Victoria.- Tras varias oleadas sobre las costas de este sueño, este año finalizó la primera cohorte de nivel secundario en islas. La experiencia que intentaremos rescatar se centra en la escuela N° 26 Leandro N. Alem del paraje Charigué (segunda sección). Aquí también hay dos historias, que emocionan y  dejan una gran lección de vida, tanto la de Evelyn Malena Simó, como la de su madre Lorena Paola Enrique.

A través del aporte de la docente de historia Julieta Schenfeld –que mucho tuvo que ver en este recorrido formativo– Paralelo 32 logró acceder al testimonio de estas dos egresadas.

Evelyn tiene 19 años y el entusiasmo de alguien que ha logrado abrazar un horizonte que le permite dar rienda suelta a sus anhelos: “en la escuela Nº 26 empecé con 6 años y llegué hasta el 3º año del Ciclo Básico Común, al 4º año lo rendí libre en Normal, me presenté con mi mamá, rendí durante todo el 2014, viajábamos en colectivo o en lancha cada tres meses”.

La alumna rendía un promedio de dos materias por día, para completar las 4 que comprendía el trimestre. Tras finalizar esta instancia, en 2015 comenzó el proyecto de educación en islas y la joven no lo dudó un instante. “Asistí a una reunión donde estuvieron varios directivos, entre ellos Susana Moutounet, que nos ayudó un montón para avanzar en la concreción del secundario, con el apoyo pedagógico de la escuela Normal”.

La entrevistada cursó 5º y 6º año y así conoció a la ‘profe Juli’, “que nos vino a incentivar, porque había muchos chicos que no querían continuar, pero los convenció a todos y gracias a que armamos un lindo grupo y muy unido, pudimos sobrellevar cualquier adversidad”.

Evelyn valoró también la posibilidad de participar en las Olimpíadas de Historia en la UNL, “estudiábamos todas las tardes con mi compañera y la ‘profe’ en la costa del río, y logramos pasar la primera instancia; en la segunda estudiamos doble turno, incluso hasta nos quedamos a dormir una noche para poder repasar lo mejor posible, pero no pudimos pasar. En medio de la vorágine de esta evaluación, la joven debió atravesar un duro momento personal al saber de la noticia del fallecimiento de su novio. En su relato también menciona cómo la profesora Julieta, a pesar de padecer un cuadro de dolor en su espalda, no hizo caso a las recomendaciones médicas de tomar licencia y continuó apuntalando y conteniendo a este grupo. La influencia más notable se da cuando Evelyn comenta que ha decidido seguir el profesorado de historia “para seguir aprendiendo”.

En un pasaje de su testimonio la joven egresada dice: “hay muchos chicos que quieren algo mejor para su futuro, porque el trabajo que hay acá es para los hombres, trabajo forzoso, y todos los que estuvimos en el aula, incluso mis hermanos menores y tantos otros jóvenes, queremos intentar perseguir nuestras motivaciones”.

Paola es la mamá de Evelyn y reconoce que en este trayecto cumplió una doble función, “por un lado soy su madre y por el otro me tocó ser alumna. ‘Juli’ sabía que yo debía 6º año, donde por condicionamientos de la vida quedé embarazada y no me animé a terminar la secundaria. De igual manera, nunca pensé que pasados los años, la vida me iba a regalar terminarla con mi hija. No puedo más que decir que estoy muy agradecida con la escuela Magnasco y todos los profesores y demás directivos que lo hicieron posible”.

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