** ¿Le ha pasado a usted, que viviendo un determinado momento le asalta la extraña sensación de haberlo vivido antes o haberlo soñado la noche anterior? Se queda como preguntándose si a esto lo vivió, lo escuchó, lo vio en una película o se lo contó la abuela cuando lo acunaba. Le da como que ya estuvo ahí antes. A eso se le ha llamado siempre déjà vu, un término francés que significa ‘ya visto’, que vale también por ya oído o vivido.

** Pero ¿cómo habría que llamarle a un déjà vu masivo? Pongamos un ejemplo. Algunos millones de argentinos mayores de 40 años que esta semana escucharon al Presidente Macri decir que le ha pedido al FMI (Fondo Monetario Internacional) un ‘by pass’ de unos 30 mil millones de pesos, sintieron que a esto ya lo escucharon antes. Y lo sintieron tan fuerte que no tienen por qué dudar y hasta pueden recordarlo con nombres, apellidos y malos ratos padecidos. Es más, si no lo recuerda no se preocupe que hay quienes se ocupan de refrescarlo todo el tiempo.

** Aquel recuerdo de 2001 no estaría tan presente si nos hubiese ido bien con la sucesión de acuerdos con el Fondo, pero terminamos ‘al fondo a la derecha’, donde ni papel nos habían dejado.

Pero hay una diferencia. El déjà vu nos hace sentir que ya hemos vivido algo que nunca ha sucedido con anterioridad. Y ahora nos preocupa el recuerdo de algo que sí, ha sucedido, y nos dejó el paladar amargo. Nuestros padres, que no eran muy afectos a los extranjerismos, lo llamaban “otra vez la burra al trigo” mientras sacudían la cabeza.

Recordando a Mingo               

** Lo sentimos así porque el recuerdo de la primera vez es aún cercano, no hace ni veinte años que lo hemos vivido. El presuntuoso Domingo Cavallo, primero ministro de economía peronista y luego ministro de Economía radical aliancista, nos mandaba a descorchar champán porque ¡ahora sí que vamos a andar bien!, hoy porque el FMI nos blindó, mañana porque nos dio un crédito puente. Y le creíamos, hasta que no pudimos pagarle más el champán al almacenero, ni el arroz ni el azúcar.

** Habían sido puentes para cruzar de villamal a villapeor. Calientes, salimos a gritar “que se vayan todos”, todos, los que estaban y también los que operaban para que éstos se fueran. Muchos se hicieron los sordos, se reciclaron y pastaron varios años más en los dulces alfalfares del erario público.

** El FMI -lo aclaro para tía Leoncia-, no es un organismo financiero. Es uno que se ocupa de soplarles el trasero a los países que están en la lona, para que no pierdan sus signos vitales. Te da una mano pero te pone condiciones, no te da alegremente para que sigas tirando manteca al techo.

Cambiando la ropa del muerto

** Cavallo nos habló de créditos puente mucho antes de los feriados puente y de la destrucción de puentes que provocó la grieta. Los créditos puente significaban tomar préstamos para saldar préstamos anteriores. Algo así como cambiarle cada tanto la ropa al muerto. También nos enseñó la palabra Megacanje. Son tecnicismos que a nadie le ponen más plata en el bolsillo. Porque después de todo es lo único que los argentinos esperamos de nuestros gobernantes ¿o no?  De última, que no nos bolsiqueen.

** Lo que se pide ahora es algo más blando. Se trata de un préstamo ‘stand by’, según se explica: “un instrumento crediticio creado por el FMI para otorgar préstamos a los países de mercados emergentes y avanzados, para darles más flexibilidad y capacidad de respuesta. Argentina ya firmó 18 acuerdos de este tipo desde 1958 hasta 2003 cuando lo tomó Duhalde y lo terminó recibiendo Néstor Kirchner. Este es el 19º.

Según como se mire                

** Desde Rivadavia para acá todos los gobiernos han tomado deuda en el exterior, incluido este delincuente cuyo nombre tenemos que soportar en nuestras calles por haber sido el primer presidente. Desde Perón para acá –se asegura pero no nos consta- todos gastaron más de lo que ingresaba.

** Cuando se toman préstamos del exterior y se destinan a infraestructura (caminos, puertos, usinas eléctricas, modernización, transportes…) el país tiene más posibilidad de crecer para devolverlos. Si es para ayudarles a los pobres a seguir siendo pobres, como sucede ahora, la deuda se irá acumulando sin remedio, sobre todo si un gobierno gasta más de lo que ingresa, durante mucho tiempo. Además el Estado debería dejar de ser una caja política.

** En las generaciones anteriores, abuelos y bisabuelos, el que no trabajaba no comía; en consecuencia, algún laburo siempre conseguían. En la necesidad aparece la oportunidad. Hoy tenemos miles de desocupados organizados en asociaciones que llevan pilas de años sin buscarlo, y cuatro millones de hogares que pagan la tarifa social de energía eléctrica (dato oficial) pero son los mismos que nutren las protestas en Buenos Aires para que las tarifas bajen. Es curioso, pero se sacrifican en los piquetes por los que pagamos tarifa llena.

Y pegue Tato, pegue…            

** Como el otro gran tema de la semana es el valor del dólar, cuyas pizarras han encontrado un lugar permanente en el hora a hora de las pantallas de la televisión, cerramos con un monólogo de Tato Bores en 1962. No va al fondo de la cuestión, pero nos divierte con sus aspectos de superficie:

** “Cuando digo que estamos viviendo un gran momento de expansión monetaria, sé lo que estoy diciendo. Fíjense que nosotros en vez de pagar el dólar 30, 40, 50, 70, 80 o 90 mangos, lo estamos pagando a 135. Y si nos mojan la oreja, lo vamos a pagar a 200 porque somos tipos ricos.

Todos compramos. Todos juntamos. Y el día que tengamos muchos dólares podemos pegar un golpe fantástico. Yo le voy a explicar: resulta que el dólar es la moneda norteamericana. El día que tengamos todos los dólares del mundo iremos a Estados Unidos con la guita de ellos y nos van a tener que entregar el país. Yo no me explico cómo los yankees que son tan vivos no se dan cuenta del peligro que están corriendo con nosotros.

** Yo pienso que todos de golpe nos hemos vuelto financistas por una razón muy especial. Fíjense que antes cuando un tipo tenía un ahorrito ponía un tallercito, abría una fabriquita, compraba un campito para criar gallinas o plantar tomates. Esas cosas que hace la gente en los países pobres…

Y sigue Tato de América         

** …En cambio acá es distinto. Usted va por la calle San Martín, donde están las casas de cambio, y está todo el país parado en frente a las pizarras. Hay obreros, albañiles, peones, sastres, músicos, artistas, de todo. Hay tipos que antes trabajaban como locos y ahora se han vuelvo economistas. Cada uno está parado ahí con un paquetito de dinero y en cuanto se mueve la cotización de la pizarra entran todos en patota. Uno dice ‘deme tres dólares’, otro dice ‘deme cuatro dólares’, otro dice ‘deme ocho dólares’ y salen corriendo. Y van a otra casa de cambio. Y antes de que muevan la pizarra se meten y los venden.

** Y así se pasan todo el día: vendiendo y comprando. Comprando y vendiendo. Y cuando llega la noche entra a la casa molido, deshecho, cae muerto arriba de un sillón, desempaqueta, cuenta la guita, llama a la mujer y dice: “¡Vieja, vieja, vení! Hoy me gané 14 mangos sin hacer nada”.

** Papitas con vermú, gut show y un aplauso para el asador.

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