“Una imagen dice más que mil palabras” es sólo alguna de las aseveraciones más peligrosas, insulsas y recurrentes en nuestra época. Rodeados de un vaho espectacular que empaña nuestros parabrisas con publicidad recalcitrante, nuestros hogares con mil mensajes simultáneos de belleza supuestamente cotidiana y cientos de actividades que involucran nuestra presencia distante en la aldea digital, llegar a un momento de écfrasis es el resultado ideal de toda representación gráfica que nos rodea. Entonces, decir verbalmente lo que se ha “escuchado” visualmente, es siempre una extensión de mayor complejidad (y desenvolvimiento) comparado a quedarse nada más con las imágenes en soledad. Al respecto, Luz Aurora Pimentel identifica en este proceso –el de llevar lo ocular a lo verbal– tres clases de ejercicio. La primera, donde el objeto plástico existe en la realidad autónoma; la segunda, en la cual el objeto a mirar existe solamente en el lenguaje y la tercera, aquella en la que sin designar con precisión un objeto, remite el estilo de alguien o algo.

Partiendo de esta categorización postulada por la investigadora mexicana, podemos mirar a todos lados, captando las millones de estampas furtivas que se arrojan a nuestros ojos y darnos cuenta que como fotógrafos –o aficionados a esta práctica– es importante darnos el tiempo para observar con atención, leer y analizar lo visto, lo capturado. No sólo seducirnos por su consumo fácil y pronto. En la habituada necesidad de llevar cierto lenguaje a otro medio de comunicación ampliada, hacer un análisis fotográfico –efectuar la écfrasis que mencionábamos– es también uno de los tantos episodios con que cuenta la experiencia artística y que amplía tanto el proceso creativo como el de expectación.

Leer una imagen, que no es lo mismo a traducirla, significa observarla detenidamente. Analizar sus componentes. ¿Qué es lo que se muestra y cómo se llega a tal demostración? ¿Cuáles son las intenciones del fotógrafo y cuáles las del público que mira? Para responder dichas preguntas, recurriendo a la interpretación o la búsqueda de contextos, los niveles de lectura oscilan entre la denotación y la connotación; arrojando entonces un análisis tanto perceptivo como comprensivo de lo que se ve. Ese examen en términos de la fotografía y sus desdoblamientos en la construcción simbólica y verbal puede comenzar así con los siguientes horizontes:

Compositivo

Pensar en el encuadre, perspectiva, proporción y la distribución de peso. Es preguntar qué protagoniza, desde dónde se capta, cuánto se obtiene, dónde se sitúan los elementos, etcétera.

Técnico

En otras palabras, preocuparnos por el enfoque, la apertura de diafragma, la velocidad de obturación, la profundidad de campo y el balance de blancos.

Narrativo

¿Cuál es el discurso de la fotografía? ¿Dónde se sitúa esa imagen dentro de algún relato? Analizar la narrativa de una serie o una producción en solitario es adentrarnos en la composición de su historia, de una expresión y no siempre de una calidad técnica.

En esta última planicie de diversos suelos, alturas riesgosas y depresiones convenientes, vale más emprender nuestro recorrido con cuestionamientos propios de su potestad que dejarnos engañar por la veloz impresión de sus características formales. Si se inicia una trayectoria visual con la impregnación justa de un espíritu connotativo, que acecha el paso poco precavido de las posibles comprensiones en una foto, será más fácil saltar después a las propiedades literales y estructurales de la materia.

Para dicha tarea, se puede indagar en:

¿Qué es lo que se propone el fotografía y la obra en autonomía?

¿Cómo se llevó a cabo la captura de la imagen?

¿Cuáles son las que condiciones que engloba en tanto producción y apreciación?

¿Qué se intenta con dicha imagen?

Qué pueden transmitir tales capturas.

¿En qué consisten tanto la historia que se propone como la que se ha construido en el público?

Lo que debemos entender en todo momento y con mayor ahínco al concluir tal o cual juicio, es que nunca existen conclusiones objetivas, es imposible pretender que en una conjugación de caracteres técnicos y factores emocionales haya cabida para apreciaciones únicas o comentarios inequívocos.

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