Es un día soleado, pero repentinamente oscurece el cielo, se forma
una tormenta y los rayos comienzan a caer incluso antes de
la lluvia. Pero los automovilistas están en general a resguardo,
incluso en caso de un impacto directo. Porque el auto es una especie
de jaula de Faraday. La carrocería metálica conduce las descargas de
hasta centenares de millones de voltios a tierra.

Esto vale también para los convertibles, porque en casi todos los
techos descapotables hay varas y otras partes metálicas que conducen la electricidad. Está claro que el techo tiene que estar cerrado. Y, como en cualquier otro auto ante una tormenta, también deben estar cerradas las ventanas. Ante el riesgo de caídas de rayos, deben estar replegadas en lo posible y no deben tocarse piezas metálicas del auto que estén en contacto con la carrocería.

La descarga de un rayo sobre un automóvil puede provocar daños en la electrónica del auto, en el esmalte que recubre la carrocería o en
los neumáticos.

En general,las casas rodantes son igualmente seguras, siempre y
cuando no estén construidas sólo de material sintético, que no brinda protección. Pero si están recubiertas de aluminio o tienen una
estructura metálica funcionan igualmente como una jaula de Faraday.

También en las casas rodantes hay que cerrar puertas y ventanas
cuando se desata la tormenta. Hay que retirar los cables que conectan electricidad en los lugares de acampe y evitar el agua de la ducha o el lavado de la vajilla mientras llueva y truene. Es recomendable evitar el contacto con piezas metálicas y mantener la cabeza alejada del techo. Más segura es la cabina del conductor… siempre y cuando tampoco esté construida de fibra de vidrio.

 

 

Fuente: Weekend

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