefante te pueden ofrecer. Y la gente no sabe lo que es manejar ese tipo de decisiones. Y con las pensiones, es terrible y tan doloroso lo que nos está pasando.

— CW: Y se promueve. Si hay un poco de maldad en una persona, el consumismo lo potencia. Hay un caso de un hombre muy vivo, en una comunidad cercana, que se declaró cacique. El dice ‘yo te voy a ayudar a sacar una moto o un televisor, prestame tu documento y yo hago el trámite’. El maneja una casa comercial y vende en cuotas. Lleva a su señora para firmar, saca la prenda y después la vende. La persona, unos meses después recibe una intimación por falta de pago de las cuotas. Y dicen ‘yo no sabía nada’. En algunos casos, están ‘medio prendidos’. Primero comenzó con sus parientes y ahora con todos los demás. Las personas no saben todavía lo grave que es. Nosotros somos parte de una familia wichí. Llegó a la familia una señora ofreciendo cinco mil pesos a pagar en cuotas que se descuentan de la pensión. Después nos mostraron los papeles y vimos que iban a terminar pagando 12 mil pesos por los intereses. Negocio redondo para la mujer. Ellos no habían entendido cómo era el negocio. ¡Se enojaron! ‘¡Nos engañó!’, dijeron. Entonces, fuimos a Tartagal, a la agencia, y los tuvimos que amenazar con un juicio y al final se dieron de baja, porque todavía no habían sacado el dinero.

—  HOW: Todo esto, un panorama muy oscuro aparentemente, es un proceso en todo el mundo. A nosotros nos duele porque ha llegado allá de una manera tan impuesta que no da tiempo para decidir. No pueden ver las consecuencias.

Fundamentalismo evangélico

–  ¿Qué pasa con los grupos evangélicos más fundamentalistas que agreden las culturas tradicionales aborígenes?

—  CW: Ahora es un poco distinto. Si me remonto a la historia de las primeras misiones anglicanas, uno de los primeros misioneros se llamaba Richard Hunt. Él tenía bien claro cómo tenía que trabajar. Insistía que cuando entran a una comunidad no juzguen nada, porque todo les parecerá raro. ‘Deben dejar pasar algunos años y recién van a entender por qué se hace de tal manera’, decía. Lo que hay que hacer es hacer amigos, y enfatizó en el aprendizaje de la lengua, para entenderlos mejor. En nuestra zona hay, básicamente, dos grupos misioneros. La Iglesia Anglicana llegó a Salta en 1911 y en 1938 llegó a nuestra zona. Unos años después llegaron misioneros suecos de la Asamblea de Dios. Los suecos eran un poco más fundamentalistas, insistían en todo en lengua castellana porque los aborígenes ‘tenían que adaptarse’ y eran mucho más estrictos que los anglicanos. Pero hoy en día, se borran las diferencias. Los wichís son responsables de sus iglesias. Nosotros somos misioneros pero no tenemos cargo en la iglesia local. Nos invitan a predicar, pero ya tienen sus propios pastores de la comunidad, su consejo.

–  ¿Se notan diferencias entre pastores wichís y occidentales?

—  HOW: Depende, las apariencias pueden ser diferentes. Pero cuando uno se sienta a conversar con ellos, la espiritualidad es cristiana. Yo aprendí ahí sobre Cristo y el Señor me convirtió a través de los wichís. Yo, siendo salteña y argentina, educada en toda la tradición católica, por supuesto que para nosotros hablar de anglicanos, ingleses, era… ‘¡las Malvinas son argentinas!’ Fue para mí una bendición llegar a una comunidad donde nadie hablaba casi castellano, no había ningún misionero de afuera, el pastor y los creyentes eran wichís.

–  ¿Sin cambiar rasgos de su cultura tradicional?

—  HOW: Cuando hay una conversión, Dios nos muestra a cada uno qué rasgos cambiar en la vida de cada uno. Cuando te encontrás con un wichí convertido a Cristo, Dios le ha mostrado qué debe cambiar en su vida. A nosotros nunca los misioneros nos han dicho ‘tenés que dejar tal cosa’. Yo llegué siendo católica y decía ‘¿ustedes por qué no toman vino?’. Yo no tomaba vino, pero me preguntaba por qué no ellos. Un pastor wichí me dijo: ‘No hables así, Helena, a nosotros nadie nos obligó a dejar de tomar vino. Cuando tomábamos las bebidas tradicionales en nuestras fiestas tradicionales, nos perdíamos de tal manera que podíamos hasta matar a un hermano. Como sabemos que matar no es bueno y sabemos qué ha hecho Cristo por nosotros… Nosotros no somos como ustedes que pueden tomar un poquito y decir basta. No podíamos decir basta y no queremos pelearnos entre nosotros’. Van a existir diferencias, pero en cuanto a espiritualidad y su misión como pastores, es admirable.

— CW: Hoy en día hay un movimiento nuevo y autogestionado entre los indígenas, pero con tremenda influencia de los medios masivos. Es un estilo con música muy fuerte, a campo abierto. Los jóvenes se reúnen por las noches para hacer música cristiana pero a su manera, y les parece que eso está bien porque lo ven en televisión.

–  ¿Los teleevangelistas, por ejemplo?

— CW: Algo así. Lo han asimilado y piensan que eso es correcto. Va mezclado con cosas de su espiritualidad precristiana, del chamanismo, mucho énfasis en la sanación, y con elementos del ‘Evangelio de la Prosperidad’. Que en todo es la vara mágica. La han ido absorbiendo y en un momento de mucha crisis, por los cambios tan bruscos, parece ofrecerles una solución. Eso no viene con un misionero de afuera, el único misionero es la pantalla televisiva. Es preocupante, afecta a nuestra comunidad y está produciendo conflictos adentro porque hay gente que siente que eso es un engaño, que es ‘una aspirina’.

— HOW: Se produce el conflicto porque hay mucha gente que se da cuenta que no es el camino, han elegido otra cosa y se mantienen.

Educación cultural bilingüe

–  ¿Cómo se desarrolló el alfabeto wichí?

— CW: Ha habido varios alfabetos. Hubo trabajos de franciscanos en el siglo 19, pero no tuvo difusión. Luego llegaron los anglicanos, se pusieron a trabajar inmediatamente en la lengua, desarrollaron el alfabeto que tuvo más aceptación. Con la reforma constitucional de los noventa y el reconocimiento de la educación bilingüe intercultural, hubo un impulso de los mismos wichís de reconocimiento de un alfabeto unificado. Uno de los problemas es que en las escuelas bilingües no se enseñaba a leer y escribir en wichí. Les señalaban que no tenían un alfabeto unificado. En 1998 hubo una serie de talleres y se acordaron pautas. Tomando elementos de los alfabetos anteriores, se acordó un alfabeto. Se formó una comisión, el Consejo de la Lengua Wichí. En eso estoy desde hace más de 18 años. Se insiste en que el alfabeto no es para unificar la lengua, que tiene varios dialectos, pero sí la escritura. En una zona, agua se dice ‘inot’, en otra zona se dice ‘inät’ (ä es una vocal intermedia entre ‘a’ y ‘o’, con sonido más alargado) y se aceptan ambas formas.

–  ¿Cómo actúa el Estado?

— CW: Hay mucha retórica y poca acción. Hay una política declarada de educación intercultural bilingüe pero en la realidad no hay nada. Si es intercultural, deben saber cómo los wichís educan a sus hijos, pero no se interesan para nada. No se da cuenta que ciertas formalidades de la escuela pública son contradictorias.

–  ¿Qué formalidades, por ejemplo?

—  CW: Quien enseña es cualquier persona. La educación en un contexto tradicional wichí fortalece las relaciones sociales, porque es un pariente quien enseña. Ahora, es como una cuña que se mete y separa los niños de sus propias familias. El educador no es la familia, es otra persona. Otra cuestión es que se enseñan objetos, la educación pasa por cosas objetivizadas. En cambio, la educación tradicional wichí son prácticas que tienen sus facetas biológicas. Por ejemplo, no hay manos sueltas, es la mano ‘de alguien’.

–  Las cosas tienen un contexto.

— CW: La pesca, por ejemplo. El joven va con su padre, su tío o un pariente. Va a ir a pescar, y no sólo aprende a pescar, sino, que también va a aprender la ‘paciencia’, el ‘aguante’. Eso luego se activa con las relaciones personales.

— HOW: Nosotros no tenemos heladeras y nuestra casita fue la última que recibió electricidad. Cuando hace calor, muchos tienen freezer, y nosotros tenemos el botijo, un cuenco cerrado que almacena agua. Hay una hermana (en la fe) muy viejita que sigue haciendo botijos. Antes todos iban al río a buscar agua con su botijo. Ahora, los niños más pequeños preguntan qué es eso, el botijo, porque no saben. Eso es simbólico, cómo se va perdiendo en tan poco tiempo, y los padres ya no tienen tiempo para contarles cómo era antes. Es tan fuerte el cambio que no sólo tiene que ver con la identidad de quién eres, sino con ese anonimato que se vive ahora y en el que todavía somos rechazados por la sociedad moderna.

Quiénes son

Cristóbal Wallis, nació en el condado de Kent (Inglaterra), es licenciado en Historia (Universidad de Oxford) y Master en Antropología Social y estudios adicionales de posgrado en educación de adultos (Universidad de Durham). Actualmente es Coordinador del Programa de Educación Indígena de la Fundación ASOCIANA (Acompañamiento Social de la Iglesia Anglicana del Norte Anglicana). Realizó trabajos de investigación de campo con llameros quechua hablantes, en el sur del Perú (1975-1977); y de antropología aplicada con pueblos indígenas del Chaco paraguayo (1978-1986). Es asesor y acompañante de las comunidades indígenas de la zona del Pilcomayo en la Provincia de Salta desde el año 1990. Vive desde 2001 en la comunidad wichí de Santa María, en el norte salteño. Es autor de diversos artículos vinculados con los trabajos de acción realizados; trabajos literarios evangélicos y pedagógicos en lengua wichí. Es traductor de lengua castellana al wichí y miembro del Consejo de la Lengua Wichí.

Su esposa, Helena Oliver, es trabajadora social egresada de la Universidad Católica de Córdoba, nacida en la ciudad de Salta. Trabajó con discapacitados y en la problemática de los pueblos originarios. En 1971 fue a vivir a la comunidad wichí. Con Cristóbal se conocieron en 1985 trabajando con indígenas del Chaco Paraguayo, cuando la Iglesia Anglicana invitó a ambos a intervenir en un proyecto. Se casaron en 1990. No tienen hijos.

Consumismo

–  Los aborígenes tienen sociedades precapitalistas, les van imponiendo este capitalismo financiero y les van desarticulando la vida familiar.

—  HOW: Y la vida interior, porque había mucha vida interior. La palabra para interior, para alma, para espíritu, es muy importante; y está muy identificada con la palabra que significa paz. Una persona con la que hablé hace poquito, me refirió lo siguiente. ‘Antes, por la noche nos juntábamos y los hombres grandes hablaban de sus cosas del día o de lo que sea. Después, nos juntaban a los chicos para enseñarnos todo lo que había que aprender para tener ‘paz’. Ahora ya no se ve eso’. Él, aunque les quiera hablar, sus hijos y sus nietos ya van a estar con el televisor o el celular, que aunque no hay señal en la zona, están con los jueguitos. Ya no lo van a escuchar. Nosotros salimos de ahí, vamos a la ciudad de Salta y vemos en nuestras familias y amigos exactamente lo mismo. No es sólo ‘¡pobres los wichís!’ Creo que es un desafío a todos.

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