Victoria.- El 13 de mayo se celebra el hito fundacional de la ciudad ya que en realidad nunca fue fundada realmente. Pero, ¿por qué elegimos esta fecha como acto de inicio de la ciudad y cuándo comenzamos a tomarla como punto de partida? Para responder estos y otros interrogantes, Paralelo 32 consultó a Ana María Balbi, una voz autorizada en cuanto a la historia local.

—¿Qué se conmemora el 13 de mayo?

—Se conmemora la realización de la primera misa en el oratorio, que se puso bajo la protección de Nuestra Señora de Aránzazu un 13 de mayo de 1810. La advocación fue elegida por los propios pobladores, aquellos que habían impulsado la construcción del oratorio, liderados por Salvador Joaquín de Ezpeleta. La virgen es de origen vasco ya que mucho de los pobladores eran vascos. Entonces, el colectivo que lleva adelante el proyecto de construir un oratorio también propone que la advocación fuese la de Nuestra Señora de Aránzazu. Hay que decir que si bien no tenemos fecha de fundación, una vez comenzada la construcción del oratorio y en vías de terminarse, se inician los trámites para la fundación. Ezpeleta también va a ser el representante, como en ocasiones anteriores, para realizar estos nuevos trámites. Sin embargo, esos trámites se truncan por la Revolución de Mayo. Quizá por eso con el tiempo y el colectivo local ha rescatado y valorado esta fecha como una de inicio. No podemos hablar de fundación, pero sí de inicio o hito fundacional porque a partir de allí los pobladores que se habían radicado en los alrededores del Cerro de la Matanza se van a ir re-ubicando cerca del oratorio de manera progresiva.

—¿Qué rol cumplía la religión en aquella primera comunidad?

—Es muy claro en este proceso esa inquietud de carácter espiritual y religioso. Cuando los lugareños acuden a conocer y entrevistarse con el obispo de Buenos Aires en Nogoyá, a partir de ahí se van a ir concretando los pasos para tener este centro religioso. Tenemos que pensar en los esfuerzos de todo tipo para poder llevar a cabo este deseo, este anhelo. Concretamente ellos hablan de una necesidad de un «pasto espiritual», o sea que lo tomaban como un alimento para el alma. Estamos hablando de una etapa colonial, de la preeminencia de la Iglesia Católica dentro de lo que fue todo el proceso colonizador español y estamos hablando también de convicciones de estas personas, convicciones que claramente tienen que ver con la fe.

Balbi destaca la voluntad de aquellos pobladores en favor de la construcción del oratorio  y la elección de la advocación. “En el momento en el que el obispo pone algunos reparos con respecto a los materiales y las dimensiones del oratorio, Ezpeleta es quien asume la defensa de la obra diciendo que se iban a esforzar con limosnas a futuro, pero que sería muy bueno para la población porque si no se lo habilitaba se podía enfriar el celo religioso”, dice.

Cabe recordar que el oratorio tuvo la autorización del poder civil de manera rápida, sin embargo, desde el punto de vista religioso habían prescripciones en cuanto a las dimensiones y características constructivas. Luego de que Ezpeleta defendiera el oratorio a través de una carta al obispo, este último accede a la habilitación y dispone que se celebre la primera misa.

—¿Cuándo se eligió el 13 de mayo como fecha en la que se conmemora el hito fundacional de la ciudad?

—El dato de hoy es que el 13 de mayo, tanto desde los medios como desde las gestiones municipales, es el día de la ciudad. Hay algo como que se instaló acá, pero no siempre fue así. Busqué cómo se celebraba esta fecha en el siglo XX y hay años donde no había nada. En 1980 se hace una misa donde viene el obispo, que fue organizada por grupos católicos de la parroquia. La fecha es como una construcción, no es que esto fue siempre así. A través de los periódicos se ve cómo va cambiando el relato, la terminología, cómo se va designando el día, cómo cada vez hay más actos. Esto va en crecimiento hasta el bicentenario que es donde llegamos al momento fundamental, a partir de ahí hay más actos culturales y conferencias.

—¿Qué nos podría decir de los rasgos o la personalidad de Ezpeleta?

—Claramente fue una persona con una formación adecuada para el rol que le tocó desempeñar. Evidentemente, por la forma en la que se expresaba, tenía convicciones muy claras y muy firmes, con rasgos de líder. Era una persona capaz de acompañar con su firma, su apoyo económico y en todos los sentidos al proyecto en el que estaban embarcados. Él era un comerciante importante de la zona que decidió, como tantos otros vascos, venirse a estos lugares y emprender esa aventura. Sin embargo, no era un aventurero, era un comerciante trabajador que formó familia. Los vecinos y las personas que vivieron con él vieron estas cuestiones, porque uno no delega en cualquiera la tarea que le encomendaron. Incluso, era una persona muy enamorada de la zona, y lo deduzco porque cuando hizo la fundamentación para la fundación de la ciudad (que no prosperó) hablaba de una manera muy hermosa de la parte geográfica y paisajística. Era sensible a la belleza. Si bien era hombre de progreso y de trabajo con un lenguaje preciso, tenía una sensibilidad para captar y contar al otro qué bondades tenía esta zona.

Ana María Blabi menciona que los pobladores representados por Ezpeleta tenían intereses comunes y visión a futuro. “Es genial festejar si hace bien a la comunidad y eso nos lleva a compartir cosas, pero también, a nivel ciudad, tenemos que pensar cuál es el plan, ellos tuvieron un plan que se tradujo en actos y en hechos”, reflexiona.

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