Por Héctor Motta (*)

Referencialmente nuestra provincia ha sido tomada a lo largo de su historia como la impulsora, difusora y con características de complemento a la actividad laboral familiar. Esta noble y rica actividad del Hombre, reconoce como fecha de origen la década de 1850, cuando el General Urquiza ingresa las primeras estirpes de aves traídas de Europa y las entrega a familias de la provincia para que la desarrollasen como actividad complementaria para el sustento diario. Práctica que se fue extendiendo desde aquí a distintas regiones del país.

En la década de 1920 nuestro país era reconocido mundialmente como el Granero del Mundo. Fue entonces cuando algunos visionarios comenzaron a tomar conciencia de la posibilidad de darle a esta actividad de traspatio casero, una proyección productiva, tanto en Entre Ríos, Buenos Aires, Santa Fe, Cordoba. Estableciéndose principalmente en el contexto de las nuevas rutas que ofrecía el Ferrocarril, de gran extensión en Argentina en cuanto a kilómetros de desarrollo de conexiones.

Podríamos decir entonces que el inicio de la década de 1920 fue un despertar y quizás la década de 1940 el verdadero inicio de la avicultura como actividad comercial naciente. El huevo fresco de gallina comenzó a llegar a las grandes ciudades del país, desde Entre Ríos, para entonces ya reconocida por sus cualidades para producir este producto. En aquel año se realizan también las primeras exportaciones de huevos frescos con destino a Europa, utilizando la ya reconocida vía de comunicación, FFCC más puerto marítimo, en este caso Buenos Aires.

Ya se ven por entonces decididas acciones del Hombre Argentino que aún debemos rescatar para la historia. El grano comenzó a transformarse en huevos para las mesas de los argentinos, principalmente en restaurantes de Argentina y el exterior.

En la década de 1950 despertó en el mundo un nuevo concepto de agregaduría de valor, para transformar definitivamente los granos en alimentos. Desde Entre Ríos se miraba con atención las novedades del mundo, como el desarrollo de la genética, el concepto de una dieta (alimento balanceado), la construcción de galpones para el alojamiento de aves, todo relacionado con una mejor productividad.

Surgen las primeras casas de genéticas, tanto en Estados Unidos, como en Europa, el primer país quizás por las fortalezas que le dejó la Segunda Guerra Mundial. Aparece la genética denominada de Alta Postura y mejor conversión de granos a huevos, y poco después, alrededor de 1955, la genética para los denominados por aquel entonces Pollos Parrilleros, por su velocidad de crecimiento y conversión, por aquel entonces de 75 a 80 días para la cría de un pollo, lo que aparecía como un nuevo milagro ante las crecientes necesidades de proteínas que ya se manifestaban en forma sostenida en el mundo.

Podemos decir que hace 60 años nació un nuevo concepto de producir huevos y pollos, como una verdadera fábrica de agregaduría de valor a los granos agrícolas, liderando Estados Unidos la exportación de carne aviar y huevos.

En la Argentina y principalmente en nuestra provincia, iniciada la década de 1960 comienza un operativo que me atrevería a expresar como de contagio, sana envidia, oportunidad económica, o cualquier otra fuerza motor que se quiera señalar; a lo que se agregó un nuevo concepto económico emanado de los lineamientos de un Gobierno cuya orientación fue el desarrollo, y viendo a la avicultura como una de las fuentes futuras de importante producción de bienes para consumo en el mercado interno, puso en marcha una gran tarea de divulgación y apoyo crediticio para ayudar a instalar el concepto de la Avicultura Moderna, que consistía en:

  1. Radicación de líneas genéticas. 2. Radicación de instalaciones. 3. Radicación y modernización de plantas de alimentos balanceados. 4. Radicación y modernización de plantas de Incubación. 5. Radicación de plantas de faenas de aves y sus correspondientes cámaras de frio. 6. Radicación de laboratorios de análisis y fabricación de medicamentos. 7. Construcción de centros de acopios en las grandes ciudades para distribución de productos. 8. Desarrollo del sistema de distribución por ferrocarril y posteriormente por camiones térmicos. 9. La generación de grandes centros de comercialización de todos los productos ligados a la actividad avícola de la era moderna. 10. La generación y creación de toda una red de servicios que hacen a la actividad y emanan de la misma. En síntesis, el comienzo de época de generación de empleo sustentable.

En el período que va entre las décadas de 1970, 1980, podría decirse que fue de gestación de grandes desarrollos y radicaciones, con suertes disímiles, ya que algunos lograron sus objetivos y hoy perduran en la actividad, otros no pudieron lograr sus sueños, pero la actividad siguió con una mecánica de desarrollo sostenido, no exento de sus terribles etapas de crisis, que necesitarían otro capítulo para su repaso, que incluye desde problemas de mercado hasta decisiones equivocadas de algún gobierno, que complicaron enormemente a los productores y las empresas productoras.

Llegada la época de la década de 1990 se inicia en combinación con el Gobierno Nacional y Las Cámaras representativas del sector aviar, CAPIA Y CEPA, una etapa de diálogo y que se unifica en un proceso denominado de Transformación Productiva. Es decir que en coincidencia con la apertura que se estaba iniciando a nivel global, Proceso de Globalización, los actores asumieron los riesgos de reconvertirse y tender hacia la filosofía de un nuevo criterio de producción. Se inició entonces el camino hacia la excelencia productiva en Argentina, mirando el mercado interno pero también comenzando a mirar hacia el exterior.

El presente

Hoy nos encontramos con una actividad AgroIndustrial de alto impacto en las economías regionales y en el concierto nacional, con alta presencia en el mercado interno, con consumos impensados de carne aviar en el recorrido de estas décadas descriptas. Hemos pasado de 7/11 kilogramos, a una etapa de 21/23 hacia fines de la década de 1990, e iniciar el nuevo siglo con números que hoy nos ponen con un nivel de oferta de casi 50 kilogramos por persona año y con capacidad  inmediata de exportar hasta 400 mil toneladas anuales (20%).

En el caso del huevo para consumo y/o industrializado, hemos pasado de 85/100 huevos a 175/185 fines del siglo pasado, escalamos a 275/285 huevos por cápita en el presente, y estamos en condiciones de ofrecer hasta 300 huevos por habitante año, con posibilidades también de exportar hasta el equivalente a un 15 por ciento de la producción nacional.

Para que funcione bien esta poderosa fuerza de agregaduría de valor que hemos logrado, necesita de todos sus actores, pero fundamentalmente de políticas activas acordadas entre gobierno nacional y los actores productores / empresas productoras, vía cámaras sectoriales.

Tenemos una gran Industria que puede asegurar el consumo interno del país y capaz de generar valores impensados vía exportación. De ahí que me atrevo a pensar en grandes actores con políticas activas y reglas muy claras y estables.

 

(*) Presidente de Grupo Motta. Integrante de la CD de la Unión Industrial Argentina. Presidente honorario de la Asoc. Latinoamericana de Avicultura (ALA), Ex presidente de CAPIA y ALA

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