Ignacio Montoya Carlotto: “No milito en nada”

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Ignacio Montoya Carlotto, el nieto recuperado de Estela de Carlotto, la presidente de Abuelas de Plaza de Mayo, asegura que la identidad es algo que ‘se construye’ y no a partir de conocer quiénes fueron sus padres biológicos. “Es importante saberlo, revoluciona tu vida, pero me hubiera gustado que se diera de otra manera. No es fácil a los 36 años asimilar algo así”.

Ignacio vive en Olavarría, ese lugar donde el Indio Solari brindó el que para muchos fue su último recital. Allí en Loma Negra, un poblado al lado de la cementera en el que conviven unos 4.000 habitantes, intenta continuar con su vida junto a su mujer e hijo, sin sobresaltos ni tantos flashes, tratando de conservar algo de su intimidad.

— La idea es, sin caer en lugares comunes, conocer algo de tu música y tu revolucionada vida.

— “El gestor de la movida fue Laureano (Bruno), quien me explicó de esta apuesta por preservar un piano Steinway, y me pareció una hermosa oportunidad. Justamente el año pasado hice una gira a piano solo por Estados Unidos (Houston, San Antonio, Washington, Nueva York) y Europa (España, Bruselas, Roma y París), quizás por ello habrá pensado que tenía alguna oportunidad y se arriesgó”, bromea Ignacio en este contacto telefónico que mantuvimos a comienzos de semana tras un ensayo.

En agosto de 2014, Ignacio supo que su apellido paterno no era Hurban, y que aquella familia de peones rurales que lo crió desde 1978 en La Pampa, representaba un capítulo sin descubrir en su historia, ya que sus progenitores eran Laura Carlotto y Walmir ‘Puño’ Montoya. “Fue un momento de inflexión en mi vida, y se llevó puesto todo. Fue un tanto trágico cómo se dio… a mí ya me quedó lejísimo y forma parte de algo que pasó hace mucho. Ahora vienen otras cosas, y tienen que ver con la continuidad de la vida, y en alguna medida es medio pesado para mí estar volviendo a eso todo el tiempo”.

Nuestro interlocutor reconoce que ‘no ha quedado en el olvido’, “sobre todo esos meses que fueron muy intensos, con cosas que estuvieron buenísimas en lo familiar, y otras francamente desagradables, como el transformarme en noticia. Y a partir de allí todo lo que significa un persona pública, con lo difícil que resulta serlo”.

Y añadió que esta noticia de ser el nieto recuperado 114 debió haberse manejado con más intimidad, “y con esto vienen toda una serie de revoluciones internas que me pusieron en otro lugar de la vida”.

— ¿Qué le pasa a un chico que vive en un pueblo, lejos de la gran ciudad, que se siente atraído por la música, pero sabe que tendrá que trabajar para conseguir su objetivo?

— “Primero tiene que tener suerte, y he repasado mucho ese momento de niño cuando escuché música en vivo por primera vez a los 9 años. No sé si por una vocación que estaba oculta o el impacto de algo desconocido, pero pienso que todo depende del apoyo familiar, y que mis viejos pusieran las fichas ahí, aún sin entender de qué se trataba porque eran peones rurales”.

Tras varias de las notas que consultamos previo a hablar telefónicamente con Ignacio, cuesta escribir la palabra ‘apropiadores’, para definir al matrimonio que lo crió y cultivó esa veta artística que hoy busca consolidar.

Sin embargo no hay dudas para el Juez Federal Marcelo Martínez de Giorgi, que los procesó a fines de marzo del año pasado por Falsedad Ideológica, y Alteración del estado civil de un menor; junto al médico Julio Sacher, que firmó el acta de nacimiento apócrifa que permitió el robo de identidad.

“Con el paso de los años fui estudiante y después docente universitario, gracias a que ellos destinaron todo lo que tenían para que estudiara y me especializara en lo que quería, y allí está gran parte de su mérito”, continuó.

— ¿Cuándo pudiste empezar a vivir de la música?

— Te puedo decir que hará unos diez años que estoy viviendo de la música en sus variantes: doy clases, hago discos, grabo para uno u otro, doy conciertos; pero es muy difícil. Y todo ello es como una prueba a la vocación, como me imagino será ser periodista en Victoria.

— Cómo transcurren tus días hoy, ¿estás en pareja?

— “Sí, estoy ‘casado sin papeles’ (risas), estamos concubiñando y tenemos una hija de dos años con la que vamos a ir a Victoria. Por lo demás, vivo en Olavarría como lo hice siempre, y el año pasado volví a dar clases en el conservatorio ya que me había tomado una licencia; y de acá para todos lados, es agarrar el auto y salir, lo bueno es que desde acá todo me queda lejos pero disfruto de viajar y pasar tiempo con los míos. Si algo cambió es que hoy llego a lugares que antes no lo hacía”.

— Y en Olavarría ¿Quién es Ignacio?

— “Somos cuatro mil habitantes, es un barrio, no pasa nada porque me ven siempre”.

— Pero, ¿cómo pegó la noticia de que eras el nieto de Estela Carlotto?

— “Y… pegó fuerte; si bien era un tanto conocido como director de una escuela de música con más de 400 alumnos y presencia en la ciudad, trabajar en el conservatorio, o por algunos premios a la ‘labor cultural’ que recibí. Además, venía grabando discos, haciendo conciertos, salía en el diario, era alguien a quien más o menos me ubicaban. Sin embargo, de andar tranquilo pasé a un aluvión de periodistas que me interpelaban, y duró bastante eso”.

— Y con tu abuela, ¿cómo se dio el acercamiento?

— “No sé si quise saber tanto, no tuve mucho tiempo de preguntar porque me contaron todo. Es como cualquier familia que no se frecuenta, hay algunos con los que tenés una relación rápida y buena, y con otros por ahí no. Imaginate que nos encontramos dos personas formadas porque me agarró más cerca de los 40 que de los 30 (tenía 36 años cuando supo su identidad biológica), y bueno… hay que tomárselo con tranquilidad porque de otra manera te volvés un poco loco. ¡No es una historia con final feliz! está más o menos bueno lo que pasa ahora, pero es el saldo de una tragedia enorme, y esa tragedia descansa sobre mis hombros”.

Más adelante agrega: “o te metés en esa euforia de sí…está todo bien; o te bajoneás. Entonces –insistió– hay que tomárselo con tranquilidad. Entendiendo que tenés que respetar tus tiempos, que no son los de los demás.

Tengo muy buena relación con la familia, y con mi abuela también, pero dista mucho de ser lo que se piensa. Nos vemos poco, y cuando lo hacemos está todo bárbaro. Es complejo, porque arrancamos muy tarde”.

— ¿Hay momentos donde lo que te pasó como nieto recuperado te supera y se mete en el saco del músico?

— “Lo difícil de esta historia es cómo se trató, y la brutalidad con la que se me comunicó también. Además de un montón de otras cosas que vinieron: porque te conocés con una nueva familia, con la que tampoco tenés la obligación de relacionarte; simplemente se cumple el derecho de que vos los conozcas y está buenísimo. El tema es todo lo demás, desde lo público, la intensidad con la que se manejó; la politización de la noticia, porque esto no se puede negar. Las abuelas tienen una posición muy tomada, y a mí se me asocia con esa posición, como si yo no tuviera pensamiento independiente. Nadie me preguntó y un gran número de personas piensa que estoy en ese espacio. Y la casi obligación que hay de participar… y yo la verdad me retiré de ahí y me dediqué a tocar el piano, que es lo que vengo haciendo, y que es donde siento que puedo aportar. No milito en ningún partido, ni tampoco en ninguna asociación de derechos humanos, colaboro si es necesario porque me parece que es altamente válido y es una causa en la que creo, pero no más que eso”, dijo Ignacio a Paralelo 32.

Sobre el final Ignacio dijo que hay todo un proceso legal en medio, donde intenta evitar que se enfrente a sus padres adoptivos con Abuelas, “porque tampoco tiene sentido. Yo a veces dudo si esto que me sucedió a mí tiene que ver con la ‘identidad’ como un todo, porque la identidad es lo que se construye, incluso la relación padre- hijo, y en un momento cuando se habla de mi caso, parecería que la identidad llegara cuando uno se entera quién es su familia biológica, y es casi un slogan, como si hasta allí no supieras quien sos, ¿¡cuántas personas en el mundo tienen claro quiénes son y no saben quiénes son sus padres biológicos!?; saberlo es mejor…mucho mejor. Pero después hay que ver qué se hace con eso, cómo se lo integra al recorrido”.

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