Ningún sistema productivo no sustentable en el largo plazo puede ser económicamente rentable

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Los valles entrerrianos de inundación en la cuenca inferior de los ríos Paraná y Uruguay, alrededor de 1,2 millones de hectáreas de las cuales 1,15 millones son islas, forman un mosaico de ambientes modelados por los pulsos de inundación de los ríos como factor principal. A esta condición se suman los incendios de los pajonales durante las sequías, y el sobre pastoreo originado por rumiantes ajenos al hábitat como los vacunos introducidos por el hombre. El área constituye un sistema de humedales, cuya superficie mayoritaria se halla inundada de forma permanente o temporalmente por largos períodos del tiempo. Al tratarse de ecosistemas muy frágiles, se encuentran amenazados por la continua modificación e intervención a que están sometidos en la actualidad por la actividad antrópica (humana).

El relieve del área está modelado por los recurrentes picos de precipitación que se producen en la cuenca, desbordando los cauces de los ríos y arrastrando materiales que se depositan aguas abajo. Los sitios de acumulación de sedimentos son los bordes o albardones de las islas, donde predominan especies arbóreas y arbustos que ocupan menos del 5% del área.

La porción central, temporal o continuamente inundada, representa alrededor del 80% de la superficie con predominio de pastizales y pajonales de gramíneas y ciperáceas en zonas más altas, e hidrófilas y acuáticas en las áreas con agua permanente. Los censos de riqueza florística han permitido identificar alrededor de 700 especies, con predominancia de gramíneas y compuestas.

La región brinda un servicio ambiental importante actuando como pulmón para disminuir el riesgo de las inundaciones regionales. Por lo tanto, se enfrenta la dicotomía de mejorar la calidad de vida de los habitantes para que alcancen un desarrollo humano digno, pero cuidando al mismo tiempo, de no afectar en forma irreversible este ecosistema altamente vulnerable. Como dato preocupante debe mencionarse que entre uno y dos tercios de los humedales del mundo han sido secados para ponerlos en producción, impidiendo las inundaciones recurrentes que son parte del funcionamiento del ecosistema. En el contexto nacional, el avance agrícola ocurrido en las últimas décadas en la región pampeana ha traído un desplazamiento de las actividades ganaderas a zonas ecológicamente menos beneficiadas dentro y fuera de la región.

Una de estas “nuevas” áreas ganaderas es el Delta, cuyo uso no ha estado acompañado en la mayoría de los casos por un manejo adecuado del agua, lo que provoca recurrentemente un incremento excesivo en la carga animal cuya magnitud depende de la disminución de superficie según la severidad de las inundaciones. Este panorama es consecuencia de la ausencia de los conocimientos biológicos necesarios para impedir el sobre pastoreo de los recursos, sumada a la alteración que han sufrido los cursos de agua por la construcción de terraplenes de caminos (alrededor de 900 km) y diques.

Los endicamientos orientados a evitar el efecto negativo de las inundaciones sobre la producción pastoril y forestal, está invalidando el precepto básico del humedal como son las inundaciones recurrentes. El principal efecto negativo se ha producido en las áreas inundables. Otra medida de manejo aplicada rutinariamente con el objetivo de obtener rebrotes de mayor calidad de forraje, es la quema inducida del pastizal. Sin embargo, su aplicación está conceptualmente contraindicada en términos de la persistencia productiva del recurso.

La actividad ganadera predominante es el engorde estacional de bovinos, el cual consiste en ingresar los animales en los momentos libres de inundaciones, retirándolos o llevándolos a zonas más altas (cuando es posible) ante la llegada de las crecientes. El protocolo de evacuación de hacienda ha sido mejorado a partir de las grandes pérdidas de animales que ocasionó la creciente extraordinaria de 2007. Esta forma de producción origina un retorno económico poco estable, y con poco control sobre las condiciones de manejo que se traducen en sobrepastoreo y pérdida de especies forrajeras de importancia. Sin embargo, esta situación es menos crítica para el funcionamiento del humedal que la construcción de grandes terraplenes para impedir el ingreso del agua con el objetivo de que los animales permanezcan todo el año en el terreno.

Dado que la ganadería representa alrededor del 70% del valor económico de los distintos rubros en el área y alrededor del 15% de la producción bovina de Entre Ríos, resulta claro que la actividad continuará llevándose a cabo. La tarea es buscar las herramientas de manejo que permitan su viabilidad económica, y simultáneamente, preservar las ventajas ambientales que presenta el Delta.

Entre las fortalezas principales que cuenta la región para la ganadería pueden citarse la disponibilidad de agua y alimentos (pastizales) de calidad, la posibilidad de desarrollar sistemas orgánicos (baja contaminación del ambiente) y la cercanía a grandes centros poblados. Sin embargo, también deben mencionarse aspectos negativos, que disminuyen las expectativas favorables para el asentamiento humano. Entre las limitantes debe considerarse el manejo inadecuado del agua con el consiguiente deterioro por inundaciones de la escasa infraestructura existente, como la falta de una red de comercialización facilitada. Tampoco existe un plan de protección ambiental, el cual es complicado de implementar al tratarse de una superficie donde predomina la propiedad privada.

El principal aporte que puede hacer el INTA en este territorio, se apoya en la generación de herramientas tecnológicas que ayuden a los habitantes del Delta a producir, y a la vez proteger el ambiente en el que habitan actualmente, pero con proyección al futuro. En tal sentido, sin analizar las causas, surge claramente que la información disponible es escasa si se la compara con la región circundante. Como idea marco inicial debe enfatizarse que el recurso suelo no es apto para ganadería intensiva, y menos aún para agricultura, de forma sustentable. Como hecho positivo no generado conscientemente, las inundaciones de gran magnitud que destruyen diques y vuelven el recorrido del agua a su cauce natural “revierten” los efectos negativos provocados por la actividad humana descontrolada. Si bien sería ideal recuperar la cobertura vegetal del pastizal original, ese proceso podría llevar demasiados años medido en el tiempo de vida de los lugareños. Por lo tanto, debería buscarse una alternativa de compromiso entre recuperar los sitios más degradados y alcanzar una producción rentable en un tiempo corto. La propuesta podría incluir la intersiembra de especies forrajeras como lotus tenuis y raigrás anual adaptadas a ambientes similares al Delta, sumada a la siembra de pasturas perennes en lugares más altos.

Siempre debe tenerse en cuenta que la ganadería se debe realizar con una carga que evite el sobre pastoreo del pastizal y sin endicamientos que impidan la característica fundante de este hábitat, como es la circulación natural del agua.

 

Los autores agradecen toda sugerencia o comentario crítico relacionado al desarrollo de una zona que ha sufrido grandes alteraciones en los últimos años.

Fuente:

Lic. Marta Iselli
Equipo comunicaciones Proyecto Delta:
Cristian Barreto; Mariana Cabezas; Marta Iselli

1 Comentario

  1. Hay que seguir con estos estudios, para revalorizar dicho ecosistema. Es un aporte de suma importancia a los efectos de generar un ordenamiento territorial y un direccionamiento en materia productiva, como también la injerencia que tenga cualquier acción del hombre.
    Actividades a considerar serían la forestal, apícola, y la ictícola.

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