** Ha comenzado la gran ficción, el tiempo se detiene en el horizonte y Rusia es las tablas y el telón. En nuestro país la rotación del planeta tardó tres días más en llegar al punto para encender recién hoy (sábado 16) el milagro del “efecto Patria”, un limbo donde todos -aun los que se detestan-, unen sus miradas sobre una pelota de fútbol, enamorados, como aquellas parejas que hallándose muy distantes uno del otro acuerdan dirigir sus ojos hacia la luna a una misma hora, para abrazarse en ese punto luminoso del universo.

** Comienza ese espectáculo de pretendida igualdad, donde en la cancha son 11 contra 11, todos vestidos iguales como en el jardín, porque en el césped “naide es más que naide”, salvo detalles menores que se dan porque algunos iguales cobran cientos de millones de dólares y otros iguales siete u ocho millones de pesos devaluados.

** Los mundiales del fútbol tienen de bueno que el pueblo todo les arrebata de las manos la bandera de iluminados patriotas a los que se han apropiado retóricamente de ella. En tiempos no mundialistas, no hay otro modo de llamarse patriota que uniéndose a ellos, ni mejor modo de convertirse en anti patria que opinando diferente aún sobre cuestiones triviales. Pero en este junio, señoras y señores, la Patria vuelve a ser de todos los que somos capaces de gritar un gol hasta dejar pegadas nuestras amígdalas en la pantalla del televisor.

La llama votiva y la emotiva    

** En el Propileo moscovita se encendió el jueves la llama votiva y por extensión la llama emotiva de nosotros los argentinos. Y la Patria también, transformada en un algo emocional que no podemos comprender y nos otorga la libertad de llamar antipatria al argentino que se va a trabajar al exterior donde se siente más valorado, e ídolo al futbolista que cumple su máximo sueño de irse a jugar y cobrar en algún club europeo o asiático.

** Se aviva la llama patriótica porque todo el arco político de extremo a extremo gritará a coro los goles de la Selección, si los hubiera –Santa Juana de Arco no permita lo contrario- y saltarán de emoción sin temor de caer dentro de la grieta en algún mal giro. Porque la grieta absurda estará sellada mientras dure la estadía de la Selección Nacional en Moscú. Messi debe traernos la World Cup. Es su obligación curarnos aunque más no sea por cuatro días locos los rencores y dolores que no sabemos resolver por nosotros mismos.

Mundial: Una riña de patrias             

** Pero dejemos que a esto lo explique a su brillante modo el escritor y maestro de periodistas Martín Caparrós, con 30 libros en su haber:

** “Llámase Efecto Patria a esa rara conducta por la cual personas que no tienen ningún otro acuerdo entre sí –que se detestan, por ejemplo– coinciden en la celebración de una supuesta gesta nacional. El fútbol lo favorece especialmente. De hecho, se dice que el término fue acuñado por un joven escritor argentino cuando se dio cuenta de que estaba gritando el mismo gol que el entonces general Videla o el entonces capitán Astiz, símbolos de la dictadura, o el entonces presidente Menem, entre otras musarañas, y le dio como un asco.

** “El efecto es potente en los Mundiales. De pronto, por un mes, la emoción de la Patria se vuelve protagonista de todas las charlitas, todas las esperas y pasa a ser el mejor argumento para vender cervezas, coches, televisores, papafritas, cuentas en los bancos. La Patria, tan difusa, se concreta: sus colores y sus jugadores, sus horarios, sus metas. Es la esperanza del triunfo, algún triunfo. La Patria se defiende a las patadas, se juega a la pelota.

** “Son días de cuento: la máquina de producir ficciones se alía con la mayor ficción para darnos unos días de irrealidad casi perfecta, de placer, de emociones, que la vida real no suele proveernos. Las dos grandes ficciones se potencian y producen una tan potente: un Mundial de fútbol, una riña de patrias que suspende el tiempo por un mes.

** “Y otras ficciones o naciones lo aprovechan: Rusia y su Putin, por ejemplo, intentarán sumarse al producir la apariencia de un país amable y armónico —si se pudo hacer un Mundial en la Argentina de 1978 se puede hacer cualquiera—. Habrá que disfrutarlo o, incluso, creérselo durante un par de horas, y gritar y sufrir y disfrutar y gritar otra vez, decir nosotros cuando deberíamos decir ellos, hacernos uno con los otros: patriotear, que a veces nos excita tanto”. (Gracias Caparros)

Que no se manque la Patria    

** En este mundo de novedades técnicas y antigüedades políticas, faltan ideas para evitar, por ejemplo, que el soberbio Donald Trump y el belicoso dictador norcoreano Kim Jong-un tengan que tomarse estas molestias de reunirse para acordar un cese de hostilidades verbales como las que casi nos llevaron a una conflagración mundial. Ambos habían acercado al mundo a su medianoche. Fue por esos días cuando los argentinos seguíamos discutiendo sobre el precio de la lechuga, que el Consejo de Seguridad de la ONU adelantó el reloj del fin del mundo a 2,5 minutos (Estuvo en 3’ hasta entonces)

** En un mundo donde el célebre teléfono rojo de Washington fue sustituido por Twitter, el ancestral juego de las guerras sangrientas bien podría ser reemplazado por algo más virtual, o mejor todavía, deportivo. ¿Hay bronca entre dos países porque alguien tiró una colilla de cigarrillo del otro lado de la frontera?, se define sobre el verde césped de un estadio, y si hiciera falta, por penales.

** El pueblo lo pide, y si no que lo digan los hechos: apenas ayer estábamos en un estado de beligerancia interna con marchas, pañuelos verdes y contraverdes, agresiones, amenazas, odios y rencores, por suponer que la Ley de Despenalización del Aborto era lo nuevo que nos dividía irreconciliablemente para no perder la costumbre. Pero el gallo no alcanzó a cantar tres veces que el eje de la preocupación nacional cambió de tal suerte que la única tragedia posible de conmover a los argentinos sería que se mancara Messi.

Belgrano y el calefón                

** El mundo alcanzaría el sueño de paz si la ONU (Naciones Unidas) lograra dos cosas; primero que las naciones supuestamente unidas les den bola a los dictados de su propia organización. Segundo, que una resolución urbi et orbi de su Asamblea General disponga que en adelante los únicos conflictos neobélicos que se permitirán seran los deportivos. A condición, claro, de que no sea la ONU quien designe los árbitros.

** En el mostrador hay de todo, Efecto Patria, patrioterismo, patriotismo emocional efímero, y el respeto reverencial a la Bandera de Manuel Belgrano, que debería unirnos en la misma voluntad de construir una Patria Grande y unida. La utopía de Belgrano aún sigue siendo utópica.

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