Victoria.- Un grupo de vecinos comprometidos con la historia del distrito Quebrachito y su Capilla San Francisco de Asís, faro de espiritualidad para la zona, no se resignan a los embates del tiempo y el olvido y pusieron manos a la obra para restaurarla.

La cruzada no fue menor en razón que comenzó en 2011, y entre todos han podido devolverle gran parte de su esplendor, donde ya hubo una primer misa con la presencia de un cura de Hernández y el Obispo Diocesano; y estos ávidos vecinos y colaboradores de Victoria piensan coronar su empeño con la Fiesta Patronal que programaron para mañana domingo desde las 11:00.

En esa tarea de esfuerzo está involucrado el Padre Reynaldo Tentor, que a sus casi 85 años y con 59 años como sacerdote – que contará a partir de noviembre– demuestra una energía que no da lugar a ningún joven de sesenta y tantos a darse por vencido.

“Me han prohibido manejar, pero me hago llevar todos los primeros domingos de mes para oficiar la misa”, nos dice Reynaldo en la entrevista que nos concedió en la Abadía del Niño Dios junto a Amanda Meoniz, una de las personas que junto a Valeria Trucco, Verónica Chiara, la familia González, entre otros, colaboran activamente con el recupero de la capilla, y de esta celebración en honor a San Francisco de Asís.

Esta festividad religiosa tiene como particularidad que desde la Parroquia de Aránzazu parte una comitiva de jinetes rumbo a la capilla para acompañar los distintos actos y juegos ecuestres programados. Por ello, la misa es un punto de inflexión, y casi un margen de tiempo que los integrantes de las agrupaciones tradicionalistas tienen para salir al galope con las primeras luces de la mañana, y arribar con cierto margen de tiempo para compartir el sermón final y el resto de la programación que se concentran en el predio.

En esta zona de Quebrachito también tienen lugar una procesión, que desde 121 años, con sus bemoles, sostiene la fe de este poblado rural. “La procesión la realizaremos alrededor del predio de la capilla, y posteriormente habrá un tablado folklórico, y algunas comidas típicas para compartir la tarde”, dijo Meoniz a Paralelo 32, y aclaró que si el tiempo no acompaña, se trasladará la celebración al 21 de octubre, coincidente con el Día de la Madre, y que seguramente amerite algún homenaje especial.

Mientras charlamos y miramos fotos en blanco y negro (Donadas por Dora Elías) de aquellos años de esplendor, donde una muchedumbre visitaba el pintoresco paraje, animamos a Tentor a pensar en esta loable tarea que realizan los vecinos, no sin advertirnos algo que con su experiencia de llevar el mensaje de Cristo a cientos de capillas de la zona rural, se vuelve una verdad casi inobjetable: “Todo lo creado es pasajero”, dice y agrega que : “igualmente me resulta hasta incómodo ver que esta gente trabaja tanto y no poder estar más presente, porque es admirable lo que hicieron por la capilla, hay que decir que primero por abandono nuestro al que se sumó el vandalismo, había quedado hecha una tapera. Incluso esos inescrupulosos tiraron el armonio que había arriba en la parte del coro, subieron al techo y lanzaron al vacío la campana partiéndola en tres partes”.

Tentor mencionó además que hasta se llegaron a quedar sin agua, y por ello suspendieron los campamentos, otra de las actividades que concitaba mucho interés entre los jóvenes y devolvía la vida a este espacio.

En la amena conversación, también resulta muy curiosa y de suma riqueza la crónica de época que refleja el porqué del nombre de San Francisco de Asís para este emplazamiento, que no fue el original levantado en 1897. Meoniz da lectura a un documento del año 1933, que consta en sus biblioratos, donde se consigna el 4 de junio de ese año como fecha inaugural de esta casa dedicada a Dios y en honor al santo. “Datos suministrados por Don Santo Sartori, en marzo de 1933…con referencias al primitivo oratorio que tenía las paredes de material y el techo de paja”. Victorio García, criollo y hacendado, se menciona como quien hizo levantar ese espacio de 6 metros por 4; “y lo habría hecho a partir de una promesa que hizo a este santo, cuando estuvo sentado y vendado, en el banquillo, en trance de ser fusilado. Solía empezar el movimiento religioso ocho días antes de la fiesta del santo”.

La historia sigue, y como toda crónica marca inflexiones y apreciaciones de comisiones que no hicieron tan bien las cosas, incluso menciona que hacia 1894 una de éstas venía tan cruzada en sus acciones que debió poner un toldo para sostener la festividad de Patrono.

Hasta que un tal José Manso, sorteando su diabetes hizo promesa de devolver el esplendor a la capilla como se conoce actualmente. “…Se formó una comisión de caballeros y otra de señoras, el ladrillo se cortó en 1896 en el campo de Salaberry quien donó la tierra… en la pañoleta actual, en el valle de la costa de Quebrachito… donde los constructores de la capilla fueron Guillino y Botteri”, datos y más datos se nos escapan en estas líneas que seguramente servirían para una exposición de estos documentos en el Museo de la Ciudad, o atesorarlos para la consulta diaria que bien podría ser un libro. En este sentido, Tentor no duda en mencionar el nombre de Ana María Balbi para esta empresa.

En fin, una capilla que siempre ha tenido gente de bien a su alrededor para sobreponerse a los más duros embates del tiempo. Que fue la caja de resonancia de las penas y las plegarias de un pueblo cuya ruralidad era la que daba sentido a los encuentros en la eucaristía. Hoy, más de cien años después, sigue tratando de ganarle la pulseada al tiempo, tienen a un grupo de vecinos dispuestos, y un capellán que es todo un símbolo de entrega por su comunidad.

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