La historia de Dios es una serie documental de televisión estadounidense emitida, su primera temporada, en 2016. En un capítulo la profunda voz de Morgan Freeman presenta al psicólogo de Nueva Zelanda Jesse Bering, quien sostiene que la creencia de seres sobrenaturales es necesaria para que las personas se mantengan “en el buen camino”.

El psicólogo cuenta que realizó un experimento en el cual desafió a varios niños a que acertaran al centro de una diana sin pasarse de una raya señalizada y que, además, debían tirar de espaldas. La tarea era sumamente difícil, pero el que lo lograra se llevaría un gran premio. Lo emocionante es que todos se irían de la sala y dejarían al niño solo para que realice el tiro, y luego volverían a comprobar que haya dado en el blanco, por lo que perfectamente el chico podía hacer trampa. Obviamente, toda las artimañas quedaban registradas por las cámaras. La gran mayoría hizo trampa.

Luego, con otro grupo de niños, hacían lo mismo, pero con la diferencia de que a estos les advertían: “Chicos, quiero presentarles a alguien muy especial que está en esta habitación ahora mismo con nosotros. Su nombre es Alicia, la princesa. Es una princesa mágica muy amable con una habilidad muy especial: ella puede hacerse invisible. La princesa Alicia está sentada en esta silla ahora”. Cuando abandonaban a los niños para que realicen su tiro y solo quedaban ellos y “La princesa Alicia”, entonces nadie hizo trampa.

Lo anterior representa un experimento muy curioso, pero tampoco podemos resumir la experiencia de Dios a eso. ¿Quién es Dios? ¿Qué es? ¿Existe? Son algunas de las preguntas que todos los que piensan la vida se habrán hecho. Para darle una mirada filosófica a estas cuestiones, hablamos con el licenciado en filosofía especializado en antropología Hugo Terraza.

Por teléfono le contamos la idea de la nota y accede sin problemas. Cuando le decimos que la idea era continuar con un ciclo de artículos “atemporales” que publicamos en nuestro semanario, nos contesta con humor: “Si le llegan a decir a un teólogo que la teología es atemporal, los mata”. Esta verdad dicha con humor se relaciona con La historia de Dios, la serie documental que citamos, pues la visión del ser supremo variará de acuerdo, entre otras cosas, a la época.

“Hay una frase de un autor que dice: «La experiencia de Dios se manifiesta en el hombre que todos los días hace algo por otro». Entonces, si uno se pregunta: ¿Dónde está Dios? ¿Qué es Dios? ¿O qué es hacer el bien por el otro? Es así que se mezcla lo moral (bien, mal) con lo religioso, por lo que puedo hacer la siguiente asociación: si digo que algo es religioso entonces Dios es igual a bien, en cambio si digo que no es religioso entonces el mal es igual al diablo. Esto es por decirlo de alguna manera”, comienza Terraza.

“De ahí es que la gente construye, desde el punto de vista especulativo, de acuerdo a su necesidad, porque hay una finitud. En filosofía se habla mucho de la contingencia, que en el sentido popular se explica con el «hoy estamos, mañana no estamos». Pero hay algunos salvavidas que me parecen que son constructivos en donde mucha gente se agarra por necesidad a algo religioso”, continúa.

Por otro lado, señala que en la actualidad, en el término intelectual, “se habla de lo trascendente más que de Dios”.  “Lo trascendente sería lo que me supera, ¿pero yo puedo hacer acciones trascendente? Sí. Cuando alguien saca lo mejor de vos, eso es una acción trascendente. Cuando sacan lo peor de vos, donde se muestra el límite de tu paciencia, eso no es trascender, porque lo que hacés para que el otro crezca sale de vos, pero lo malo vuelve, el veneno te queda. Aristóteles decía que el mundo es así, si vos escupís para arriba, te va a caer, si vos le deseás el mal a alguien, también. Eso es netamente filosófico”, explica.

“Lévinas decía que nosotros demostramos la existencia de Dios cuando tenemos esas acciones y vemos que le hemos hecho bien a alguien”, indica. “Tal vez el punto de inicio puede ser: el que hace las cosas bien puede entender un poco qué es Dios, porque es entonces un problema de conciencia, se asocia mucho lo moral con lo religioso. Esto no quiere decir que porque haga las cosas bien está ligado a un parámetro de compromiso como, por ejemplo, ir a misa”, prosigue. “La gente construye de acuerdo a su limitación, a su finitud y por necesidad una imagen de lo trascendente o de Dios, pero porque hay cosas que no puede superar, y, a veces, cuando piensa que sí las puede superar, entonces eso hace Dios. Lo complementario es ir a misa o rezar, por ejemplo”, concluye.

Con respecto a la misa, por ejemplo, remarca la importancia de una prédica actualizante en los sermones o las homilías para que la gente entienda. “Si no se hace una prédica actualizante, mucha gente no crece en la fe, no evoluciona”, sostiene.

“Algunos epistemólogos de la UBA judíos decían que Dios es un problema de concepto. Para algunos Dios es una cosa y para otros, otra. Muchos cambian conceptualmente lo que consideran bueno como Dios, o sea que para muchos lo bueno es Dios. ¿Pero qué es Dios? ¿Es un estadio? Puede ser un estadio donde uno siente cierta paz, ¿pero qué es la paz? ¿O qué es ser feliz? En el ámbito antropológico pocas cosas significan ser feliz”, dice.

Finalmente, aclara: “La experiencia de Dios es muy personal. El problema en el ámbito posmoderno es, dentro de lo personal, ser objetivos, porque si no cada uno tiene un parámetro o plano de bien, de felicidad, etcétera”.

—¿Es necesario creer en Dios?

—Hay una frase que dice: Frente a Dios no tengo salida, si lo quiero me mata, si no lo quiero me muero. Es un elemento presente del cual la necesariedad de Dios va de acuerdo a mis deseos o expectativas. Dios está. Como sociedad, desde el punto de vista de la Iglesia, yo creo que el hombre no está muy encarrilado para el bien de todos. La gente cambió a Dios por otros beneficios y la Iglesia se adaptó. Obvio que Dios es conveniente, pero si uno ve empíricamente cómo está el mundo, por ejemplo en cuestiones como el ambiente, el hombre se hace dueño y medio como que se hace Dios. No hablemos de si se portan bien o mal. La crisis de las religiones va de acuerdo al valor crítico del comportamiento y la conducta humana, que es moral. Es decir que si más se portan mal, significa que más falló la intervención de las religiones para que el hombre sea mejor.

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