Diálogo con la psicóloga Evelyn Ramos

Unamuno desenmascaró una realidad velada por el pudor. Argumentó que nuestros sentimientos son la causa (y no la consecuencia) de la concepción unitaria y total del mundo y de la vida que nos formamos. “No suelen ser nuestras ideas las que nos hacen optimistas o pesimistas, sino que es nuestro optimismo o nuestro pesimismo, de origen filosófico o patológico quizá, tanto el uno como el otro, el que hace nuestras ideas”, escribió en Del sentimiento trágico de la vida.

De esta manera, se llega a la conclusión de que el hombre es más un animal afectivo o sentimental, que un animal racional. Entonces, si los sentimientos son los que dirigen nuestros pensamientos, ¿cómo se manejan estos? ¿Qué importancia tiene conocer su raíz? Para contestar éstas y otras preguntas, la psicóloga Evelyn Ramos habló con Paralelo 32.

La profesional comenzó exponiendo que, muchas veces, cuando alguien acusa un dolor físico se preocupa de inmediato por ir al médico, pero que no siempre ocurre lo mismo cuando esa dolencia es emocional. “No es que el psicólogo va a tener la solución, sino que por medio de éste se comienzan a abrir puertas para pensar en uno mismo”, comentó.

“Hay emociones que tienen mala prensa. La tristeza, por ejemplo”, señaló. “Es fundamental poder dar tiempo a todo lo que nos está pasando, a veces tapamos y tapamos la tristeza, pero siempre por un intersticio se escapa”, continuó. Asimismo, diferenció ocho emociones básicas: el miedo, la tristeza, la alegría, la vergüenza, la ira, la sorpresa, el amor y la ansiedad.

“Las emociones tienen que ver con algo que se da, después se convierten en un sentimiento. Ahí, por ejemplo, entraría la depresión. Triste nos podemos sentir todos, indudablemente hay un montón de situaciones que nos pueden poner tristes. Pero esa tristeza puede instalarse en la persona, ya sea de manera temporal o crónica”, diferenció.

La tristeza

En la continuidad de la conversación, la psicóloga explicó que muchas veces se censura la manifestación de la tristeza. Sobre esto también se refirió Unamuno en el mencionado libro: “Un pedante que vio a Solón llorar la muerte de un hijo, le dijo: «¿Para qué lloras así, si eso de nada sirve?» Y el sabio le respondió: «Por eso precisamente, porque no sirve»”.

Claro que la utilidad del llanto sería, en este caso, el desahogo. Sumado a esto, Ramos desarrolló: “La tristeza es una emoción que se la vive como negativa, es decir que la emoción positiva sería la alegría. Entonces, la tristeza nos tiene que servir para poder expresarla y experimentarla, y ver qué es eso que nos está pasando. Lucas Raspall [psiquiatra y psicoterapeuta], en su libro Un juguete llamado mente habla de que nuestra atención siempre va dirigida a aquello que nos falta, a aquello que está funcionando mal. Ahí también unimos la tristeza”.

El manejo de las emociones

Narró la psicóloga que a veces nos enredamos en un circuito del que no podemos salir. Este circuito es un juego de tiempos, o, dicho de otra forma, ocurre que rememoramos una experiencia negativa y la traemos al presente para sufrirla una y otra vez. Incluso, puede pasar que nos anticipemos a una situación, y la tristeza cambie de forma pretérita a futura, pero siempre vivida desde el presente.

Pero para no irnos en digresiones sobre el tiempo, volvamos a las emociones. En este sentido, Ramos remarcó: “Es importante preguntarse: «¿Por qué estoy pensando esto? ¿Qué me está pasando?». Con respecto a los duelos, por ejemplo, hay que saber que se tratan de un proceso, pero no hay que quedarse anclados a esto y se debe buscar la forma de, con lo que se tiene, estar bien”.

Parar, reflexionar, identificar el porqué de las emociones y no quedar anclado al pasado son algunas de las claves que la psicóloga discriminó como importantes. Así las cosas, reiteró: “La mente se encarga de fijar la atención en eso que no está funcionando o se anticipa a posibles situaciones que quizá nunca se den. Entonces, evitar eso es un proceso que es más fácil decirlo que llevarlo a la práctica, pero cada uno debe encontrar la manera de, justamente, encontrarse consigo mismo. Esto se da cuando parece que la mente para por un instante y uno se pone a hacer algo que lo divierte, como por ejemplo tomar fotografías, dibujar, pintar, etcétera”.

Niños y adolescentes

Es de suma importancia, argumentó la profesional, escuchar a los adolescentes y a los niños, y también hablarles. Lo anterior, si bien parece obvio, tiene más detalles. De esta manera, diferenció que esa charla debe darse en el momento adecuado y con una persona significativa para el joven.

“Hay que encontrar los momentos indicados. Seguramente, si el adolescente está con los auriculares y yo le quiero hablar de algo, no sea el momento. Asimismo, si el adolescente nos busca y uno está haciendo algo del trabajo, él también se da cuenta de que no es el mejor momento para hablar. Me parece que para superar esto es bueno encontrar un punto en común, algún juego o actividad que les guste hacer a los dos. Puede ser una caminata o un deporte, y por medio de eso buscar puntos de encuentro y desde lo positivo encontrar algo y ver cómo se pueden solucionar las cosas”, explicó.

Por otro lado, mencionó que hay situaciones en las que el chico no quiere hablar con determinado familiar. En este sentido, señaló que se puede buscar una persona significativa con la que éste quiera entablar conversación. “El adolescente y el niño siempre necesitan una persona significativa. Entonces, esa persona, a través de ese vínculo, puede buscar momentos para que se den estos espacios de charla”, dijo.

Finalmente, Ramos concluyó citando una vez más a Raspall: “«Sufrir es enredarse en el dolor y no sólo sentirlo en el momento que ese estímulo está, sino que también cuando yo no está o cuando, incluso, nunca estuvo», a mí me parece que esa frase tiene mucho poder en el sentido de que muchas veces quedamos atrapados en eso que pasó, en el dolor que pasó, y no podemos ver qué recursos poseemos ahora para estar bien con lo que tenemos. El sufrimiento tiene que ver con repetir y repetir eso que pasó o no tengo, o anticiparme a eso que podría pasar. Esto es algo que se da muy frecuentemente en la sociedad”.

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