Victoria.- Un 19 de mayo de 1999 reclusos de la Unidad Penal N° 5 de nuestra ciudad se amotinaron con el objetivo –luego confesado- de fugarse, tomaron de rehenes a tres funcionarios del Servicio Penitenciario, uno de ellos era el Alf. Cesar Augusto Mondragón. A 18 años de ese trágico episodio dio su versión de lo que pasó durante el motín. Con voz temblorosa en algunos tramos y con mucho  énfasis en otros, describió el martirio que soportó una  noche que cambió para siempre  su vida.

No fue el único que lo pasó mal en medio de hombres sin nada que perder, que habían perdido el control de sus actos, pero es el que está dispuesto a hablar del suceso. En partes no es coincidente con otras versiones pero ésta es la suya hoy, y queríamos conocerla.

“A las 0 horas de 19 de mayo de 1999, el celador Aníbal Calderón realizo el procedimiento de rutina esperando que los internos ingresen a las celdas para accionar el cerrojo de la parte externa. Se había cerrado el pabellón 2 y 3 y al llegar al 1°, alrededor de 34 internos estaban ingresando. Cuando llegó a la celda N° 3, cinco internos lo toman de rehén”, así comenzó la noche trágica según Mondagón.

En ese momento los amotinados le exigían que ingresara el sector, en lugar de hacerlo comenzó a dialogar con los internos y trató de persuadirlos para que depusieran su actitud, pero no hubo respuestas y el clima comenzó a caldearse. Como Calderón no pudo cerrar todas las celdas, alrededor de 8 quedaron liberadas y pudieron salir más reclusos de su interior. “Yo me ofrecí para llamar a las autoridades y hasta el mismo gobernador para que les diera garantías y  escuchara las quejas o demandas que planteaban. Ellos seguían insistiendo que ingresara al pabellón”. Algo que hasta el momento no hizo.

Siguieron las negociaciones y finalmente entró con la condición de que liberen al rehén, esto no ocurrió y quedaron los dos retenidos, mas el suboficial “Tito” Gil.  A todos los encerraron en una celda. Cuando se produjo este episodio había otro oficial en ese espacio, -según el entrevistado esas son cosas que no se sabían y ahora salen a la luz- porque quedó una puerta abierta que les permitió llegar a otros sectores del penal. Aseguró que todo lo que relata fue lo que declaró a la justicia.

“No había querido hablar antes porque el único que vivió estas cosas fui yo, estuve en el foco del conflicto desde un principio hasta que terminó”. Agregó que ahora lo relata con mayor tranquilidad porque salió la sentencia que no solamente detalla todo lo ocurrido –según Mondagón no dista en nada de lo que relató a Paralelo 32- , condenando a los internos, “a los que se les sumaban condenas anteriores por lo cual no incrementaron demasiado las mismas sino que por el contrario, los culpables tuvieron las mínimas”, señaló. El fallo estableció que hubo  privación de la libertad utilizando la fuerza, daños agravados y lesiones. Otro dato que destacó fue que ningún interno se quejó por mal trato, agresiones o animosidad hacia ellos por parte de Mondragón. “Todos manifestaron que la idea que tenían era fugarse de la Unidad”.

Armas y enfermería

El celador Calderón quedo encerrado en la celda, los internos lo sacaron a Mondragón y lo llevaron a otras dependencias, le quitaron los documentos, la ropa, posteriormente comenzó a recibir agresiones físicas muy violentas. Pasaron a la guardia, posteriormente lo trajeron al suboficial Gil, que fue el que la pasó con menos problemas y le llamó la atención el buen trato que recibió de los internos. A esa altura, explicó, estaba muy golpeado y dolorido.

Reiteró que un oficial de apellido Villaverde dejó abierta la puerta de un pabellón y los amotinados accedieron a todos los sectores del penal. Además solicitaban que les dijeran el lugar donde guardaban las “pastillas”, en clara referencia a los psicofármacos, se dirigieron a la enfermería pero no encontraron los medicamentos y en ese lugar nuevamente Mondragón fue torturado y hasta le pusieron la pistola en la boca. Finalmente tuvo que decirles que los productos que pedían se encontraban en el despacho del Director, lugar hacia donde los condujo. Además en esa oficina se encontraban todas las armas y proyectiles, que fueron tomadas inmediatamente por los reclusos.

La noche fatídica comenzó para Mondragón a las 0 horas y recién a las 6 de la mañana logró escaparse. Gil había podido salir por el garaje, mientras que Calderón seguía encerrado en la celda N° 1. A esta altura el conflicto se fue resolviendo porque no quedaban más rehenes.

Consecuencias

Todo esto le generó en principio daños físicos, lesión grave de cadera con impedimentos motriz, al igual que en el  hombro izquierdo, pero lo más complicados fueron los problemas psicológicos que le produjo el episodio. Mucho tiempo estuvo internado recibiendo tratamiento psiquiátrico y psicológico.

Sector externo

En las esquinas esa noche se apostaron el Jefe Departamental de policía,  efectivos de la fuerza  e integrantes del grupo GEO que vinieron desde la provincia. Vigilaban desde ese sector siguiendo los acontecimientos, se debían resguardar porque los internos atacaron con armas de fuego desde el interior de la Unidad Penal. “Me cuesta entender por qué demoraron tanto en actuar las autoridades. Tenían  conocimiento de que había  rehenes y estábamos sufriendo en el interior”.

Mirando desde otra perspectiva, hoy sostiene que la fuerza policial desde el punto profesional actuó bien, porque no hubo intercambio de disparos. Consideró que si respondía de la misma manera se podría haber generado un caos comprometiendo a personas que no tenían  nada que ver.

En diálogo con Paralelo 32 criticó la actitud del Juez de Instrucción Jorge Brassesco; “tendría que estar preso, es una persona que no honra a la justicia”. Agregó que “si los internos se quejaban porque no tenía frazadas u otro elemento, atendía los reclamos y daba respuestas en forma permanente”, pero “ante una situación de extrema gravedad como fue el amotinamiento, no apareció esa noche. Hubiera podido mediar y no lo hizo”. Agregó que cuando ingresó al penal el magistrado fue a media mañana cuando todo estaba resuelto. A esta altura Mondragón había sido derivado a Paraná porque además tenía conmoción cerebral.

Falta de respuesta

Según el entrevistado hace años que ha sido abandonado por el Estado provincial;  la Dirección General del Servicio Penitenciario nunca dio respuesta a las demandas, han pasado distintas gestiones y solo recibió el silencio, inclusive hace unos días envió una carta al Ministro de Gobierno Mauro Urribari, pero hasta el momento no tuvo contestación. “No se hicieron cargo de mi tratamiento médico, todas las demandas están documentadas. En el 2002 me encadené en la Catedral de Paraná -16 días- durante la gestión del Dr. Montiel, pero sigo esperando”.

Lo pasaron a retiro pero no le reconocieron el grado inmediato superior como establece el reglamento cuando se trata –como en este caso- de un “acto de arrojo en cumplimiento de servicio. Pero nunca fui ascendido”.

Lo  más grave a su criterio fue que en el 2012 pidió por primera vez integrarse al servicio activo, porque de esta manera podría completar los años exigidos para retirarse con una buena remuneración, pero hasta el momento esta petición nunca fue respondida. Actualmente cuenta con 45 años.

“Quiero  que me atienda el Ministro Urribarri para que sepa cómo se debe tratar a un personal uniformado. Lo mismo le digo al Director General de Servicios Penitenciarios, que es mi hermano, que sabe lo que yo pasé. Pero sigo esperando”.

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