Adepa reconoció el cambio de clima para el periodismo y reclamó políticas como las que existen en otros países para fortalecer a las empresas periodísticas.

La Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa) destacó que la prensa continúa siendo una institución que ayuda a fortalecer la calidad de la democracia, ya que “permite una comunicación más equilibrada entre gobernantes y gobernados, ayuda a controlar los desvíos del poder y contribuye a que las discusiones públicas sean más argumentadas y, por ende, más productivas”.

Adepa dio a conocer una declaración pública sobre la situación de la libertad de prensa y la sustentabilidad de la industria periodística en la Argentina, bajo el título “Preservar la salud de la prensa es cuidar el vigor de la democracia”.

En el encuentro, los directivos de Adepa analizaron distintas iniciativas vinculadas a la defensa de la producción de contenidos nacionales, a la preservación de las Pymes periodísticas y a la facilitación del acceso a los lectores a los medios. En próximos días se solicitará una reunión con autoridades nacionales para compartir estas conclusiones.

El reporte semestral sobre el estado de la prensa en el país fue presentado por el presidente de la Comisión de Libertad de Expresión, Martín Etchevers (Clarín, Buenos Aires). El documento destaca que la libertad de expresión es poder decir lo que se piensa sin represalias ni hostigamientos, pero “también la libertad de expresión es que existan medios para poder ejercerla”. “Al sostener el periodismo profesional –agrega-, las empresas periodísticas son, aquí y en el mundo, un instrumento esencial para ejercer esa libertad estratégica como contrapeso al poder y como auditoría social”.

El informe de la Comisión de Libertad de Expresión señala que lejos de estar en decadencia o en retroceso, las funciones de la prensa se potencian hoy por efecto de lo digital. “Gran parte de lo que se debate apasionadamente en las redes sociales proviene, de un modo u otro, del trabajo de las organizaciones periodísticas. Y está muy bien que así sea. Cómo no celebrar que la prensa, aun con fallas y errores, pero guiada por criterios profesionales y por la búsqueda de la verdad, sea el insumo del debate público frente a fenómenos que nos angustian, como las noticias falsas o “fake news” y los “hechos alternativos” derivados de la propaganda política”, enfatiza el texto.

Para Adepa, afortunadamente el país ha dejado atrás una política de confrontación oficial contra el periodismo independiente. Lo ha valorado la entidad en sus últimas dos juntas de directores: se puso fin a un esquema de persecución sistemática a la disidencia y, en general, al ejercicio del periodismo que da cuenta de una realidad muchas veces incómoda para el poder.

No obstante, así como se observa una positiva evolución en la las dos primeras premisas que se requieren para una efectiva vigencia de la libertad de expresión (decir lo que se quiere y hacerlo sin sufrir consecuencias), sigue pendiente el tercer requerimiento: cómo contribuir a preservar la sustentabilidad de un actor de la democracia que está llamado a cumplir un rol social e institucional del cual el Estado no puede desentenderse.

“Los medios gráficos y digitales vivimos en todo el mundo una paradoja que nos esperanza y nos desafía a la vez. Nunca en la historia hemos tenido más lectores. Con Internet hemos multiplicado por diez la audiencia que nos elige para saber y entender frente al océano de datos que circula en la web y las redes sociales, que muchas veces terminan generando desinformación. Al mismo tiempo, nunca como antes enfrentamos tal incertidumbre respecto de la ecuación económica de un modelo en el que quienes producen los contenidos -en definitiva, quienes financian el trabajo periodístico- no participan proporcionalmente de los ingresos que genera el tráfico digital ni ven recompensada de manera justa la propiedad intelectual de esos contenidos”, señala uno de los párrafos del documento.

En otro de los puntos analizados, el informe de Adepa reflexiona sobre el futuro de la industria periodística en nuestro país. “Durante los últimos 18 años –ciertamente aquellos donde la revolución tecnológica afectó como nunca antes la ecuación económica de la prensa– el sistema político no encaró soluciones de fondo para un sector que requiere más que respuestas de corto plazo o soluciones particulares”.

“Mientras se desataba la tormenta digital –reflexiona Adepa en su informe-, los diarios y las revistas vimos cómo se anulaba la histórica desgravación del IVA al precio de tapa. Mientras la publicidad digital se concentraba en dos grandes jugadores globales, la inversión publicitaria oficial reducía significativamente la participación de diarios y revistas, profundizando, el lugar de morigerar, la afectación a los principales productores de contenidos periodísticos. Lo mismo sucede con los portales digitales, que deben competir por la pauta con plataformas extranjeras que no generan contenidos sino que se nutren de los primeros”.

De acuerdo a la visión expuesta por Adepa, esta situación es mucho más grave en los medios periodísticos locales, en su mayoría Pyme, que hacen un esfuerzo sobrehumano para seguir sirviendo con información propia a las comunidades que atienden. “Hoy estos medios son además, en muchos casos, la principal fuente de trabajo para los periodistas en sus lugares de origen. De allí que requieran una especial atención de las políticas públicas. Necesitan contar con un régimen apropiado y específico que, como en otras industrias estratégicas, les permita seguir contratando profesionales de calidad.

Todos los países que preservan sus industrias culturales cuidan a sus medios locales. La coyuntura exige en este campo una respuesta aún más urgente”, señala.

Para Adepa la prensa vive hoy, en el mundo y en nuestro país, un momento bisagra. “La sociedad y la dirigencia dan cuenta todos los días del renovado peso que los medios periodísticos tienen en la agenda pública y en la auditoría del poder político y económico. Pero a la vez son conscientes de los riesgos que estos enfrentan a partir de los nuevos paradigmas tecnológicos”.

Para el final, el informe concluye que “superada la escalada oficial de hostilidad contra el periodismo, el país vive una oportunidad única para preservar y fortalecer, con políticas de Estado, este patrimonio intangible que hace, sin dudas, a la calidad de la democracia”.

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