Los títulos de las notas nunca deben ser explicados. Además éste se explica en si mismo, transmite la sensación del que escribe, o el cómo las mayorías nos sentimos en tiempo y espacio en el momento actual. Sobre todo a partir de una absurda pretensión de cobrarnos un retroactivo en 24 cuotas por el gas que ya hemos pagado, es decir, por una deuda cancelada, porque el pago de una factura cancela el crédito.

Se asegura que el contrato con la empresa extranjera que explota el gas de nuestro suelo consta de unos 700 artículos. Probablemente en uno o dos de ellos se le concede a la compañía el derecho a cobrar con retardo este tipo de actualizaciones, y desde las oficinas de ministros Ceos que gobiernan a base de planillas Exxel y no de lógica política, entienden que la empresa tiene razón. El artículo 701 que falta debería decir que si algún inepto entrega un negoción a una compañía y además le firma todo lo que ella pide, es el inepto quien debe hacerse cargo y no el gran pueblo argentino salud. Plan B: El inepto le niega a la compañía gasífera ese reclamo y comprueba que aún incumpliéndole el contrato no se retirarían jamás del negocio.

Hemos mencionado la lógica política. ¿Y qué es la lógica fuera del campo virtual del Exxel? Veamos. A los asalariados, jubilados, cuentapropistas, desocupados, vagos mantenidos, militantes de tiempo completo… en fin, a todos los argentinos y a los 240 mil extranjeros que nos caen cada año por acá porque en sus países no se hacen cargo de sus necesidades… los costos también nos aumentan en dólares.

Nos aumentaron los fideos, el pan, las Saladix, porque su materia prima básica, la harina, se elabora con un commodity que cotiza en Chicago, en dólares obviamente. Otros componentes de nuestro costo de vida, como la electricidad, los combustibles, el propio gas, las servilletas de papel que se elaboran con árboles de nuestro suelo, el salchichón primavera, las pilas para la linterna y hasta el maní de la picadita (exportable y dolarizado), han aumentado en dólares, igual que el hierro, el aluminio, el cemento… ¿sigo?

Con esta ocurrencia del gas nos invade el temor de que nos caiga el proveedor del agua para el dispenser (palabra también dolarizada porque en pesos criollos se llamaría ‘surtidor’) a decirnos que se comió un par de aumentos de su insumo principal y nos va a tener que facturar la recaudación caída. Pero no es ésta la mayor preocupación. En todo caso se le dice que nos cobre por demanda judicial ante el juzgado que se ocupó de la causa de Carlos Menem, y en veinte años nos vemos de nuevo. La real preocupación es que, habiéndose actualizado a valor dólar nuestros costos de vida, no sabemos todavía ante qué ventanilla presentar nuestras facturas de actualización de ingresos. Es verdad que no tenemos un contrato firmado para adjuntar al reclamo, pero al del gas tampoco lo hemos visto; estamos a mano.

 

(Por Luis Jacobi)

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