Victoria.- Desde la semana pasada los ciudadanos vienen demostrando su devoción por la Virgen de Aránzazu. Las misas realizadas en el marco de la novena y la fiesta patronal llevada adelante ayer fueron un éxito y contaron con la participación de niños, jóvenes y adultos. La Parroquia se ha visto desbordada en más de una ocasión ya que los fieles la llenaron de vida y cánticos.

No es fortuita, sin embargo, esta situación. Desde sus inicios el rumbo de Victoria ha estado marcado por la religión y lo que los primeros habitantes de la ciudad denominaron como la necesidad de un “pasto espiritual”. Si se quiere comprender la actualidad de un mejor modo, es preciso una retrospección a los orígenes. Para esto, Paralelo 32 consultó a la profesora de historia Ana María Balbi.

“En el caso particular de Victoria, la religión tuvo relevancia desde el principio. Recordemos que lo que se denominaba por aquella época como el pueblo de La Matanza, empieza a ordenarse y crecer alrededor del oratorio una vez que éste ya ha sido bendecido el 13 de mayo de 1810”, comienza Balbi. Asimismo, agrega que con respecto al oratorio “fue el resultado de la petición y el trabajo de los lugareños”.

Sobre la advocación

La profesora cuenta que fueron los mismos lugareños quienes pidieron que la advocación sea Nuestra Señora de Aránzazu. “Nuestra Señora de Aránzazu no fue casual, se trata de una advocación que no es nacional y que la trajeron los vascos consigo en su corazón. Fueron ellos los que la propusieron y las autoridades religiosas de la época accedieron a esa solicitud”, cuenta.

Así las cosas, la docente resalta que a partir de ese entonces la fiesta patronal y las festividades religiosas han sido momentos muy fuertes para la vida de la población. “No se trata de solamente un momento de encuentro con Dios o la posibilidad de asistir a misa y comulgar, sino que también es un momento fraternal de reunión para compartir”, señala.

En relación con el avance histórico desde el primer oratorio, Balbi narra: “Si bien ese primer oratorio sirvió como centro religioso durante muchísimas décadas, luego hubo intentos de construir otros, debido al crecimiento demográfico y la necesidad espacial. Hubo distintas comisiones y planes para la construcción del templo, pero por distintos motivos se dilató hasta que lograron cumplir su anhelo en 1875, que es cuando se bendijo el templo que tenemos ahora y que es una verdadera joya arquitectónica, incluidas sus pinturas en el interior”.

La abadía y la vida religiosa

Llegados a este punto, la profesora se detiene en la fundación de la abadía como hecho trascendental a tener en cuenta en la vida religiosa local. “Otro hito importante respecto a la religiosidad y lo que ha significado la religión en la ciudad, tiene que ver con la fundación de la abadía en 1899. Los sacerdotes benedictinos se hicieron cargo de la atención pastoral del departamento Victoria, porque eran ellos los curas párrocos de Nuestra Señora de Aránzazu”, dice. Luego, especifica: “Todos los curas párrocos a lo largo de los años tuvieron una preocupación y una ocupación muy importante respecto al culto de Nuestra Señora de Aránzazu, fue una constante el tema de cómo organizar las fiestas patronales. En líneas generales podemos ver que hubo una continuidad y un fortalecimiento de esa devoción”.

—¿Qué importancia ha tenido en materia de educación religiosa la fundación de la abadía?

—Hubo un cambio importante y un aporte muy significativo en ese sentido. Al haber continuidad de sacerdotes y monjes dispuestos a la tarea, existió un cambio cualitativo de atención pastoral. Hasta ese momento había curas párrocos y curas ayudantes, pero su número no tenía relación con las necesidades espirituales. A partir de la fundación de la abadía se tuvo un conjunto permanente de curas párrocos y curas tenientes que recorrieron el campo, las islas y la ciudad. Estos promovieron la fundación de nuevas capillas, impulsaron el establecimiento de asociaciones católicas, promovieron devociones al Sagrado Corazón, los santos patronos y las advocaciones de las vírgenes de cada lugar. Todo esto acercó a las personas a los centros religiosos y fue muy importante, porque no estamos hablando de individualidades, sino de un trabajo en equipo con sus particularidades e improntas personales y pastorales.

Actualidad

El mencionado recorrido nos trae al presente. Una actualidad donde personas de todas las edades celebraron misa y festejaron la devoción por Nuestra Señora de Aránzazu. A este respecto, Ana María Balbi analiza que ese “pasto espiritual” del que hablaban los primeros pobladores, sigue siendo necesario hoy en día. “Más allá de que han pasado muchos años desde aquel lejano 1810, la necesidad espiritual y la experiencia fraternal del amor sigue vigente”, refiere. Al mismo tiempo, continúa: “Si lo relaciono con la historia, acá se ha trabajado mucho para lograr todo esto. Han sido muchas décadas de trabajo y siembra”. Agrega, además, que la historia primigenia de la advocación habla de un período muy duro para el pueblo vasco, donde había sequías y guerras, ante este panorama había aparecido la imagen de Nuestra Señora de Aránzazu como símbolo de paz, unidad y amor.

El tiempo que ha transcurrido ha fortalecido la devoción por la advocación que aquellos vascos que poblaron la ciudad eligieron para comenzar el camino espiritual de la comunidad. Y Ana María Balbi nos ayudó a comprender por qué y cómo se gestó aquello que esta semana se tradujo en un templo lleno de fieles, unidos fraternalmente como en los inicios de Victoria.

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