Foto: Javier Corbalán

Radicada en Ciudad de México, Martha Ramos tiene 30 años de periodista, de los cuales muchos los pasó en el periódico El Universal. Ahora está al frente de la organización Editorial Mexicana, una de las editoras de diarios más grande de Latinoamérica, dueña de una agencia de noticias, 60 diarios, además de estaciones de radio y sitios de internet en todo el país azteca. Esta particularidad de la organización, le da una perspectiva distinta sobre el país, porque cada región de México, por lo grande que es, tiene una particularidad que la hace más o menos peligrosa.

Martha Ramos fue la encargada de brindar el informe, ante la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la SIP, sobre la situación de su país para el desarrollo de la actividad periodística. México es una nación extremadamente violenta para los trabajadores de la prensa y se ubica en el top 5 de las naciones más peligrosas para ejercer el periodismo, junto con Afganistán, Siria, Irak y Filipinas. En lo que va de 2018 ya son 11 los comunicadores que fueron asesinados y 148 en 18 años.

“Yo creo que lo que compartimos todos los periodistas en general es la falta de apoyo de cualquier institución gubernamental. Seguimos teniendo un alto índice de crímenes de periodistas que no se resuelven o que se resuelven a medias”, contó la mujer.

Los crímenes hacia los periodistas siempre estuvieron relacionados con el narcotráfico, pero Martha Ramos remarcó que la situación se va complicando aún más, ya que las organizaciones criminales encontraron la manera de influenciar en las elecciones.

“Fue un año electoral en el que muchos candidatos y precandidatos fueron asesinados, y lo que uno supone es que esto fue una intervención directa del narcotráfico, en la decisión de quién iba llegar a ser el que gobernara en los estados. Si sumamos ese factor, evidentemente los periodistas que están dando cuenta lo que está pasando tampoco cae muy bien”, narró la profesional.

Ramos relató el último caso de un periodista asesinado que trabajaba para la editorial, más precisamente en El Heraldo de Chiapas. “Era un periodista de 40 años que daba cuenta de lo que sucedía en la sierra de Chiapas, que ni siquiera es conocida por una gran actividad del narcotráfico. Lo que parece ser es que sus denuncias molestaron a un distribuidor de narcomenudeo”, dijo.

La periodista señaló que quien lo mandó a matar se preguntó ante la impunidad existente: “¿Por qué no lo quitamos del camino? Todo parece indicar que es tan fácil hacerlo, que ¿por qué no?”.

Respeto a la situación de los periodistas y si existe miedo para desarrollar la actividad fue contundente. “Yo no sé si lo llamamos autocensura o le llamamos seguro de vida. Autocensura es terrible, si te quedás con temas de investigación porque crees que molestarán a alguien es terrible, pero si hay un protocolo, que yo no sé si está escrito en algún lado, pero que lo conocemos en materia de cobertura de narcotráfico. Los compañeros del norte, de Chihuahua, de Juárez, de Sinaloa, lo saben muy bien, nunca andan solos, nunca andan en la noche. Cuando se escuchan balaceras nos esperamos a que terminen”, finalizó.

 

(El Tribuno)

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