Crespo– En nuestra ciudad alrededor de cuarenta adultos asisten a clases en la Escuela Nocturna Nº 97 “La Cautiva” y el Aula Anexo que la institución tiene en funcionamiento todas las tardes en el Centro Comunitario “Dr. Salustiano Minguillón”, en Barrio Azul, para completar su escolaridad primaria. Son adultos de distintas edades, padres y madres de familia, abuelos y bisabuelos, dispuestos a sumar su esfuerzo para reducir la dura estadística de 750 millones de personas en el mundo que necesitan alcanzar las competencias básicas de alfabetización.

Paralelo 32 interrumpió la clase del martes en el Centro Comunitario, donde los alumnos, todos adultos y de distintas edades, estaban concentrados en un apunte que terminaban de redactar en su carpeta sobre el Día Internacional de la Alfabetización. En un espacio amplio, cómodo, con mucha luz natural y la cercanía de su maestra, aprovechan la oportunidad de aprender de otro modo, en un ambiente muy íntimo y con clases durante la tarde, entre las 15:30 y las 18:30, lejos del bullicio y el clásico horario escolar. Los que van a la Escuela 97, asisten a clases en el edificio de la Escuela 54 y entran a las 19:00.

Para Alicia (54) “es una experiencia muy linda venir un ratito para terminar la escuela primaria. Sabía leer y escribir, pero aprendo muchas cosas nuevas y lindas. Me faltaría un año más y termino, hace cuatro años que vengo”.  Su felicidad son los nietos, sus hijos grandes. “Vivo sola, así que ahora voy a terminar la primaria, después veré”- agrega.

El más joven del grupo es Joel (22). “Vengo hace rato, pero a mitad de año dejo por el trabajo. Ahora pude volver”- cuenta sobre las obligaciones y la necesidad de terminar la primaria-. Iba al nocturno pero este año decidió pasarse al Aula Anexo. “Este horario es más accesible”- afirma.  Además participa de una capacitación de Pro Huerta del INTA  en el edificio Nido. “Ahora vamos hacer un trabajo en el parque Los Paraísos y La Agrícola nos va a comprar lo que producimos”- comenta.

Su interés contagió al grupo que inició una huerta en el Centro Comunitario. “Plantamos lechuga, morrón, acelga, albahaca morada y calabaza”- cuenta Juana Gómez,  la docente a cargo.

María (23), mamá de Jazmín, que juega mientras ella aprende, tiene tercer grado de escolaridad y ahora decidió completar la primaria.

La mayor del grupo es Alicia  A. (67), quien asiste para saldar una deuda consigo misma. “No había terminado la primaria y una vez vi en Paralelo 32 que estaba esto, me decidí. Empecé con el primer grupo en el Centro de Jubilados y sigo acá. Voy despacito. Cuesta todo, porque uno es grande”- sostiene.

– ¿Qué la llevó a hacer la escuela primaria a esta altura de su vida cuando otro diría, ya está, para qué más?

– Siempre tuve en mente terminar la primaria pero mientras crié a mis hijas no pude, tampoco quería ir a la noche. Y no existía esta oportunidad.

Su vida transcurrió en el campo, en Ibicuy, donde hizo solamente primer grado. “Había que cruzar el río y el campo para ir a la escuela, cuando murió mi mamá dejé. Fue una lástima, si yo tuviera una hija hoy que haría esto no me gustaría – se lamenta-. Después nos vinimos a vivir acá para que las chicas terminaran la secundaria, sino tenían que ir a Gualeguay. Nunca pensé que iba a tener la oportunidad”. Además tiene su emprendimiento gastronómico que consolidó a través del Banco Popular de la Buena Fe.

Erna (59) había terminado 4º grado en Aldea San Miguel, en la escuela de Campo García. Tenía ganas de terminar la primaria y enterada de esta oportunidad decidió aprovecharla. “Yo iba a la nocturna pero a mitad de año siempre abandonaba por problemas de salud y no alcanzaba a terminar. Acá tienen un horario muy lindo”- dice.

“Mis hijos están casados–cuenta- una tiene 41 y el otro 37 y qué voy hacer yo sola, encerrada, y el saber no ocupa lugar. Soy abuela y bisabuela de cinco nenas, puras chancletas”.

A mitad de clases se suma Sebastián (33) con segundo grado aprobado. Iba bastante adelantado, pero por asuntos de trabajo no me daban los tiempos, decidí  terminar ahora porque si o si me lo piden, me dijeron que si puedo terminar es mejor. También se me complica a la noche porque me levanto muy temprano, pero a la tarde se facilita, puedo venir y cumplir para poder terminar lo que me queda”- sostiene.

Lo motiva la exigencia de que “hoy en día en todos los trabajos te piden estudios”.

Las historias son muy similares. La directora, Alejandra Ruhl interviene “en la escuela nocturna muchos han dejado en las vacaciones de invierno, es muy común cuando hace frio que los alumnos se pierdan, algunos vuelven recién en esta temporada, antes de culminar el ciclo lectivo o al año siguiente y nuevamente hacen lo mismo, comienzan, dos o tres meses y vuelven a dejar”.  Aclara que la modalidad de su escuela es diferente a la primaria común. “Trabajamos con módulos, recién les completamos la libreta cuando tienen alcanzado el módulo, mientras tanto se van haciendo informes. Lo que tiene también nuestra modalidad es que los alumnos pueden quizás en un año alcanzar los dos módulos y un grado y pasar a otro a mitad de año”.

En cuanto al Aula Anexo, señala que “este año decidimos asignar dos horas de música y queremos traer al profe de taller de formación en carpintería, pero todavía estamos gestionando las horas con la coordinadora”.

Matías García, el profesor de música cuenta sobre la experiencia y la agradable tarea que le toca: “Vemos folclore, música, danza, trabajamos la parte artística, ritmo, percusión y hasta participamos en un certamen con una canción propia hecha por los alumnos”.

Los alumnos alientan a que nadie que esté en su situación se quede, que se animen y aprovechen un tiempo libre para venir, aprender y terminar la primaria. “Es muy lindo venir acá, llevarte bien con los compañeros y con las seños, tener buena onda y creo que a eso después también lo transmitís a tu familia”- opina Alicia.

El esfuerzo de cada uno tiene momentos de aprendizaje distendido y de alegrías compartidas, como un anhelado viaje a Temaikén, la semana próxima, para lo que vendieron rifas y juntaron fondos.

Nunca es tarde para aprender, ni hay edad para ello, es tal vez la frase que resume la historia de todos y cada uno de ellos.

 

(Por Nora de Sosa)

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