Crespo.- La profesora Marcela Manén es especialista en equinoterapia y desde su centro Iko Iko, ubicado en Aldea María Luisa, desarrolla una importante actividad junto a un equipo de profesionales, especialmente con niños discapacitados. En diálogo con Paralelo 32 se refirió a los beneficios de la equinoterapia, las nuevas especializaciones que van surgiendo, las características del caballo que como instrumento terapéutico era conocido desde la Antigüedad. También destacó la necesidad de avanzar en la regulación de la actividad, que tuvo una explosión en los últimos 20 años en casi todo el país, con creciente demanda para atender discapacidades diversas.

Beneficios

–  ¿Qué beneficios brinda la equinoterapia?

—  Los beneficios del caballo son tres. El primero es el movimiento tridimensional, similar a la marcha humana. El caballo se balancea para un lado y otro, adelante y atrás, arriba y abajo. El segundo es el calor del caballo, que está dos grados más arriba que el nuestro, en torno a 39 grados centígrados. Esa diferencia de temperaturas con el cuerpo humano ayuda a la persona que monta, que se relaje con el calor del caballo. Los chicos suben tensos a montar y cuando terminan sus ejercicios están más relajados sus músculos. El tercer beneficio es el movimiento constante del caballo que pone en juego grupos musculares del paciente. Si tengo un chico hipotónico, necesito que el caballo vaya a mayor ritmo, para darle tensión muscular al paciente. Si está tenso, necesito que el caballo camine más lento para que se relaje. A nivel cognitivo, buscamos la independencia del chico en cuanto a que debe llevar las riendas, concentrarse en su manejo, y darle autoestima en el sentido de hacerle ver que es capaz de llevar un caballo. También a través de los recorridos que es establecen, se busca incrementar la atención del paciente para llevar el caballo hacia cierto lugar, frenarlo a tiempo. En esto trabaja mucho la parte neurológica, la plasticidad neuronal. A su vez, el movimiento del caballo genera un efecto mecedor, el jinete se siente contenido por el animal que monta y eso lo relaja. El placer de andar a caballo libera dopamina a nivel cerebral, influye directamente en ‘estar feliz’. Es una terapia al aire libre, sin encierro, con distintos estímulos como colores, olores, el aire, estímulos sensoriales, que también son importantes para mejorar al paciente.

–  Estos aspectos también explican la gran relación empática que existe entre jinetes y caballos.

—  Sí, es como que se eligen mutuamente. No todos los caballos tienen el mismo temperamento. Por eso no pueden hacer ejercicios todos los chicos con el mismo caballo. Un hiperactivo necesita un caballo más calmo para que le baje la hiperactividad; un chico hipotónico necesita un caballo más despierto. Con mirarlo al caballo yo ya puedo saber cómo es. Siempre les digo a las instructoras que dejen que el caballo mire, que se acerque, que olfatee al chico. Hay chicos que están en silla de rueda, vienen y el caballo se acerca, lo olfatea. Si el chico está espástico, con puños apretados, el caballo se acerca, le hace abrir las manos. El mismo caballo lo estimula a que se relaje.

–  El caballo es un animal muy inteligente, con inteligencia emocional.

—  Creo que sí. Sabe cómo llega la persona. ‘O te muerde o te acaricia’. Percibe todo, incluso tu forma de ser.

Un poco de historia

–  ¿Cómo nace la equinoterapia?

—  Esta terapia nace en tiempos de Hipócrates, en la Grecia Clásica. Empezaron a ver que el calor del cuerpo del caballo mejoraba a las personas amputadas. Muchas veces se intentó hacerlo con máquinas, pero no era lo mismo. Acá sin ir tan lejos, la pionera en equinoterapia es María de los Ángeles Kalbermatter, amputada de una pierna. Se rehabilitó con caballos. Hace más de 40 años que trabaja y gracias a ella estamos todos los centros de equinoterapia. Cuando comencé con equinoterapia en 2006 la traje a Paraná para que divulgue la terapia entre los profesionales de la salud. Es profesora de música y a raíz de su discapacidad empezó a trabajar con caballos para rehabilitarse. Tuvo posibilidades de viajar al exterior y capacitarse.

–  ¿No cualquiera que sea experto en manejo de caballos está inmediatamente capacitado para hacer equinoterapia?

—  Exacto. Me tocó tratar con personas que se presentan como ‘equinoterapeutas’ pero no saben muchas cosas. Por ejemplo, se ponen a ensillar un recado, ¿y el calor de caballo, cuando lo recibe el paciente? Se da el caso de personas que presentan proyectos a centros educativos, copiando y pegando de internet un montón de cosas. A menudo, el que no sabe monta a caballo con el paciente. Y si el paciente tiene una convulsión, ¿qué hace? ¿Y si el caballo se espanta?

Equipo profesional

–  ¿Qué conocimiento básico debe tener un equipo de equinoterapeutas?

—  Todos deben conocer de caballos y deben poder montar. Como especialidades, se busca un kinesiólogo para la parte motriz, un psicólogo para la parte emocional, también psicopedagogos o maestros especiales para cubrir lo educativo. Además, es fundamental que en todos los centros haya un conocedor de caballos.

–  ¿Se está avanzando en materia de asociar o colegiar a los expertos en equinoterapia?

—  Se habló de entrar a las facultades, para tener materias y especialidades. En Veterinaria ya se está hablando de caballos para equinoterapia. También se habla de entrenadores para equinoterapia, porque no todos los caballos sirven para esto. Hay que ver la mansedumbre del caballo, cómo domarlo. ¿Qué actividades hace un caballo? Te pueden decir que el caballo de equinoterapia ‘no hace nada’. Es cierto que no hace nada físicamente, pero recibe mucho estrés, porque la persona que viene a montar el caballo puede ser muy hiperactiva, estar muy tensa, o con piernas muy espásticas, con mucha fuerza en las piernas. El caballo tiene que estar preparado para recibir distintos tipos de personas en su lomo, durante una hora o dos.

–  Como es un animal muy perceptivo, ¿el caballo recibe toda la carga psíquica o física que tenga y transmita el paciente que lo monta?

—  Exactamente. El caballo debe estar bien alimentado. Después de la carga emocional que recibió debe estar libre para largar esas tensiones. Volvemos a plantear sobre el lugar donde deben estar los caballos. Si bien, tienen boxes donde duermen, como se puede ver en los clubes hípicos, después de ahí los sacan y los atan. ¿Y cuándo se libera ese caballo, cuando libera todas sus tensiones? Debe estar libre, trabajarlo, entrenarlo, ‘darle cuerda’, sacarle todas las tensiones que el animal capta en las sesiones.

–  Estamos hablando de un adiestramiento más específico para caballos de equinoterapia, que no es caballo de tiro, de carrera o de jineteada.

—  Exacto. Ni el recuperado que quieren sacarle a los carros urbanos. Muchas veces personas vienen a verme y quieren donar un caballo porque no saben qué hacer con él. Es viejito, por ejemplo, y te dicen ‘es re-manso’. Pero tenés que ver, más allá de su mansedumbre, cómo está físicamente, porque tenés que pensar en la persona que va a montar ese caballo. Es manso, pero si tiene 23 años, me va a servir dos o tres años, y hasta por ahí nomás. Porque el caballo puede llegar a 30 años de vida. Pero hay que ver la carga que tiene, porque en equinoterapia se hace monta gemela, de hasta dos personas. ¿El caballo va a soportar hasta 120 kilos, por ejemplo? Por eso digo que no todos los caballos sirven para la terapia. Además, hay que montar en el lomo del caballo. Hay muchas personas que enseñan a montar en la cruz. No es así. ¿Vos viste algún paisano montado en la cruz? No, está en el lomo.

Organización

–  ¿Cómo surge la idea de organizarse?

—  He participado en distintos foros latinoamericanos sobre equinoterapia. La primera vez, en Uruguay, donde estuvo gente de Brasil, Chile, México y otros países. Después fue el encuentro en Salta. Allá nos encontramos que los argentinos teenemos la falla de las obras sociales y la falta de acuerdos a nivel institucional. Se decidió que los terapeutas argentinos nos juntáramos aparte para empezar a acordar todos esos criterios.

–  ¿Qué importancia tiene buscar el reconocimiento de las obras sociales?

—  Se puede expandir la terapia. Iosper nos reconoce una hora como un profesional de psicología o psicoterapia, pero acá trabajamos como mínimo dos personas por paciente. Además, hay que mantener el caballo, que come todos los días. Buscamos que la equinoterapia entre en el nomenclador de la Superintendencia de Servicios de Salud, para que se valorice como corresponde.

–  ¿En otros países están más organizados?

—  Sí. En Uruguay ya tienen una especialización a nivel universitario, que dura dos años. El gobierno los apoya mucho a través de Ce.Na.F.R.E. (Centro Nacional de Fomento y Rehabilitación Ecuestre, en el ámbito del Ejército, creado en 2003, con 24 centros afiliados en todo el país donde se atiende a personas discapacitadas, N. de R.). Chile y Brasil están organizados, también. En Argentina cada uno tiene su centro, hay capacitaciones profesionales, pero falta coordinar un montón de cosas. El primer encuentro nacional se hizo en Tucumán. En la Casa Histórica de Tucumán se firmó un acta acuerdo donde nos comprometíamos todos a hacer la ley nacional sobre terapia asistida con animales. Luego se hizo otro encuentro en Rosario, donde empezamos a aportar criterios y nombres. Allí definimos que se deje de llamar equinoterapia y se comience a llamar terapia asistida con animales. Y nos encontramos con el tema de los animales, que empiezan con perros y con animales silvestres. Estamos en esa discusión para llegar a acuerdos.

–  El marco general de la ley nacional hablaría de ‘terapia asistida con animales’.

—  Sí. Y todo se está discutiendo a raíz que las obras sociales no reconocen estas terapias en su cobertura de salud para afiliados.

–  Dentro de esas terapias estaría específicamente terapia con caballos.

—  Claro. En mi caso no hago terapia con perros, por ejemplo. Hay centros que hacen terapia con perros y con caballos. Por eso se traba mucho el acuerdo, porque hay muchas especialidades. Se necesita una definición más científica. Estamos trabajando sobre el porqué del uso del caballo, sus beneficios. Estamos tratando de cerrar un poco la temática para que no nos trabe la ley nacional.

Psicoterapia sin montar caballos

–  ¿Hay más especializaciones con caballos para terapia?

—  Hay una especialización nueva. Estoy haciendo una diplomatura en Buenos Aires, en la Universidad Abierta Interamericana. Es la psicoterapia asistida con caballos, modelo Aegala (modelo que establece estándares y estructura necesaria para sesiones de psicoterapia asistidas con equinos, N. de R.), que no se montan; es la diferencia con equinoterapia, que utiliza los beneficios de los caballos montando. La psicoterapia se hace sin montar el caballo, trabajando sólo en pista. Es como un consultorio psicológico, pero con caballos. Surgen un montón de cuestiones internas de la personalidad, que se manifiestan a través del contacto con el caballo.

–  ¿Cómo se hace esa terapia sin montar?

—  Se deja el caballo suelto en la pista con la persona, puede ser individual o grupal. En la pista debe haber un psicólogo y un conocedor de caballos. Se dan distintas temáticas o se piden actividades a la persona. Pueden ser tan simples como ir a buscar un caballo y ponerle un bozal, por más que la persona no sepa cómo se coloca. Son situaciones donde uno se encuentra con una realidad que a veces se le escapa y no sabe cómo resolverla. Surgen interiormente en la persona cuestiones que indican cómo enfrenta la realidad. Entonces, es muy interesante.

–  ¿La psicoterapia asistida con caballos se usa para discapacidades o trastornos?

— No hace falta que sea una discapacidad. Lo importante es que la persona se pueda expresar. Se trabaja mucho esta psicoterapia con empresas, donde hay malas relaciones y hay que solucionar la situación; en coaching, donde se pueden corregir un montón de conductas y comportamientos a nivel organizacional, o a nivel de recursos en una escuela donde hay malos comportamientos y no se sabe de dónde provienen. También sirve para afrontar el bullying. Se usa desde niños hasta gente adulta. Lo importante es que después se puedan expresar porque hay que hacer un cierre de la terapia.

–  No va por el lado de las discapacidades.

— Claro. Tampoco hace falta que la persona conozca de caballos, porque no se le va a decir nada sobre el animal. Por ejemplo, nos contaron un caso en el curso de un chico que eligió un caballo blanco dentro de un grupo de caballos, para cumplir una consigna de la terapia. Pero el caballo corría y no lo pudo alcanzar. Resultó ser que el chico era adicto y eligió un caballo blanco.

–  ¿El caballo se da cuenta de la adicción del chico?

—  El caballo percibe todo. Hubo un caso en mis clases con un caballo que estaba nervioso y no lo pudo montar una paciente. ¿Qué pasó? Yo estaba nerviosa porque debía rendir un curso y se lo transmití al caballo. Ahora no pasa nada con el caballo porque estoy tranquila. Realmente, los caballos captan todo.

–  En el caso del chico adicto, el caballo captó su situación.

—  Sí, y el chico se dio cuenta que la droga ‘no era lo suyo’.

Encuentro provincial

–  ¿La equinoterapia ‘explotó’ en la última década?

—  Precisamente, porque ‘explotó’ se empiezan a correr riesgos. Por ejemplo, que cualquiera que tiene un caballo se ponga a hacer equinoterapia sin saber. Hay un montón de criterios para ver: qué es equinoterapia, a quién está dirigida, cómo deben ser las instalaciones para ejecutar esta terapia especial. Las instalaciones deben tener baños y otras normas de accesibilidad para discapacitados. Se debe resolver qué profesionales deben autorizar la terapia, porque no todas las personas pueden hacer equinoterapia. Hay centros que sólo hacen equitación y por ahí aprovechan para tomar un discapacitado y largarse a ‘hacer equinoterapia’ sin tomar recaudos, como corresponde con cualquier terapia.

–  ¿Es un punteo de lo que debe contener la ley?

—  Son los acuerdos que hemos estado hablando. El próximo encuentro lo hacemos en septiembre en Chajarí. Vamos a ir rotando por distintos centros y avanzar en estas cuestiones.

–  ¿Qué pasó en el encuentro que hicieron en Iko Iko?

—  En el encuentro de Rosario, nos pusimos de acuerdo para hacer encuentros a nivel provincial. Ya hay provincias que tienen su ley provincial regulatoria. Por eso ofrecí nuestro centro en María Luisa para ir llamando a todos los centros de Entre Ríos y empezar a trabajar criterios en común para una ley provincial. Acá nos limitamos a equinoterapia porque la realidad de Entre Ríos es que todos estamos trabajando con caballos.

–  ¿Charlaron con algún legislador o algún ministro?

—  Hay contactos. Pero queremos armar un anteproyecto de ley que represente lo consensuado por todos los centros, que no sea de un centro solo y los demás queden aislados. Considero que va a tener mucho más peso si lo presentamos como un proyecto de todos, y no como algo armado sólo por Paraná o por Gualeguaychú, por ejemplo. Una de las personas de Gualeguaychú es concejal, entonces está en el tema político.  Vamos a necesitar una autoridad de regulación, donde probablemente deban participar los ministerios y áreas de Salud y Educación; por otro lado, la parte de los expertos ecuestres, que regularía la Federación Ecuestre Argentina, a nivel nacional. En este punto, estamos buscando la formación de un técnico de equitación para equinoterapia. Actualmente hay instructores de equitación, con exigencias por ejemplo de saltar 1,20 metros con vallas, como en los concursos de equitación. Pero no se necesita saltar 1,20 para equinoterapia, con un chico discapacitado, lo que se debe tener son conocimientos sobre los caballos. Estamos pidiendo que la Federación forme instructores de equinoterapia, con exigencias menores que para equitación.

 

Quién es

María Marcela Manén de Ramírez es profesora de Educación Física y especialista en terapia asistida con caballos (equinoterapia). Se capacitó en distintos cursos con expertos nacionales e internacionales: en la Asociación Argentina de Actividades Ecuestres para Discapacitados, con la profesora María de los Ángeles Kalbermatter; en la Fundación Cordobesa de Equinoterapia con Verónica Martínez Achaval; capacitación en el área Hipoterapia y en Monta Terapéutica con la licenciada Edith Gross Naschert; en Enfoque Psicopedagógico del Autismo a través de la terapia asistida con caballos con la especialista Elaime Maciques. Manén vive en Paraná, está casada y tiene dos hijas.

Entre su actividad laboral, fue coordinadora del Taller de Equinoterapia en la Escuela Especial Nº 11 de Crespo, entre 2011 y 2016; también codirectora de tesis de licenciatura en la Universidad Católica Argentina – Facultad “Teresa de Ávila” de Paraná. Actualmente dirige el Centro de Rehabilitación y Equinoterapia Iko Iko, ubicado en María Luisa. Iko Iko forma parte de la Red Argentina de Terapia Asistida con Caballos.

Contactos: Fundación de Terapia Asistida con Caballos Iko Iko; Ruta Nacional 12 Km 424,5; María Luisa (CP 3114); página web: terapiaconcaballosikoiko.org; e-mail: equinoterapiaikoiko@yahoo.com.ar; Facebook: equinoterapiaikoiko.manen; Whatsapp: +54 9 343 5103377.

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