Predispuesto a la charla, contento y entusiasmado con ganas de hablar de música, de chamamé, chamarrita y composiciones, algo que hace con mucho ímpetu y lo mantiene feliz. Se formó acompañando a su hermano mayor, también músico, cuando actuaba en bailes de campo, un poco en broma y un poco enserio dice que cree que el mismo fue su propio maestro, porque se limitó a formarse casi solo.

Don Leguizamón, con 70 años es un hombre feliz, empezó a componer cuando tenía 30, siempre se preocupó por aprender mirando a otros músicos estando atento a lo que hacían con sus guitarras, instrumento que lo acompaña desde muy chico cuando solamente quería saber qué se sentía estar arriba de un escenario, y ese momento, según relata Omar, llegó cuando tenía 15 años cuando actuó en una escuela de campo, “de muy chico acompañé a mi hermano y lo único que me interesaba era aprender dos o tres tonos mirando a los músicos. Cuando llegaba a mi casa intentaba ponerlos en práctica y de esa manera fui aprendiendo y por eso creo que de alguna manera fui mi propio maestro” comenta.

Sobre el interés de las generaciones actuales por el folklore, entiende que a los chicos no les interesa porque no existen espacios en los que se les enseñe sobre la música del litoral o la música de nuestro folklore, “antes en la escuela teníamos el primer contacto con la música, también escuchaba mucho la radio, estuve ligado al paisaje de las letras de las canciones porque vivía y trabajaba en el campo”, y agrega que lo que más le gusta es escribir.

Omar Argentino Leguizamón tiene algunas de sus letras registradas y una obra con más de setenta temas, producción que se agiganta porque siente que nunca dejará de producir, “escribir es un momento muy especial, por lo general me levanto dos y media o tres de la mañana y comienzo con mi tarea. Antes de acostarme voy atando algunas ideas, después cuando me levanto le voy dando forma, lo mío siempre es chamamé, zamba, tengo algunas chamarritas, milongas,  distintos géneros musicales, pero me considero chamamacero”.

Cuenta que entre los grupos que recuerda se destacaban el de ‘Erramuspe’, ‘Raúl Rossi’, entre otros, “en el caso de Rossi era un gran músico, bandoneonista. Muy parecido a Tránsito Cocomarola, una de las referencias importantes de la historia del chamamé. Me hubiera gustado conocer a Tarragó Ros (padre), pero no se dio nunca. Una vez iba a venir a Victoria con su conjunto pero no pudo hacerlo y fue reemplazado por su hijo Antonio que en esa época era muy chico tendría unos 16 años” relata. En los primeros años cuando arrancó con la composición participó de un concurso en Villaguay y fue segundo, “en aquella oportunidad se presentaron buenos músicos y creo que no me fue tan mal, aunque después me hubiera gustado seguir en ese tipo de certámenes pero después me dedique únicamente a mi trabajo  a mi familia, esto fue un gusto, algo placentero, lo hice durante toda mi vida porque me gusto siempre la música y simplemente eso, creo que no me hubiera ido tan mal si lo hacía con otra seriedad, tacaba en fiestas y peñas de nuestra zona como un entretenimiento, nada más que eso” comenta.

Dice que músicos como Miguel Ángel Ramírez y Marquitos Pereyra, han grabado temas suyos, “tengo temas con música y otros que la música ha estado a cargo de otros músicos, por ejemplo ‘Milonga del pescador’, es un tema mío, grabado por Miguel Ángel Ramírez que se encargó de la música, Marcos (Pereyra) también ha grabado una chamarrita y un chamamé que están registrados, eso significa que se cobra algo como autor por esos temas a partir del momento que el músico lo interpreta y se encarga del trámite de registro. Yo apenas tengo algunos temas porque no ha sido mi actividad principal, pero la gente que se dedica a esto tiene ingresos importantes por esta producción, por ejemplo Antonio (Tarrago Ros), que debe ser uno de los autores que más gana por esta actividad, no solo por lo que él ha grabado sino también por todo lo que han grabado otros músicos de su producción o el mismo Julian Zini de quién grabaron mucho Los de Imaguaré”.

Reconoce que en estos tiempos existen pocos espacios para que se difunda la música del litoral, de todas formas cree que hay difusores que alientan a este género, entiende que autores, músicos y medios de comunicación en general podrían aportar muchísimo par que esta realidad cambie, “nuestros jóvenes tienen que conocer de estas letras, de estos instrumentos, de estas melodías que hablan de nuestra tierra, de nuestra gente y sus paisajes. Hemos perdido las peñas folkloricas porque hay otras alternativas que absorben público masivo, sería bueno que se pueda fomentar desde las escuelas. Hay buenos conjuntos, me gusta mucho lo que hace Monchito Merlo, de los locales Nemopirí, Marcos Pereyra, Franco Giaquinto, Padularrosa Romero y su conjunto; con el que más contacto tengo es con Marcos (Pereyra).

En un momento, busca su carpeta de composiciones y lee ‘El sol entró en mi ventana’ un poema corto y ‘Cultura’, y dice que no existe un día especial para escribir, es algo que surge, hay situaciones que generan algún tipo de sentimiento y de esa forma lo va elaborando “hay veces que escribo muy poco y después al tiempo continúo pero mientras tanto esa letra dio vueltas por mi cabeza hasta que se concluye” afirma con una con voz serena, concentrado en la charla pero muy relajado porque de lo que se está hablando es de lo que tanto quiere, la música, sus letras y sus paisajes cargados de poesías, de esas que según él llenan el alma.

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